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2.12.07

Yendo más allá del mercado: una nueva propuesta de reformas económicas

“No existe correspondencia entre la versión de economía de mercado que se les
está imponiendo a los países en desarrollo y, por ejemplo, la de Estados
Unidos.” (Stiglitz: 2003, p. 29)


Por: Héctor Huerto Vizcarra

En el texto El rumbo de las reformas. Hacia una nueva agenda para América Latina Joseph Stiglitz plantea una diferente perspectiva de análisis de los problemas económicos de América Latina. De esa manera, se presenta disconforme frente a las políticas económicas imperantes en la región desde la década de los 90’s. Si bien es cierto el inicio de dicha década se caracterizó por un breve repunte en la economía de la región, con un incremento de su productividad, en contraposición con la crisis económica de la década pasada, para este autor dicha mejora económica no fue una consecuencia de las reformas aplicadas desde los inicios de los 90’s, sino el repunte natural de un mercado tras salir de una etapa de recesión. (Stiglitz: El rumbo de las reformas, p. 19)

Desde ese punto de vista queda claro que las denominadas ventajas de las reformas económicas de los 90’s, amparadas dentro del Consenso de Washington, pierden todo tipo de valor. Para el autor tampoco tienen mayor justificación en la medida en que dichos planteamientos económicos no fueron empleados en su momento por las ahora potencias industrializadas, tal como lo afirma en la cita inicial de este texto. Por eso no duda en calificar que el experimento de reforma ha fracasado en América Latina, en la medida en que muchos países sufren recesiones, depresiones y crisis que recuerdan los años de la Gran Depresión.

Entonces, se hace necesario explicitar de forma más detallada lo que para Stiglitz significa este fracaso. Aunque el crecimiento medio de América Latina durante los 90 es superior a la década anterior, representa un poco más de la mitad de las tasas de crecimiento de los años 50, 60 y 70. Es decir, el libre mercado y el Estado minimalista fueron incapaces de generar un crecimiento mayor a los que se dieron en décadas pasadas, donde el Estado era más fuerte y existían mayores ingerencias por parte de los gobiernos para controlar al mercado.


De igual forma, estas reformas generaron mayor inestabilidad económica en la región. Casi todos los países pasaron por periodos de crecimiento negativo, con lapsos de tiempo que varían entre uno a más años. Asimismo, el nivel de pobreza en América Latina se incrementó levemente en dicha década, y la brecha entre pobres y ricos aumentó en la mayoría de casos, generando así mayor desigualdad. Todo ello ha contribuido indirectamente a que se mantenga una democracia meramente electoral, en donde la población no tiene mayor ingerencia en las tomas de decisiones del gobierno. En resumen, para Stiglitz el fracaso se debe a la forma como se planteó que funcionaba el mercado y la función que debía tener el Estado en el mismo.

Dentro de esa perspectiva es innegable encontrar similitudes con la realidad económica peruana. En donde se puede evidenciar que, la crisis económica que vivió el Perú en la década de los 80’s comenzó a darse a finales de los 70’s cuando el gobierno militar de Morales Bermúdez cada vez más se vio agobiado por las deudas contraídas por el propio régimen militar y los regímenes pasados con entidades del extranjero. En 1973 se tenía una deuda externa de 4 132 millones de dólares y para 1979 dicha deuda se había más que duplicado en 9 334 millones de dólares.1 Todo ello vino de la mano con una inflación preocupante: de tener 4.2% de inflación en 1972, en 1979 se tenía una inflación del 66.7%.

Esto conllevó a que en el primer gobierno democrático de los 80’s decretara la moratoria de la deuda externa peruana en 1984. Sin que por ello fueran ajenos flagrantes casos de corrupción y malos manejos de la deuda externa peruana. Para 1981 se había obtenido un préstamo para la compra de dos motonaves, las cuales se malograron en 1984 sin haber entrado en actividad. Lo cual resultó escandaloso.2 Sin embargo, a pesar que el gobierno aprista de la segunda mitad de los 80, pago más del 10% de su presupuesto anual por el concepto de deuda externa, la misma se incrementó en 22 856 millones de dólares para 1990. La deuda externa creció en esa década en alrededor de un 250%. Para esto, también hay que tomar en cuenta las astronómicas cifras que alcanzó la inflación peruana para el final del primer gobierno de Alan García. Con ello, el panorama de la crisis económica está más completo.

Dentro de este panorama, las reformas del Consenso de Washington se aplicaron en el Perú casi al pie de la letra, como el remedio para contener la crisis económica de la década pasada. Generando una sensación inicial de bienestar entre la población, por la llegada de capitales al país, entre los que destacaba el dinero recaudado por la venta de las empresas estatales, el cual en un primer momento sirvió para solventar los incentivos de renuncia de decenas de trabajadores públicos. Tal como lo afirma Stiglitz, al parecer, en el Perú estas inversiones se emplearon más en el consumo que en la inversión de proyectos de largo plazo.


Curiosamente, estas reformas económicas vinieron de la mano con la irrupción del régimen democrático, y con casos de corrupción en cuanto al manejo de los fondos públicos provenientes de las privatizaciones y al manejo de la deuda externa. Contraviniendo de esa manera la idea de que un Estado liberal en cuanto a materia económica asegura una mayor eficiencia y menores niveles de corrupción.

No solo la población peruana se vio afectada en la parte económica, donde un 60% se mantuvo dentro de una situación de pobreza, sino que la nueva política del Estado de fomentar el libre mercado y aplicar el menor control sobre el mismo, afectó también los derechos y libertades del ciudadano. Mermando así su derecho a la participación, y a que su opinión sea escuchada, en beneficio de los intereses de determinadas empresas o inversiones. Esto se hizo evidente en el Perú en la minería. Por ello, cabe resaltar los conflictos generados entre empresas mineras y la población circundante en Tambrogrande (2004) y Majaz (2003-2007), ambos en Piura. En el caso de Majaz se evidenció que se habían socavado los derechos humanos y ciudadanos garantizados constitucionalmente, especialmente de los pobres de las áreas rurales. No solo se les puso trabas a la población para participar en el proceso de implementación de la Minera Majaz, que afecta las tierras de dos comunidades campesinas, sino que se violaron los derechos de propiedad de los comuneros. Todo ello con el aval del propio Ministerio de Energía y Minas.3

Entonces, dentro de esta situación caótica, ¿hasta qué punto las propuestas de reformas (de las reformas) de Stiglitz son necesarias en el Perú? Lo que se hace imprescindible en la coyuntura actual es que el Estado asuma un rol regulador dentro del mercado, que ponga trabas a los capitales golondrinos, que proteja a los inversionistas nacionales y que promueva la industria. Es evidente que el Perú como un mero exportador de materias primas en el mercado mundial no puede aspirar a convertirse en un país “desarrollado”. Asimismo, desde mi punto de vista, el Estado tiene que garantizar que el gobierno represente a las poblaciones locales frente a cualquier conflicto con inversionistas nacionales o extranjeros, garantizando así los derechos individuales y sociales de esas personas. Para ello es importante que el Estado cuente con instituciones independientes que asuman la tarea de mediar estos conflictos, puesto que es imposible que el gobierno sea juez y parte.

Según Stiglitz, el Estado no tiene que ser minimalista ni tiene porque administrar necesariamente mal las empresas públicas. Es más, enfatiza la necesidad que el Estado construya una red de protección social para los ciudadanos. Lo que en términos prácticos significa que, se vuelva a fortalecer la seguridad social en el Perú. Para el autor es importante además, que el Estado garantice a la población el derecho a trabajar, lo que no solo significa generar nuevos puestos de trabajo sino garantizar ciertos derechos laborales, como la estabilidad laboral. También implica la formalización del sector informal de la economía. Igualmente, se tiene que fomentar una tributación equitativa, tal como sucede en Finlandia actualmente, en donde se tribute escalonadamente, de acuerdo a la capacidad económica de cada quien. Así, las personas que tributen más serán lo individuos que tienen mayor capacidad adquisitiva.

Stiglitz plantea además que para no depender del crédito extranjero, o para evitar que dichos créditos se concentren en la capital, se tiene que fomentar la creación de bancos locales y programas de ahorro en la población. También afirma que el Estado tiene que asumir una política de microcréditos que ayude a los empresarios nacionales a salir adelante. Para esto, es necesario para el autor que exista un clima propicio de negocios, tanto para inversores extranjeros como nacionales. Esto significa que la violencia y la inestabilidad política tienen que ser controladas mediante la participación política de los ciudadanos en las decisiones públicas y el respeto de sus derechos fundamentales, dentro de la concepción más amplia del término.


Desde luego, la educación se convierte en un pilar imprescindible dentro del crecimiento económico del país. Para ello no solo se necesita un mayor gasto público en el sector, sino una renovación en los contenidos de la misma. En donde el estudiante pueda aprender de forma práctica el ejercicio de su ciudadanía dentro del marco de su ubicación temporal, cultural y geográfica. Es importante entonces que el alumno se ubique dentro de un marco histórico establecido, con una suficiente capacidad crítica para analizar estos acontecimientos. Desde la educación también, se puedan inculcar hábitos de vida más saludables, que tomen en cuenta el respeto al medio ambiente y que reivindiquen el consumo de productos de origen andino que representan una alternativa alimenticia nutritiva y barata para la población.4

Por último, Stiglitz plantea que resulta importante que el Estado fomente la creación de medios de comunicación alternativos y locales, que impidan el monopolio y que permitan, dentro de sus limitaciones, la participación de la población. Esta idea fue corroborada en la práctica reciente en el Perú cuando en este año se llevó a cabo la consulta popular sobre la Minera Majaz, donde la radio Cultivalú, representó una postura crítica y disidente en relación a la postura del gobierno que era pro minería.5

Sin estas nuevas reformas, que implican en el fondo una transformación de la sociedad, es improbable pensar que se pueda construir una economía más saludable que se refleje en el bienestar de sus ciudadanos, especialmente de los más pobres, y en el crecimiento del país.

1 Carlos Parodi. Perú 1960-2000: políticas económicas y sociales en entornos cambiante, p. 140 Estas cifras se refieren a la deuda externa total, que incluye la pública y la de entidades privadas. Según el Ministerio de Economía y Finanzas solo la deuda pública externa en 1970 llegaba a 945 millones de dólares; en 1973 a 1491 millones de dólares; en 1979 a 5764 millones de dólares. La deuda con el Club de París, en el lapso de 1970 a 1979, creció 8 veces, mientras que la deuda con la Banca Internacional creció 11 veces al valor que tenía en 1970.

2 Héctor Huerto. Apuntes para la deuda externa e interna del Perú. Publicado en: http://ahorahistoria.blogspot.com

3Héctor Huerto. Redoble por Majaz.Acerca de las aventuras y desventuras de la minería, los medios de comunicación y la democracia en el Perú. Publicado en: http://ahorahistoria.blogspot.com

4Esto se contradice con el intento actual del gobierno del APRA de ilegalizar la harina de la hoja de coca.

5Héctor Huerto. Redoble por Majaz.Acerca de las aventuras y desventuras de la minería, los medios de comunicación y la democracia en el Perú. Publicado en: http://ahorahistoria.blogspot.com

17.6.07

Actualización de la deuda peruana al 2007

Por: Héctor Huerto Vizcarra

En la reunión del Pleno del Congreso Peruano del 6 de junio de este año, se presentó el Ministro de Economía Luis Carranza Ugarte para exponer sobre el estado de la deuda externa e interna del país. En dicha presentación informó que la deuda pública asciende a 28 mil 483 millones de dólares, de los cuales la deuda externa es de 21 mil 972 millones de dólares y la deuda interna es de 6 mil 511 millones de dólares.

Con respecto a la deuda externa se dijo que la mayor parte de la misma está compuesta por los bonos que ha venido emitiendo el Estado peruano, los que alcanzan el 38.2%. Un 35.7% está compuesto por deudas contraídas con otros países. Asimismo, el 68.7% de la deuda externa peruana está en dólares, el 12.1% está en euros y un 10.7% en yenes. Además, sobre las tasas de interés, el 52,6% de la deuda externa está en tasas fijas, y las tasas variables alcanzan el 47,4%.

El caso de nuestra deuda interna es distinto. La mayor parte de ella está en bonos que corresponde a un 87,2%. Los créditos fundamentalmente otorgados por el Banco de la Nación llegan al 12,8%. Tomando en cuenta la composición de monedas, lo que tenemos es que fundamentalmente la deuda interna está en moneda local, en nuevos soles, alcanzando 5 mil 439 millones de nuevos soles, y la deuda denominada en dólares llega a 1 072 millones de dólares. También, se observa que a tasa fija de nuestra deuda alcanza a 5 mil 586 millones de dólares, lo cual representa 85,8% y el 14,2% está a tasas variables.

13.6.07

Apuntes para la historia de la deuda externa e interna del Perú (IV Parte)

Por: Héctor Huerto Vizcarra

6. Más deuda y corrupción en la década de los 90.-

Durante el gobierno de Fujimori, no solo la deuda externa peruana se incrementó notablemente, sino que también existieron escandalosos casos de corrupción y malos manejos relacionados a la misma. En 1995 la deuda externa pública llegó a su más alto nivel con un monto de 25 652 millones de dólares, siendo para entonces el monto de la deuda externa total de 33 378 millones de dólares. Un año después, el monto de la deuda externa total, a pesar de que se disminuye en poco más de 400 millones de la deuda pública externa, la deuda externa total llega a los 33 805 millones de dólares. En la actualidad la deuda externa total oscila entre los 31 000 millones de dólares, estando la deuda pública externa sobre los 24 000 millones. Otra característica de esta etapa es el incremento de la deuda con el Japón, que en la actualidad es el país con el que tenemos un mayor monto de deuda externa. Para marzo del 2004, con el Japón teníamos una deuda de más de 3 815 millones; mientras que con Estados Unidos teníamos una deuda de algo más de 839 millones, con Francia de alrededor de 1 355 millones, y con Italia de más de 1 033 millones de dólares.

Un caso de corrupción notable en este periodo fue el llamado caso Elliot. Elliot Associates LP, fue una empresa del Estado de Delaware, con domicilio en la ciudad de Nueva York; autorizada para realizar contratos en esa misma ciudad. Estuvo dedicada a comprar papeles de deuda, a precios muy bajos, y que podían ser sujetos de cobranzas judiciales al país deudor, que es lo que más o menos le pasó al Perú. Desde octubre de 1995, con la contratación de Jay Newman, experto en instrumentos de deuda en los “mercados emergentes” esta empresa empezó a operar, siendo su primera víctima, Panamá, a quien le compró pagares de su deuda. Como en el caso peruano, que explicaremos a continuación, este procedimiento de dudosa legitimidad, que viola el principio Champerty de la Ley de la Judicatura de Nueva York, que establece que ninguna persona natural o jurídica puede comprar documentos de créditos vencidos con la única finalidad de hostigar al deudor para obtener reparación crediticia; se realizó a través del Swiss Bank.

Elliot Associates LP compró en cuatro operaciones entre el 31 de enero y el primero de marzo de 1996, un monto total nominal de US$ 20,7 millones que correspondía a US$ 7 millones por deuda del Banco de la Nación y a US$ 13,7 millones por deuda del Banco Popular. Por el total de toda esta deuda Elliot terminó pagando sólo US$ 11 millones de dólares. Esta venta fue realizada por el Swiss Bank quien entre octubre y diciembre de 1994 se había hecho con estos papeles de deuda del Perú, que fueron comprados a Lehman Comercial Paper y Socimer, quienes eran los acreedores iniciales.

En Abril de 1996, Elliot planteó la primera demanda por el pago total, en forma paralela a las negociaciones con el Bank Advisory Commitee (BAC) para emitir los Términos Principales del Plan Brady. Lo que buscaba era quedar al margen del dicho plan para cobrar el monto de la deuda en su totalidad, sumado a los intereses correspondientes. Por ello, en octubre de ese año, Elliot demandó al Perú y al Banco de la Nación, solicitando además un embargo preventivo y un juicio sumario. La corte de Nueva York, el 12 de diciembre de 1996 le negó la posibilidad del embargo a Elliot. Meses después, el 27 de Abril de 1997, la Corte de primera instancia del Juez Robert Sweet, negó a la petición de Elliot sobre el juicio sumario, produciéndose así una disputa legal entre Elliot y el Perú; la cual resultaría favorable a nuestro país cuando el 6 de agosto de 1998 la Corte falló a favor del Perú aduciendo que Elliot compró deuda violando el principio Champerty.

A partir de ese momento, todo le iría mal al Perú. En Octubre de 1999, la Corte de Apelaciones anuló la sentencia a favor del Perú aduciendo una propia interpretación de la enmienda 489 (Champerty) y devolviendo el caso a primera instancia para que se determine el monto a pagar. Un mes después Elliot solicitó sentencia y una orden de embargo, lo cual consigue de parte de la Corte de Primera Instancia. Así se le concedió el embargo y una orden restrictiva sobre los bienes comerciales del Perú y el Banco de la Nación en Nueva York. También, para agravar la situación del Perú, Elliot logró una modificación retroactiva de la Ley de interés compuesto adicionando US$ 16 millones de dólares al monto total de la deuda.

El Perú intentó revertir esta situación, aunque sin mayor suerte. El 9 de mayo del 2000 se rechazó la solicitud de apelación presentada por el Perú y el Banco de la Nación. Después, el 30 de Mayo, la Corte rechazó los elementos de la defensa peruana y aceptó la petición de Elliot para dar paso a la sentencia más la petición que se le considere dentro de la legislación sobre intereses compuestos, lo que implicaba un incremento del monto final a pagar. Por último, el 22 de Junio, la Corte rechazó la defensa del Perú y falló a favor de Elliot. El juez determinó el monto de la sentencia a pagar por el Perú a favor de Elliot por US$ 55’660,831,56 dólares, quedando pendiente la sentencia por la petición de pago por gastos legales. Además, se dispuso el embargo de los bienes del Perú y el Banco de la Nación en los Estados Unidos destinados a uso comercial.


Elliot no se contentó con estas acciones: En Septiembre del 2000 hizo esfuerzos para embargar bienes del Perú y del Banco de la Nación en el extranjero (fuera de Estados Unidos) contraviniendo la orden del 22 de Junio. Además solicitó embargo sobre los fondos destinados al pago de los intereses de los bonos Brady, logrando esto el 21 y 22 de setiembre, cuando obtuvo de dos jueces de Nueva York, órdenes restrictivas para impedir el pago de intereses de los bonos Brady y se denegó la petición de las solicitudes de reconsideración del Perú sobre el principio Champerty y el interés compuesto. Eso obligó al Perú allegar a un acuerdo con Elliot el 29 de setiembre, en el cual se levantaron las restricciones y se pudo realizar el pago de los intereses de los bonos Brady. El Perú se comprometió a pagar US$ 58.45 millones por todo concepto, lo que para algunos miembros del MEF de entonces era un logro, ya que en principio Elliot pedía el pago de 62 millones y además, porque el juez había ordenado pagar US$ 57’466,592.85 más gastos legales, que aproximadamente podría haber llegado a un monto de US$ 9 millones.

En todo caso, el Perú terminó perdiendo mucho dinero en esta operación, ilegalmente concedida gracias a la anuencia del Swiss Bank, quien para la fecha tenía un contrato con el Perú por el cual nuestro país tenía la preferencia de compra de papeles de deuda que estaban en posesión de ese banco, quien además había usado información privilegiada para la compra de los papeles de deuda del Banco Popular. Además el Swiss Bank estuvo vinculado en otra operación de dudosa legitimidad, como representante del Perú en junio de 1996, en la compra de los papeles de la deuda con Rusia. Fue nuestro representante a pesar de que para esta época ya habían comenzado los litigios con Elliot, increíblemente.

La compra de la deuda Rusa, que no fue realizada mediante los canales oficiales entre ambos gobiernos, sino mediante el Swiss Bank y Jorge Peschiera Cassinelli, negociador oficial de la deuda con la banca privada, e implicó la compra de un monto nominal de 1000 millones de dólares en deuda, con el pago de 130 millones en efectivo, compra que se hizo a través del Swiss Bank, quien por esta operación recibió el pago de 2.25 millones de dólares. Esta operación indispuso al gobierno Ruso frente al Perú, lo que impidió posteriormente al Perú la compra de armas, pertrechos y repuestos rusos para los aviones comprados a Bielorrusia. El costo para el Perú fue de 1 800 millones de dólares que se gastó en adquisiciones militares inservibles.

Otra responsabilidad importante en el caso Elliot la tiene Jaime Pinto Tabini, funcionario del MEF, encargado de controlar las operaciones realizadas por el Swiss Bank; quien sospechosamente, el 30 de setiembre se retira del MEF para dos años después brindarle asesoría legal a Elliot Associates LP, en su juicio contra el Perú. Al parecer, esta extraña relación data desde 1996. Esto constituye un acto de corrupción totalmente tangible, por cuanto el señor Pinto manejaba información confidencial del Estado Peruano durante su estadía en el MEF. Sorprendentemente, Jaime Pinto fue nombrado por el MEF en marzo del 2001 como representante del Perú ante el BID.[1]

7. La campaña del Jubileo 2000 y la recolección de firmas.-

Acogiendo el llamado del Papa Juan Pablo II, y de otros líderes mundiales, como el Secretario General de la ONU, Kofi Annan, se conformó la Red Jubileo 2000, que junto con otras redes de más de 70 países que formaban el gran movimiento internacional del Jubileo, buscaban la condonación de la deuda externa de los países en vías de desarrollo. Por eso el Perú participó de la campaña “La vida antes que la Deuda”, promovida en 199 por la Asamblea Episcopal y que permitió recoger 1 millón 856 mil firmas, de las cuales una quinta parte eran de jóvenes. Esta cifra resultó ser muy significativa a nivel mundial, ya que ocupamos el segundo puesto en cantidad de firmas recogidas. En la actualidad la Red Jubileo 2000 se pasó a llamar Red Jubileo Perú, y conforma a una diversidad de organizaciones sociales, instituciones e iglesias que vienen trabajando por la condonación o reducción sustantiva de la deuda externa de los países pobres.


[1] Toda la información referida al caso Elliot es casi un resumen del informe de Ismael Muñoz, Caso Elliot contra el Perú, presentado en el Seminario Internacional: “La Deuda Externa y su impacto en los Derechos Humanos” marzo 2004.

12.6.07

Apuntes para la historia de la deuda externa e interna en el Perú (III Parte)


Por: Héctor Huerto Vizcarra

4. Las deudas de Leguía.-

Con la llegada de un nuevo siglo, el segundo gobierno de Leguía se caracterizó por abrir el mercado nacional a las inversiones extranjeras, sobre todo provenientes de Estados Unidos. De igual manera, durante su gobierno se solicitaron préstamos en el exterior para financiar diversas obras públicas; todas estas inversiones estimularon el crecimiento de la burocracia estatal, según Caravedo. Según Margarita Guerra, el monto de la deuda externa peruana, después de su largo periodo de mandato, ascendió de 60 millones a 800 millones.[1] La importancia de este periodo en la historia de la deuda externa es notoria. En la década del 30 y durante el gobierno del general Benavides, el Perú entró nuevamente en una nueva moratoria de pagos.

5. Militarismo y la crisis de los 80.-

Durante el gobierno del general Velasco, y posteriormente de Morales Bermúdez, el gobierno emprende una política de enorme gasto en adquisiciones militares. Para ello, es necesario mucho capital, lo cual se logra mediante préstamos en el extranjero. Esta política de préstamos solo es posible en una coyuntura internacional en la cual las bancas financieras tenían necesidad por encontrar nuevos mercados en donde invertir porque los mercados de los países del llamado primer mundo, se hallaban saturados. De esta manera, la deuda externa peruana fue creciendo: en 1973 teníamos una deuda de 4 132 millones de dólares, para pasar a tener en 1979 una deuda de 9 334 millones de dólares.[2] Se había más que duplicado. Para entonces una fuerte crisis económica se iba evidenciando en nuestro país, de tener una inflación de 4.2% en 1972, para 1979 teníamos una inflación del 66.7%.

Era evidente que el retorno a la democracia no iba a solucionar de golpe esta crisis que se acercaba. En esas circunstancias el pago de la deuda externa era realmente asfixiante y perjudicaba todo tipo de inversión social. En 1981 se recurre a un préstamo para la compra de dos motonaves: el Mantaro y el Pachitea; las cuales se malograron en 1984 sin haber entrado nunca en actividad para el país. Esto realmente fue un caso escandaloso de corrupción y malos manejos.

Para ese mismo año, se deja de pagar la deuda externa, la cual se volverá a pagar durante el gobierno siguiente, el de Alan García. Este gobierno mantendrá una postura crítica frente a la deuda externa en el plano internacional, aunque no será una política consistente y lo único que consigue es que se genere una desconfianza hacia el país por parte de los organismos de crédito mundiales. Para 1990 la deuda externa total, que incluye la deuda que tiene el Estado así como la que tienen las empresas y bancos peruanos, llegaba a 22 856 millones de dólares.[3]

[1] Comunicación personal.

[2] Carlos Parodi. Perú 1960-2000: políticas económicas y sociales en entornos cambiante, p. 140 Estas cifras se refieren a la deuda externa total, que incluye la pública y la de entidades privadas. Según el MEF solo la deuda pública externa en 1970 llegaba a 945 millones de dólares; en 1973 a 1491 millones de dólares; en 1979 a 5764 millones de dólares. La deuda con el Club de París, en el lapso de 1970 a 1979, creció 8 veces, mientras que la deuda con la Banca Internacional creció 11 veces al valor que tenía en 1970.

[3] Solo la deuda externa pública llegaba en ese año a los 18 934 millones de dólares.

7.6.07

Apuntes para la historia de la deuda externa e interna en el Perú (II Parte)


Por: Héctor Huerto Vizcarra

2. Las expectativas del guano y los problemas de la consolidación.-

Con la explotación del guano como producto de exportación, el Perú en poco tiempo estuvo en condiciones de volver a pagar la deuda externa impaga desde 1826, y así volver a recuperar el crédito con la banca internacional. Ya desde 1841 Inglaterra ejercía presiones para que el país reanudara el pago de su deuda. Para esta época, las presiones no solo venían de ese país sino también de Francia. En 1849 ocurrió un hecho anecdótico que involucró al entonces Ministro de Guerra Ramón Castilla y al cónsul francés Armand Saillard, y se dio el 29 de agosto de 1840; este hecho fue relatado por Ricardo Palma en sus Tradiciones Peruanas, aunque de forma tergiversada. “Su origen estuvo en los reclamos para que se abonara a la casa francesa Dalidon-Larrabure un préstamo de más de 11 000 pesos que ella había hecho a Santa Cruz. El canciller Manuel Ferreyros evitó el duelo. Siguió una larga controversia diplomática.” En mayo de 1841 ese cónsul fue reemplazado, y no murió como afirmara el famoso literato peruano en 1840, en Venezuela, a causa de una fiebre amarilla.

El primer pago de la deuda inglesa, que se hizo con dinero proveniente del guano, fue decretado el 15 de enero de 1842. El Perú acordaba entregar a los acreedores de Londres, la mitad de los beneficios que le correspondían de acuerdo al segundo contrato por la venta del guano. De esta manera, el Perú reanuda sus pagos por concepto de deuda externa; hasta algunos años después, el 9 de abril de 1849, cuando el Perú logra una reconversión de nuestra deuda al hacer un contrato con la casa Murrieta. El monto de este nuevo préstamo fue de 3 millones 736 mil 400 libras esterlinas. Previamente, el 4 de enero, se firmó con la casa Gibbs y Cía un contrato de consignación de venta de guano, comprometiéndose para esto con el pago de parte de la deuda externa. Con esto se pagaba el monto de las deudas de 1822 y 1825, y tres cuartas partes de los intereses acumulados; para esta nueva deuda se daba como garantía el 50% sobre el producto neto del guano. Al parecer en esta reconvención se especuló mucho con los papeles de la deuda.

El 25 de enero de 1850 el Perú logra un nuevo emprésito de la casa Gibbs y Cía, dentro del marco del undécimo contrato de consignación de guano. Este consistía de 800 mil pesos, y curiosamente, no se conserva ningún documento que hace mención o que proporciona mayores datos sobre este préstamo.

El año de 1853, fue un año agitado en lo concerniente a los temas de la deuda interna y externa del Perú, ya que se dieron cuatro importantes transacciones económicas. El 15 de febrero de ese año se consigue un emprésito para reconvertir parte de la deuda inglesa (la que estaba con un interés del 6%) y la deuda con Chile. El arreglo fue pactado con las casas Murrieta y Hambro e hijos, por un monto de 2 millones 600 mil libras esterlinas, con un interés del 4 ½ % y un valor de colocación del 85%. La garantía se dio en base al guano en los términos del contrato de 1849. Como este arreglo iba a reconvertir una deuda con un interés del 6% a otra con un menor interés (4 ½ %), implicó que el monto original de la deuda a reconvertir se incrementara con 1 millón 64 mil 200 libras más.


El general Mendiburu, el 23 de marzo, firma un contrato con la casa francesa Urribaren y Cía por la conversión de 9 millones de pesos de nuestra deuda interna, en deuda externa. De igual manera, el 30 de junio firma un contrato similar con la casa francesa Montañé y Cía. Esta vez se trataba de trasladar un monto de 4 millones de pesos de la deuda interna, para convertirla en deuda externa. Al final, parece que la deuda trasladada solo alcanzó los 9 millones 71 mil pesos. La documentación sobre estas operaciones nunca llegó a publicarse, ni tampoco existen en el archivo del ministerio de Hacienda, y son una muestra de que una vez más, la característica de este tipo de operaciones es la poca transparencia que se tiene. Por último, ese mismo año se contrató un préstamo por 403 100 libras para financiar la construcción del ferrocarril de Tacna – Arica, con una tasa de interés del 4.5%.

Como mencionamos anteriormente, el monto de la deuda interna no dejaba de ser importante, ni tampoco las presiones para saldar estos saldos. En este contexto, el 16 de marzo de 1850 se promulga la ley de Consolidación, durante el gobierno de Castilla. Dicha consolidación significaba la unificación de la deuda contraída con particulares desde la independencia, bajo la forma de bonos o títulos, expresados en una sola unidad monetaria y bajo un solo tipo de interés. Estos bonos podían negociarse mientras se esperaba la cancelación de dichas deudas, lo cual ocurrió 8 años después, durante el gobierno de Echenique, cuando estos se habían concentrado en pocas manos (126 personas lograron acumular 2/3 de la deuda consolidada).

Se esperaba que este grupo de beneficiados invirtiera en la economía nacional, pero no cumplieron tal papel porque prefirieron invertirlo en especulaciones financieras con el propio gobierno. Según algunos historiadores se buscaba con esta medida dotar de una clase empresarial al Perú. Aunque de todas maneras gracias a este proyecto surgieron algunas empresas como los bancos, fábricas de poca envergadura, y se modernizó la agricultura de la costa.

En realidad esto generó muchas denuncias de corrupción y enriquecimiento ilícito, ya que entre otras cosas se reconocieron muchos papeles de deuda de dudosa procedencia. La consolidación, en síntesis, o era “una manera de dotar rápidamente a una potencial clase burguesa con el capital necesario para lanzarse a la inversión económica.” O una manera muy fácil de enriquecerse ilícitamente. Según Tantaleán, la consolidación solo sirvió para beneficiar a grandes comerciantes y algunos allegados de Castilla y Echenique. Tal fue esta imagen de corrupción que generó en su época, que las palabras consolidación y robo eran usadas como sinónimos.

3. Entre la deuda y la guerra.-

La guerra con Chile en 1879 encontró al país en una situación económica crítica, tanto así que ni siquiera teníamos crédito en el extranjero, ya que en 1876 nos declaramos unilateralmente en moratoria, nuevamente. Previamente a esto hubo una serie de factores que en parte colaboraron para que esta catástrofe se diera, y entre esos factores está el manejo que se le dio a nuestra deuda externa.

En 1862 se contrata otro préstamo, esta vez por el monto de 5 millones 500 mil libras, de las cuales se utiliza la mayor parte para el pago de la deuda externa, quedando un saldo a favor del Perú de 2 millones 308 mil 374 libras. Las deudas que se pagaron fueron la inglesa que estaba al 4.5%, la deuda Hegan del ferrocarril de Tacna, y la deuda Urribarren de conversión de deuda interna a externa. Esta deuda tenía un interés del 4.5%, con un fondo de amortización del 8% al año, al tipo de 93% (¿valor de colocación?), con una comisión del 2%.

En 1865, en pleno conflicto con España, quien un año atrás había tomado el control de las islas de Chincha, el Perú logra conseguir un préstamo de 10 millones de libras, de las cuales solo se colocaron 7 millones. Este préstamo sirvió para la reconversión de los bonos de 1862, sostener la guerra con España, la compra de los barcos Huáscar e Independencia; y después del conflicto con la península, pagarle a España. Este emprésito solicitado a Thomson Bonnar y Cía, John Kennard, y Lewis Haslewood, tenía un interés del 5%, con un fondo de amortización del 5%, al tipo de 83.5%. Este préstamo fue considerado como un contrato de cláusulas onerosas, que sublevaban el sentimiento nacional porque en uno de los artículos del contrato permitía la posibilidad de que los acreedores del país, en el caso del que Perú no cumpliera con sus pagos, llegaran a las islas y cogieran el guano por su propia cuenta.

En 1866 se negoció otro préstamo pero esta vez, con Estados Unidos. Con esto se obtuvo 5 millones de dólares, que equivalía la misma cantidad de pesos en aquella época. Los bonos de esta transacción tenían un interés anual del 7%, que era un interés bastante alto en comparación con los préstamos anteriores. Este emprésito se solicitó para la compra de armamento por un posible conflicto bélico con España, nuevamente. Al final, solo se llegó a emitir 2 millones 750 mil, de los cuales solo llegaron a circular 1 millón 626 mil dólares. Hasta este préstamo se tiene la casi total seguridad de que todos estos emprésitos fueron dados con una garantía por nuestra producción del guano.

Esta etapa de prosperidad, trajo un triste colofón, y ese escenario se dio con la guerra. Pero para 1869 no se podía prever los acontecimientos del futuro, y el 5 de julio de ese año, en París, se firma el controvertido contrato Dreyfus, en donde se decide entregarle la venta del guano en monopolio a tal firma extranjera. El 17 de agosto de ese mismo año, Piérola aprueba este contrato que creó una ilusión financiera para el Perú; la misma que llevó al Estado a gastar más allá de sus posibilidades y a incrementar su endeudamiento externo. Mientras se daban estas conversaciones, en ese año se obtiene un nuevo préstamo con Thomson Bonnar y Cía, para financiar el ferrocarril de Pisco a Ica, con el cual se obtuvo 290 mil libras. Este préstamos se dio con una tasa de interés del 5% y con un precio de emisión del 7%.

El 19 de mayo de 1870, la casa Dreyfus quedó facultada para negociar un préstamo de 11 millones 920 mil libras, que resultó siendo una operación exitosa en el mercado europeo. Estos bonos tenían un interés del 6%, con una amortización del 2%, y con un valor de colocación del 80.5%. Este empréstito estuvo destinado a la construcción de ferrocarriles. Confiados por esta operación, el 24 de enero de 1871 se autoriza la emisión de un nuevo empréstito por 15 millones de libras, haciéndose nuevamente otro contrato para esto con Dreyfus. Este empréstito es lanzado al año siguiente en las bancas financieras europeas, y solo se logra colocar 230 mil libras más los 4 millones que Dreyfus se compromete a tomar.

La situación económica del país se había complicado, y nuestra capacidad crediticia se estaba mermando con los malos manejos que se hacía del gasto público y de la deuda externa. El 24 de setiembre de 1872, el Presidente Pardo presenta al Congreso un informe alarmante de la situación de la hacienda pública, en donde se mostraba que las rentas del guano se encontraban totalmente afectadas para el pago de la deuda externa.

El 25 de enero de 1873, el Congreso autoriza la emisión de una deuda de 21 millones de libras, que fueron sumadas a los bonos que no llegaron a ser colocados en el mercado europeo en 1870. Para esto se firma un contrato con Dreyfus el 5 de marzo de ese año. Esta operación fue considerada como la más importante en el siglo XIX en Europa, realizada por un gobierno latinoamericano, y esto no era nada peculiar para la época, ya que para el lapso de 1850 y 1875, el Perú tenía la deuda externa más grande de América Latina, sobrepasando a México, Brasil y Argentina por mucho. Este préstamo estaba destinado a la cancelación de las deudas de 1865, 1866 y 1870, para irrigaciones y para los ferrocarriles.

Tras una serie de negociaciones fallidas para solucionar el problema de la deuda externa peruana, en 1876 dejamos de pagarla. Aunque al parecer, según Tantaleán, en 1876 se destinaron al pago de la deuda externa 16 millones 412 mil 721 soles, y para el año siguiente, 2 millones 462 mil 134 soles. ¿A quiénes fueron a parar estos montos? Esta crisis económica no solo afectó al Perú, ya en 1873 entraron en moratoria Honduras y Santo Domingo, en 1874 lo hicieron Paraguay y Costa Rica, en 1875 fueron Bolivia y Guatemala, y junto con el Perú en 1876 lo hizo Uruguay. Esto generó una crisis de la banca internacional, sobre todo la británica, que vio afectada sus intereses en Latinoamérica.

El Perú tuvo que tomar ciertas medidas en busca de solventar esta crisis. Entre estas medidas se estatizaron las empresas de extracción guanera, y se dejó a cargo de su comercialización a empresarios peruanos - previamente en 1873 se intervino a la actividad bancaria, y en 1875 se estatizó el salitre- . De igual manera se dejó de pagar la deuda externa con acreedores ingleses, como ya lo mencionamos. Estas medidas afectaron a los intereses británicos, y según Enrique Amayo, en su libro "La influencia británica en la guerra del Pacífico" esto fue determinante para que Inglaterra estuviera a favor de esta guerra e inclinara su balanza a favor de Chile, como forma de garantizar las inversiones británicas en el salitre y el guano.

Por ello, cuando en plan guerra el Perú buscaba nuevos empréstitos para financiar la compra de más armamento y barcos de guerra, los empresarios ingleses sabotearon todos estos intentos. Como punto final a toda esta triste etapa se firmó el contrato Grace, a fines del siglo XIX, lo que le permitía al Perú saldar todas sus deudas pasadas pero a un alto costo.

4.6.07

Apuntes para la historia de la deuda externa e interna en el Perú (I Parte)


Por: Héctor Huerto Vizcarra

La historia de la deuda externa e interna en el Perú, es una historia de fracasos, frustraciones y de mucha corrupción. No es exagerado afirmar esto si se consigue estudiar de manera crítica todo el proceso de endeudamiento, primero con Inglaterra y después con Estados Unidos y Europa en general, al cual el Perú estuvo y está sometido. La influencia que esto ha tenido en nuestro devenir histórico como país, es real y no un mero artilugio ideológico como algunos pretenden afirmar. Paradójicamente, muy poco se conoce sobre este tema a pesar de constituir un problema para nuestro desarrollo en la actualidad. Por ello surge nuestro interés por difundirlo, para así generar conciencia de que este no es un problema nuevo, y que la deuda en nuestra historia no nos ha proporcionado mayores beneficios para la población, sino más bien, demasiadas pérdidas para el Perú.

A continuación, se desarrollará una breve reseña de los puntos más importantes sobre la historia de la deuda externa e interna del Perú.

I. Etapas de la evolución de la deuda interna y externa

1. Un Perú independientemente endeudado.-

Tal como lo demuestra Basadre, en la Historia de la República del Perú, ni bien nuestro país pudo lograr su independencia se vio agobiado por considerables deudas con los países extranjeros que apoyaron la gesta libertadora, así como con peruanos que hicieron similares aportes. Casi todos los países que intervinieron en nuestra independencia, nos solicitaron tiempo después o durante la campaña libertadora, el reconocimiento de deudas con ellos, causadas por los gastos que la empresa libertadora en el Perú les había implicado. Así, en virtud del tratado del 26 de abril de 1823 con Chile, el Perú reconoció como deuda suya el préstamo que había sido contratado por el comisionado de Chile, José de Irisarri, que ascendía a 1 millón 500 mil pesos, pero que para la fecha a causa de los intereses llegaba a los 3 millones de pesos. Esta deuda con el país del sur recién sería tratada nuevamente en 1848; por la convención del 12 de setiembre de ese año, el Perú se comprometió en abonar 4 millones de pesos. De igual manera, se reconoció una deuda con la Gran Colombia por el tratado de setiembre de 1829 en Guayaquil, y su monto ascendía a 5 millones de pesos, aparte del millón que le fue obsequiado a Bolívar por el Congreso de 1825, con lo que la deuda con ese país ascendía para 1829 a 6 millones de pesos. Solo Argentina no nos pidió reconocer deuda alguna, y probablemente esto se deba a que la expedición de San Martín al Perú fuera financiada con capitales chilenos.

Aparte de este tipo de deudas causadas por los gastos de nuestra independencia, el Perú dada la crisis económica en la que se hallaba sumido tras varios años de estar en guerra con España, recurre a dos préstamos de capitales ingleses. El primero Emprésito del 11 de octubre 1822, según Tantaleán, tratado por Juan García del Río y Diego de Paroissien (comisionados por San Martín en diciembre de 1821) con Tomás Kinder, por un valor de 1 millón 200 mil libras esterlinas, al tipo de 75%, con interés del 6% anual, comisión del contratista del 2% y entrega en seis plazos hasta 1823. Se da como garantías las entradas de la Casa de la Moneda, las aduanas y demás rentas. Tantaleán agrega además que el contrato debía ser pagado en 30 años a 40 000 libras esterlinas por año. Al final solo se recibe el monto de 900 000. Según M. F. Paz Soldán, “el prestamista eludió los pagos en los plazos estipulados y ocasionó al Perú quebrantos notables en su crédito y en su hacienda, con las escandalosas protestas de las letras giradas debido, en gran parte, a la desatendencia completa de las indicaciones hechas oportunamente por nuestros comisionados en Europa, muy particularmente por la discordia civil entre Riva Agüero y Tagle y muchas otras causas.”[1]

El segundo préstamo no tardó en llegar. Este emprésito fue negociado con Kinder por el inglés John Parish Robertson, el 21 de enero de 1825; según Tantaleán, por un monto de 616 000 libras, con un valor de colocación del 83%. “En el siglo XIX existía la costumbre de los agentes y bancos de adquirir los bonos de la deuda a precios inferiores a su valor nominal”.[2] Estas operaciones financieras se realizaron sin conocimiento de la representación peruana en Londres. Según Mariano Felipe Paz Soldán, el préstamo anterior fue ruinoso, y que solo sirvió para satisfacer la codicia de Kinder, mientras que en el segundo, Robertson entregó menos dinero de lo acordado.[3] Dancuart afirma que en el primer préstamo ocurrieron actos irregulares y que se dio cuenta al Congreso, que ordenó al Ejecutivo que cambiase los comisionados.[4]

Del monto total de estos dos préstamos, 1 816 000 libras, solo se obtuvieron 947 393 libras, según Palacios, aunque según fuentes inglesas el Perú recibió 1 491 480.[5] Según Basadre, en el segundo préstamo solo se emitieron los bonos correspondientes a 577 500 libras, dándole al Perú un producto efectivo de 200 385 libras a causa de errores y actos irregulares del comisionado. Lo que si es mas claro es la finalidad que tuvieron estos préstamos; para Enrique Amayo ambos préstamos fueron solicitados para comprar material de guerra, y ambos fueron arreglados en 1849, cuando se reconvirtió la deuda externa por primera vez en el país. La reconversión de una deuda significaba el obtener nuevas condiciones de pago para el país deudor, lo que implicaba para la época la obtención de un préstamo mayor que absorbía la deuda anterior, y eso fue lo que paso en 1849 con el Perú. Pero antes de que se diera este arreglo, el gobierno deja de pagar la deuda externa el 15 de abril de 1826, y así se da la primera moratoria unilateral del Perú.[6]

Pero las deudas del Perú no solo se limitaban al capital internacional. “Esta provenía, en conjunto, de la falta de abono a los servidores públicos, de los suministros hechos a los ejércitos patriotas, de los pagos hechos en 1825 por los premios otorgados por el Congreso con la esperanza de un emprésito que no llegó a verificarse, de emprésitos voluntarios o forzosos contratados por los sucesivos gobiernos (...) Asimismo, pasaron a integrarla las deudas legalmente contraídas por el gobierno colonial ...”[7] De esta manera, esta deuda interna puede ser enumerada de la siguiente manera, aunque de manera parcial me temo:

1. Comerciantes ingleses por un emprésito en 1822 de 74 000 pesos.
2. Comerciantes y propietarios de Lima por un emprésito de 200 000 pesos en 1823.
3. Emprésito del Tribunal del Consulado en 1823 de 80 000 pesos.
4. Emprésito contratado por Tagle con Juan Ignacio Palacios como representante de varios comerciantes por 50 000 pesos en dinero y 150 000 en víveres y útiles de maestranza. Obligándose el gobierno a pagar 300 000 pesos en derechos de aduana y entregando al contratista “la facultad de variar el régimen de aduana y algunos empleados y sustituirlos con otros de su confianza.”[8]

Como podemos observar, esta deuda interna, permitió que en algunas ocasiones, como la del punto 4 de la relación anterior, capitales privados ejercieran directa influencia dentro del Estado y lo limitaran en sus funciones o asumieran funciones que le deberían corresponder, como en el caso de la designación de los empleados de aduanas.

Los pagos para saldar la deuda interna fueron los siguientes: Entre 1825 y abril de 1827 se pagó poco más de 1’ 800 000 pesos en deuda interna reconocida, y quedaron por abonar 5’ 200 000 pesos, aparte de los créditos por reconocer, entre ellos los de la época colonial. Al congreso de 1827 se le presentó un estado de la deuda interna que ascendía a 14’ 200 000 pesos en establecimientos de Lima, y correspondían al Consulado 7’ 760 000. De este monto debían rebajarse como 2 millones por pertenecer a emigrados, residentes en país enemigo y desaparecidos.

Dentro de estos pagos, los hechos escandalosos no estaban ausentes. El Congreso aprobó el 5 de marzo y Bolívar promulgaron el 9 del mismo mes de 1825 una ley en la cual se pueda disponer de todos los bienes muebles e inmuebles que tenía el Estado, de los cuales podía prescindir, y se entregasen a los acreedores de la deuda pública. Esta ley permitió que por escritura pública extendida en Lima el 28 de setiembre de 1826 se cediera a José Antonio de Quintana una mina de brea llamada entonces Amotape y después, La Brea y Pariñas, en pago de la cantidad de 4 964 pesos que le adeudaba el erario nacional. Así nació la ruidosa cuestión de la Brea y Pariñas.[9]

La deuda interna, sin embargo, continuó creciendo, gracias a la ley de reforma militar del 12 de diciembre de 1829, en la cual no solo se permitía que se pagara a los servidores públicos en bienes nacionales, sino también en cédulas de reforma según el tiempo, calidad y número de servicios. De esta manera en un año la deuda ascendía a 1 493 186 pesos (posiblemente este sea el monto solo de la deuda reconocida), incrementándose hasta 1833, año en el cual se dio otra ley, del 13 de febrero, para que se aplicara a la deuda pública los bienes de los conventos supresos.[10] Pero esto no quedo ahí, y el monto continuamente se incrementaba a causa de la constante inestabilidad del país en los primeros años de la república. “Fueron frecuentes, sobre todo, durante la anarquía de 1835 y durante las guerras de restauración de 1837 y 1838-39 y las guerras de 1841, las exacciones forzosas que tomaron el nombre de emprésitos.”[11] Muchos de los cuales eran tomados como anticipos sobre los derechos ordinarios de aduana. (continuará...)


[1] citado en Basadre Historia de la República del Perú p. 123/1

[2] Tantaleán, p. 31

[3] Tomo II, p. 156-157. Historia del Perú Independiente.

[4] Emilio Dancuart. Anales de la Hacienda Pública del Perú, 1821-1889.

[5] Carlos Palacios. La deuda anglo peruana, 1822-1890. Carlos Marichal. Historia de la deuda externa de América Latina, 1988.

[6] Habría que preguntarse si es moratoria o cese de pago. Tal como lo define Oscar Ugarteche, una moratoria implica el no pago de los intereses del préstamo, mientras que un cese de pago implica el no pago de parte del capital prestado.

[7] Basadre p. 123.

[8] ídem.

[9] Toda esta información se halla en las pp. 122-125.

[10] Basadre Tomo II, p. 492/1

[11] Basadre Tomo II, p. 492/2