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18.5.08

Rompiendo con la hegemonía: el teatro bajo el régimen franquista. (II Parte)

Por Claire Wright




En la primera parte de este artículo, se identificaron tres pilares del régimen franquista: la familia, la culpabilidad y el silencio. En esta parte, se pasa a considerar su uso como temas y herramientas dramáticas en dos obras de teatro de los años cincuenta: La muralla de Joaquín Calvo Sotelo y La mordaza de Alfonso Sastre.

La muralla fue puesta en escena por primera vez en el Teatro Lara de Madrid el 6 de octubre 1954. En su autocrítica, Calvo Sotelo explica el concepto que es la base de la obra: ‘Hay murallas de piedra. Hay otras tan duras como ésas, formadas por los fariseísmos, por los egoísmos, por los prejuicios sociales.’[1] La obra se centra en la conciencia de Jorge, un pater familias que, después de sufrir un infarto, decide restaurar su finca a su propietario, Gervasio Quiroga. Motivado por su catolicismo y por su sentimiento de culpabilidad, se enfrenta a su familia que se preocupa más por su propio bienestar. Como consecuencia, Jorge no puede decir la verdad y muere de un infarto, gritando: ‘Tú sabes que yo he querido…. Vencer la muralla….’[2]. La obra ha gozado de un gran éxito, con más de 600 representaciones consecutivas en el Teatro Lara.

La mordaza fue puesta en escena por primera vez en el Teatro Reina Victoria de Madrid el 17 de septiembre 1954. De hecho fue una sorpresa agradable para Sastre que los censores aprobaran la obra, ‘en un momento en que todo lo que había escrito hasta entonces estaba prohibido’[3] La mordaza relata la historia de Isaías Krappo, un padre despótico que mata a un hombre, que había amenazado con matarle a él como venganza del asesinato y violación de su mujer e hija. Mientras que la familia Krappo se encuentra silenciada por el miedo, su nuera le denuncia e Isaías muere acribillado cuando intenta escapar de la cárcel. La obra fue recibida muy positivamente por los críticos contemporáneos porque: “se aparta radicalmente de ese teatro tópico, falso, impuntual, indiferenciado y anodino que asoma por lo general a nuestros escenarios. ”[4]

La familia

En La muralla, la acción se desarrolla en una casa típica de la clase media de Madrid. Además de Jorge, la familia está compuesta por: Cecilia, su esposa dedicada; su hija Amalia, una joven testaruda y enamorada; y la suegra Matilde, inteligente y graciosa. A primera vista, se trata de una familia tradicional, e incluso Matilde se defiende de la siguiente manera: ‘Hay toda una tradición que disculpa a las suegras que no miran con buenos ojos a sus yernos…’[5]. Sin embargo, la dinámica de la familia es algo siniestra ya que es la suegra - y no el padre - que empuja la acción e impone el silencio que lleva al dénouement. Jorge, en vez de ser jefe de familia, es más bien un actor individual que está preparado a arriesgar todo por su propia conciencia. Las divisiones están continuamente representadas sobre el escenario: por ejemplo, cada vez que Jorge habla con Matilde se levanta y en el punto culminante de la obra Jorge se cae, abrumado por la fuerza de su suegra. Mientras que muchos críticos han considerado a Calvo Sotelo como un ‘español de profundas y arraigadas convicciones’,[6] la familia presentada aquí es muy diferente al ideal del franquismo.

La situación en La mordaza es directamente opuesta a la de La muralla: en vez de un barrio madrileño se está en un mundo rural y sofocante. Mientras que Jorge prioriza su conciencia sobre el bienestar de su familia, Isaías – un personaje repugnante – vive por y a través de sus hijos. Al inicio de la obra Isaías se queja de que su hijo Teo no llegue a la hora de cenar: ‘Es un desprecio que hace a la familia.’[7] La sumisión se manifiesta de diferentes formas: la esposa Antonia intenta confrontarse a su marido pero es incapaz de hacerlo, Juan tiene miedo, Jandro es rencoroso y Teo de hecho es como su padre. Al final, cuando Luisa, la nuera, denuncia a Isaías, Jandro defiende a su padre: “Pero pienso que nuestro padre, por muchas cosas terribles que haya hecho, merece nuestro respeto de hijos.”[8] Sin duda, el público franquista le aplaudiría en este momento. Al nivel dramático, la mayor parte de la acción está constituida por las conversaciones en el salón, y sólo Isaías realiza gestiones fuera del escenario. Así, Sastre logra crear un ambiente de miedo y opresión a través de la situación dramática de la familia Krappo.


La culpabilidad

En La muralla, Jorge siente su culpabilidad en términos de una conversión religiosa, buscando el perdón de Dios más que de los hombres. Afirma simplemente: “Yo he hecho un daño y debo repararlo.”[9] Los demás personajes no están de acuerdo con él, y critica su “manera tan antipática…tan grandilocuente, tan queriendo abrumarnos con su virtud.’[10] No obstante, a través del lenguaje religioso lo que la obra explora es el tema de la culpabilidad política. Aprendemos que Jorge tomó la finca de Gervasio Quiroga cuando entró en ‘Badajoz con las fuerzas que lo ocuparon.’ [11] A pesar de unas fuertes críticas de los republicanos (‘no sé cuántas monstruosidades cometidas durante el mando rojo’[12]), simplemente inferir que los falangistas deberían compensar el daño que hicieron durante la guerra civil era sumamente subversivo para la época.

Mientras que Jorge en La muralla está consumido por su sentimiento de culpa, Isaías en La mordaza se empeña en justificar sus acciones. De hecho, su valentía y su actitud hacia la vida son dramáticamente atractivas, sobre todo cuando subraya la debilidad de su hijo: ‘Si lo que hubieras querido es ofendernos y lo hubieras hecho por fastidiarnos, para que nos diéramos cuenta de tu desprecio, sería otra cosa.’[13] Cuando se trata del asesino del forastero, lo considera como autodefensa, y en este sentido, llama la atención sobre la misma problemática que la de La muralla: la legitimidad de cualquier acción violenta: ‘Uno es un héroe o un criminal según las circunstancias, aunque el muerto sea el mismo.’ [14] De hecho, en La mordaza son los miembros de la familia los que se sienten culpables, como resultado de una estrategia clave por parte del padre: ‘Si alguno llegara a hablar, se arrepentiría. Los demás no podrían perdonárselo nunca. Ninguno de vosotros podría ser ya feliz.’[15] Cuando al final se encuentran liberados del tirano, ellos son abrumados por sus sentimientos de culpabilidad. Es un retrato muy preciso del ambiente provocado por cualquier pater familias manipulador.

El silencio

El silencio es una importante herramienta dramática para Calvo Sotelo en La muralla. El argumento mismo depende de la relevación de un secreto que sólo se releva al final del primer acto: ‘Por eso callé, porque te perdía si te lo confesaba.’[16] Luego, la acción de la obra está compuesta por los intentos de los demás personajes de silenciar a Jorge. Es interesante que el único momento en que el público sienta repulsión hacia el protagonista es cuando él mismo exige silencio a su hija y le da una bofetada: “‘Cállate… Te repito que te calles’[17] La voluntad de confesar de Jorge ofrece un comentario sobre la sociedad española de los años 50 y es la fuente de la acción dramática de la obra. Si podemos admirar al protagonista por algo, es por su deseo de articular su secreto, algo que por motivos dramáticos y temáticos, Calvo Sotelo le niega.

Como es el caso en La muralla, el silencio es el elemento catalizador de La mordaza. El forastero se acerca a Isaías y susurra: ‘He estado tres años sin hablar con nadie, pensando…’[18] Además, en este caso el silencio se usa como un mecanismo de opresión dentro de la familia. Con una fuerza que nos recuerda al protagonista de La casa de Bernarda Alba de Lorca, Isaías repite a todos los miembros de su familia: ‘Cállate’. En el último acto, cuando al final Isaías es detenido por la policía, sólo se oye la risa de Luisa y se ve el tirano quien se cubre los oídos gimiendo ‘No te rías, Luisa. No te rías. ’[19] Es interesante que Jorge de La muralla sienta dolor físico (un infarto) como consecuencia del silencio mientras que Isaías sufra por un ruido inesperado. Además, aunque el silencio es importante en la obra de Sastre, de hecho el dénouement de la obra depende de la articulación de la verdad y no de su supresión.

En mi modo de ver, el uso de tres pilares del régimen franquista como temas y herramientas dramáticas en dos obras representadas por primera vez en 1954, ofrece un ejemplo claro de un discurso oculto caracterizado por los elementos ofrecidos por la ideología hegemónica del momento. Al comparar las dos obras de esta manera, se aprecia hasta qué punto incluso un dramaturgo presuntamente conservador (Calvo Sotelo) estaba dispuesto a arriesgarse. Así, espero haber ofrecido unas observaciones en contra de dos teorías sobre el teatro bajo el franquismo: primero, que carecía de valor como drama, y segundo, que no ofrecía ningún comentario crítico del régimen.



[1] Sáinz de Robles 1954-55, p91
[2] Ibid.,p184
[3] Alfonso Sastre Obras Completas p283
[4] Sáinz de Robles 1954-5 p36 citando a Sergio Nerva de “España” en Tánger
[5] Ibid, p160
[6] Sáinz de Robles, 1954-55 p383 José Maríá Junyet “El Correo Catalán” Barcelona
[7] Alfonso Sastre Obras Completas p289
[8] Alfonso Sastre Obras Completas
[9] Sáinz de Robles, 1954-55 p 177
[10] Ibid.,p 177
[11] Ibid, p147
[12] Ibid p147
[13] Alfonso Sastre Obras Completas p295
[14] Ibid
[15] Alfonso Sastre Obras Completas p341
[16] Sáinz de Robles 1954-55 p147
[17] Ibid p181
[18] Alfonso Sastre Obras Completas p298
[19] Ibid., p337


2º Imagen tomada de http://www.flickr.com/photos/justamoment/2018681295/, por Sven Hagolani/zefa/Corbis

10.5.08

Rompiendo con la hegemonía: el teatro bajo el régimen franquista. (I Parte)

Por: Claire Wright



Después de una década pérdida - en que muchos intelectuales y artistas sufrieron una represión brutal por parte del Estado - ya en la década de los 50 una generación disidente empezó a surgir en España. Aún así, existe un consenso académico en cuanto a la pésima calidad del teatro bajo el franquismo, debido por un lado a una eficaz máquina de censura estatal y por otro a una falta de dramaturgos con talento. En el espacio brindado aquí, espero corregir esta visión algo hegemónica en sí, al considerar la incorporación de tres pilares del régimen franquista – la familia, la culpabilidad y el silencio – en la obra de dos dramaturgos de persuasiones políticas muy diferentes: Alfonso Sastre y Joaquín Calvo Sotelo.

Alfonso Sastre – quien se formó como crítico literario – fundó el grupo “Teatro de Agitación Social" en 1950. Escribió unas 23 obras de teatro, una novela y varios libros de poesía. Crítico del régimen franquista, se vio encarcelado dos veces y su obra fue víctima de una censura sistemática. Aún así, seguía firme con su objetivo de actualizar el teatro español y ponerle al día con el teatro disidente europeo. Para él, no era sólo la temática que importaba sino también la calidad artística: ‘sólo un arte de gran calidad estética es capaz de transformar el mundo. Llamamos la atención sobre la radical inutilidad de la obra artística mal hecha.’[1]

Por otra parte, Joaquín Calvo Sotelo era hijo de un funcionario conservador asesinado en la víspera de la guerra civil (1936). Él se exilió a Chile y viajó por todo el mundo, algo que suele sorprender teniendo en cuenta su visión bastante estrecha de la sociedad española. Abogado de formación, escribió unas 50 obras de teatro que fueron muy bien recibidas tanto por el régimen franquista como por el público español. Resulta muy difícil clasificar su drama ya que fue criticado por algunos por ser un mero reflejo de los valores del régimen y criticado por otros por tocar temas polémicos. Espero reflejar esta ambivalencia en la obra de Calvo Sotelo en el análisis realizado en la segunda parte de este artículo.

La familia, la culpabilidad y el silencio – traducidos en temática y acción en varias obras de Sastre y Calvo Sotelo - constituyeron tres pilares fundamentales del régimen franquista. A continuación se identifican las raíces de estos tres elementos en el pensamiento de este momento.

En cuanto a la familia, es importante reconocer que, desde Calderón hasta Lorca, el núcleo familiar ha constituido la base de gran parte de las obras de teatro en España. No obstante, la importancia de la familia en la vida social cobró un matiz especial bajo Franco. Primero, el caudillo se presentaba a sí mismo en el marco de un benévolo pater familias, capaz de unir a una España dividida. Segundo, el catolicismo formaba la base del pensamiento franquista y con ello la familia como unidad social básica, como queda claro en los siguientes elementos del Movimiento Nacional de 1958:

III España, raíz de una gran familia de pueblos.
IV La comunidad nacional se funde en el hombre, como portador de valores eternos y en la familia, como base de la vida social…
VI Las entidades naturales de la vida social: familia, municipio y sindicato….[2]

Sin embargo, también es importante reconocer que la esencia de la familia en España se encontraba seriamente debilitada por los conflictos que se habían producido entre hermanos durante la guerra civil. Además, el historiador Raymond Carr explica que el núcleo familiar constituía el blanco directo de la represión en contra de los oponentes del régimen ‘La mujer fue instrumento de chantaje para intentar que el hombre de la familia, si se hallaba huido, se entregase. Pero, sobre todo, para que volcase en el entorno familiar el silencio y el miedo….’ [3]






No cabe duda de que después de una guerra civil o momento de violencia política, viene un momento en que se establece una versión “oficial” para atribuir (y deshacerse de) responsabilidades. El sentimiento de culpabilidad se puede llegar a vivir en gran parte de la nación, y en el caso español fue una estrategia clave del régimen para establecer su versión hegemónica de la realidad del país. Sencillamente, el franquismo se recurrió a la culpabilidad como un elemento de su máquina de propaganda. Un ejemplo clave de esta estrategia era La Obra de Redención de Penas por el Trabajo[4] que obligaba a los prisioneros a desarrollar obras públicas y privadas para pagar sus “pecados” en contra de su patria “España”. La idea era ofrecer una catarsis colectiva a través del sacrificio, reflejando de nuevo la penetración del pensamiento católico en el discurso del régimen. Además, cualquier prisionero que admitió su culpabilidad fue demostrado a la nación como un ejemplo de un traidor arrepentido y salvado (y por ende, también del éxito del régimen).

El silencio es un elemento fundamental de cualquier sistema autoritario, ya que – obviamente – callarse se convierte en una estrategia de supervivencia. Juan Marshal, un escritor español exiliado durante los años cincuenta, explica la situación en los siguientes términos: “los ingenuos intentos de ciertos sectores juveniles falangistas por hacer populismo ‘por acercarse al pueblo’ se estrellaron contra el muro del ‘silencio general’ de la masa obrera, apaleada y atemorizada.”[5] Antes de mediados de los 50, no se dieron protestas en contra del régimen y las bolsas de resistencia se fueron atomizando. Es más, en el teatro, entre 1939 y 1963 todas las obras de teatro fueron sometidas a un riguroso proceso de censura, ya que el régimen era consciente del poder y la popularidad del teatro en el país. Cualquier obra con elementos críticos del régimen o de los pilares del pensamiento franquista se suprimieron, convirtiendo en su principal víctima precisamente Alfonso Sastre.

Ahora que se ha identificado la importancia de la familia, la culpabilidad y el silencio para el régimen franquista en España, a continuación se analiza el uso de los tres elementos para comunicar ideas y crear acción de valor dramático en dos obras de los años 50: La muralla de Joaquín Calvo Sotelo y La mordaza de Alfonso Sastre. Lo más curioso es que los dos autores, aunque oficialmente tenían diferentes posturas ideológicas, lograran subvertir estos tres elementos en el teatro y así minaron la hegemonía creada por el franquismo con las armas culturales que el franquismo mismo les ofrecía.

(To be continued…)






[1] Alfonso Sastre, “Once notas sobre el arte y su función” en Anatomía del realismo, Barcelona Seix-Barral p19
[2] www.cervantesvirtual.com
[3] Carr, Raymond (2000) Spain: A History Oxford University Press
[4] Núñez Díaz-Balart, Mirta (2004) Los años del terror: la estrategia de dominio y represión del General Franco La Esfera de los Libros, Madrid
[5] Marshal p 39
1º imagen tomada de http://es.123rf.com/stock-photo/alba%F1il.html