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1.6.08

Las Fuerzas Armadas en América Latina: ¿los verdugos de la democracia? (III parte y final)

Por: Héctor Huerto Vizcarra

Dentro de esta nueva perspectiva, la amenaza de una intervención militar no se muestra muy lejana, incluso mas bien, puede encontrar canales que le permitan el uso de la violencia de forma legítima. Además, tal como lo señala Zaverucha: “Y todo esto, naturalmente, impide la consolidación de una democracia que vaya más allá de los enfoques restringidos a la mera realización de elecciones.” Frente a ello, ¿cuáles son las funciones que deberían cumplir las Fuerzas Armadas para reforzar y no erosionar la democracia?

Para Agüero la solución pasa por desarrollar instituciones fuertes que controlen democráticamente tanto a las Fuerzas Armadas, a la policía como a los servicios de inteligencia, a la vez que los conviertan en instrumentos eficaces para la protección y la seguridad de los ciudadanos. Puntualiza además que un enfoque general de las políticas debería mantener una separación entre las funciones de estos tres sectores. Para todo ello, es necesario según Agüero, un liderazgo civil sólido que formule una política consistente y afirme una cadena de mando bien establecida. Por último, plantea que es importante la participación de las organizaciones de la sociedad civil en los debates públicos sobre las políticas de seguridad, y en la vigilancia de la actuación de las instituciones que operan sobre ella.

Desde mi punto de vista, esto no es suficiente, puesto que otra de las principales tareas es desaparecer en gran medida la línea separatoria que existe entre las Fuerzas Armadas y la sociedad civil. Partiendo de esta idea, se tiene que eliminar todo tipo de prerrogativas, como la del fuero militar, que desligue a los militares de la sociedad en general, así como dotarlos de todas las características que tiene un ciudadano común y corriente, como el derecho al voto. Si no se puede ciudadanizar a los miembros de las Fuerzas Armadas es poco probable que entiendan el valor intrínseco de la democracia y la defiendan.

Bibliografía

ZAVERUCHA, Jorge. La militarización de la seguridad pública en Brasil.
PION-BERLIN, David. Militares y democracia en el nuevo siglo. Cuatro descubrimientos inesperados y una conclusión sorprendente.
AGÜERO, Felipe. El nuevo “doble desafío”: Como ajustar el control democrático y la eficacia en el ejército, la policía y los servicios de inteligencia.
MÉNDEZ, Cecilia. Las paradojas del autoritarismo: ejército, campesinado y etnicidad en el Perú, siglos XIX al XX. En: Revista de Ciencias Sociales. Quito: Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales-Sede Académica de Ecuador, 2006

25.5.08

Las Fuerzas Armadas en América Latina: ¿los verdugos de la democracia? (II Parte)

Por: Héctor Huerto Vizcarra

En la actualidad no se puede calificar a las Fuerzas Armadas de América Latina como instituciones frágiles. Probablemente durante toda la historia latinoamericana han sido de las pocas instituciones que han gozado de popularidad y aceptación. Felipe Agüero incluso plantea que “el ejército es uno de los actores más proclives a buscar altos niveles de autonomía y a evitar someterse a la autoridad de los gobernantes elegidos democráticamente”. Señala que en algunos casos conservaron la autonomía de la que gozaban los regímenes militares anteriores, o que la ampliaron durante o después de las transiciones democráticas. En ese sentido, específica los campos en donde la autonomía militar se hace presente: en los presupuestos, en la orientación educativa, en la definición del patriotismo y en la tutela del interés nacional.

Sin embargo, es evidente un cambio en el rol político que los militares cumplen en las sociedades latinoamericanas: ya no intentan por medio de golpes de estado la toma del poder político. Para David Pion-Berlin esta subordinación efectiva de los militares a los civiles es posible por el rechazo internacional (sobre todo regional) que existe contra los regímenes militares. Sumado a lo anterior, agrega dicho autor, resulta también importante la disminución de influencia, tamaño, recursos e importancia de las Fuerzas Armadas en la región. Ahora la función de las Fuerzas Armadas parece estar más enfocada en temas de seguridad pública y en la asistencia de los programas sociales (desarrollo).

Por eso, Pion-Berlin al hacer un análisis de las relaciones cívico-militares, encuentra cuatro aspectos resaltantes: Primero, por un lado las organizaciones regionales elevan los costos de los golpes militares, mientras que por otro lado, las debilidades de los gobiernos incrementan los costos de la no intervención militar; segundo, si bien es cierto las operaciones militares en términos de seguridad interna y desarrollo han aumentado, el control civil no ha resultado perjudicado; tercero, los líderes militares saben poco del tema de defensa nacional, no obstante, esto no parece afectar su capacidad de controlar a las Fuerzas Armadas; y cuarto, el desconocimiento de los políticos de los temas relacionados a la defensa nacional no solo es racional sino también inevitable, debido a que no hay amenazas externas ni un interés económico o político en las políticas de defensa.

Todo lo descrito anteriormente se puede ejemplificar en su mayor parte con el caso brasileño. Jorge Zaverucha afirma que en Brasil se puede apreciar cierto grado de autonomía de sus Fuerzas Armadas junto con la pervivencia de instituciones autoritarias. Durante la transición brasileña hacia la democracia, las Fuerzas Armadas brasileñas lograron obtener beneficios que no fueron transitorios, por lo que no hubo un proceso de desmilitarización, mas bien, se incrementaron las competencias de las Fuerzas Armadas en materia de seguridad pública.

III

Frente a esta situación de confusa estabilidad, ¿en qué medida se puede afirmar que las Fuerzas Armadas latinoamericanas constituyen un peligro para la democracia? Para Felipe Agüero el peligro no es tan contundente. Señala que lo peor que pueden provocar es la merma de la calidad y fuerza de la democracia, pero que de ningún modo afectarían su existencia misma. Los principales peligros, dentro de esa perspectiva, serían la corrupción, el desprecio de las libertades civiles y la manipulación de prioridades en materia de seguridad. Pion-Berlin se muestra más optimista al afirmar que “ni siquiera el giro político a la izquierda registrado en los últimos años ha aumentado los riesgos de una intervención militar.” Aún así, no es renuente al indicar que así como se han desmilitarizado los conflictos políticos, se han militarizado otros campos, como los de seguridad interna y desarrollo.

Curiosamente, los planteamientos más reveladores son los de Zaverucha, y no por nada su ensayo es el único que describe una realidad política concreta. Plantea como presupuesto inicial que, en los regímenes democráticos, las competencias institucionales de la policía y el ejército están claramente separadas. Frente a esta idea, afirma que en Brasil se vive una realidad diferente. Las políticas de seguridad interna se militarizan cada vez más.

Eso se evidencia claramente desde el nombre que las fuerzas policiales brasileñas tienen, el de “policía militar”. Dicha policía militar tiene entre sus atribuciones más resaltantes las siguientes características: imita en cada estado el modelo de los batallones de infantería del ejército; su código de conducta es similar al del ejército; está regulada por el mismo Código Penal Militar y el Código Procesal Penal de las Fuerzas Armadas; sus unidades de inteligencia forman parte del sistema de información del ejército; y es considerada como una fuerza de reserva del ejército, cuando solo debería suceder esto en tiempo de guerra.

Todas las características anteriores revelan a la policía militar brasileña como un apéndice de sus Fuerzas Armadas, sin lugar a dudas. Pero, ¿hasta qué punto la influencia militar en la policía (o en la seguridad interna) afecta el funcionamiento de la democracia? Para Agüero, la seguridad de los ciudadanos es una condición indispensable para el ejercicio y disfrute de los derechos democráticos. En consecuencia, éste autor señala que, los problemas de las Fuerzas Armadas, la policía y los servicios de inteligencia están intrínsecamente relacionados.

Por lo tanto, que las Fuerzas Armadas se inmiscuyan en el trabajo de la policía no solo se debe a un mal desempeño de las fuerzas policiales sino a un descuido político, ya que los gobiernos se centralizaron sólo en la reforma militar. Con ello se permitió una mayor autonomía de la policía que degeneró en ineficacia y corrupción, según Agüero. No obstante, Zaverucha ve en esta ingerencia de las Fuerzas Armadas un proceso de politización de las mismas: “El proceso de politización de las Fuerzas Armadas se da simultáneamente con la militarización de la policía.” De esta manera, se podría estar hablando de un nuevo intento de politización de las Fuerzas Armadas en América Latina, aunque desde una perspectiva diferente.[1]

[1] Zaverucha afirma que es verdad que los militares han vuelto a sus cuarteles, es decir, ya no conducen el destino del Brasil, pero esto no significa que se hayan retirado del poder. La prueba de ello, para éste autor, es que el ejército cada vez más tiene injerencia en las decisiones vinculadas a los asuntos de seguridad pública.

11.5.08

Las Fuerzas Armadas en América Latina: ¿los verdugos de la democracia? (I Parte)


Por: Héctor Huerto Vizcarra


El rol histórico que han tenido las Fuerzas Armadas en los países latinoamericanos se ha teñido de sangre constantemente. Se han visto envueltas, desde la creación de los estados independientes latinoamericanos, en guerras civiles, revueltas y golpes de estado. Lo que ha llevado a muchos investigadores a cuestionar su rol en la creación de éstos estados, y más recientemente, en la consolidación de los mismos. No obstante, aún hay más incertidumbres que certezas. Incluso, no pocos cuestionan la razón de su existencia, a raíz del modelo exitoso seguido por Costa Rica.

Todos estos cuestionamientos suelen recrear la imagen de unas Fuerzas Armadas represivas y poco democráticas. Evidentemente la propia organización interna de dicha organización, jerárquica y autoritaria, no permite una mayor vinculación teórica con el modelo democrático. Sin embargo, el rol histórico que ha tenido en esta parte del mundo no está del todo claro. Cecilia Méndez en un ensayo que aborda lo que denomina como paradojas del autoritarismo, frutos de la relación entre el ejército y el campesinado en el Perú, postula que el ejército es la institución estatal que ha estado históricamente más vinculada al campesinado y que dicha relación resulta importante si se quiere entender la historia política del Perú.

En ese sentido, afirma que no es nada novedosa en la historia peruana la alianza entre militares y campesinos (ronderos) que permitió la derrota de Sendero Luminoso en la sierra peruana a fines de los 80’s. Este tipo de relaciones entre ambos grupos sociales se fue dando con asiduidad durante las innumerables guerras civiles de los inicios de la República. Esto cambió a raíz de la profesionalización de la Fuerza Armada a inicios del siglo XX. Por eso plantea dos hipótesis sumamente sugestivas: que los campesinos andinos no permanecieron al margen del estado republicano, sino que participaron activamente en la formación del mismo a través de su apoyo a los ejércitos caudillistas; y que a partir del último tercio del siglo XIX “los gobiernos militares y los regímenes civiles autoritarios en el Perú han tenido mayores iniciativas — y un éxito mayor— que los gobiernos civiles constitucionales en implementar políticas estatales destinadas a favorecer al los sectores campesinos, es decir, incorporarlos a los beneficios del Estado y la ciudadanía”. En consecuencia, la intersección de ambos postulados genera la gran paradoja del autoritarismo: su herencia democratizadora. Una herencia que en el caso peruano se mantiene nítidamente vigente durante el gobierno militar de Velasco de 1968.

Sin embargo, lo que la autora no menciona, posiblemente porque escapaba a los objetivos de su ensayo, son los límites que ésta herencia democratizadora tiene. Aún así, estos postulados cobran mayor relevancia al rechazar Méndez la total singularidad de la historia de las Fuerzas Armadas peruanas: “pese a que la trayectoria del ejército peruano es excepcional en muchos sentidos, encaja dentro de un contexto andino que no es ajeno al populismo militar y a las alianzas militar-campesinas; con diversas variantes, este tipo alianzas se dio históricamente en Bolivia y Ecuador y (hoy se da) en Venezuela…”.

Siguiendo esta línea de pensamiento, con la persistencia de sistemas políticos frágiles en la región y una participación activa de los militares en la política nacional, como es el caso de Venezuela con Chávez, de Perú con Ollanta Humala, y lo fue de Ecuador con Lucio Gutiérrez, resulta válido preguntarse cuál es el rol que le compete a las Fuerzas Armadas de los países latinoamericanos dentro de los sistemas políticos actuales.