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21.5.08

¿NACIONALISMOS DE IZQUIERDA? (III y última parte)

Por: Nayib

En cada uno de nuestros estados sur y centro americanos encontramos la presencia de diversos tipos de nacionalismo: el neo burgués, de izquierdas, populistas, militaristas, étnico culturales y cívico territorial occidental; y que en sus respectivas sociedades políticas interactúan entre sí e inclusive producen conflictos internos.

La globalización que se manifiesta como un proceso complejo y conflictivo y que pone de manifiesto el componente ideológico, el neoliberalismo; y el político, el hegemonismo; produce varias reacciones en estos grupos, movimientos o partidos nacionalistas; algunos se adhieren, otros se adaptan y los últimos se oponen o no aceptan este orden de cosas, por lo que se han convertido en los outsiders de la mundialización. Recordamos que las izquierdas han sufrido una gran transformación, su acción política ya no es para implantar una sociedad sin clases; ahora es por lograr un mundo más justo y equilibrado social y naturalmente, y esto explica su mayor presencia en la esfera del derecho, la sociología y la ecología. Quizá por estos motivos, pero sin dejar de ser en esencia reformistas y anti conservadores, muchas veces se arropan o adhieren a movimientos nacionalistas o populistas como vehículos para llegar a obtener una cuota de participación en la vida política de los países.


Entonces, nos atrevemos a afirmar la existencia de un nacionalismo post moderno definido como la doctrina y sentimiento que profesa una comunidad o grupo que busca obtener el poder del Estado, vía proceso electoral -manteniendo el recurso de la violencia en caso de que el sistema niegue este cometido-, sosteniendo la proyección de una comunidad mayor integradora de las coincidencias y diversidades lingüística, étnica, cultural; y con una historia común que reconozca la localidad; para reformar las estructuras políticas, sociales y económicas mediante el empoderamiento de la sociedad política; y con el fin de lograr la plena ciudadanía y aminorar las desigualdades sociales y económicas.


Volvemos a enfatizar que en este mundo dividido ya no en derechas e izquierdas sino en Globalismo y Antiglobalismo, se vienen acentuando conflictos interculturales, internacionales e interétnicos; pero en América del Sur, Centro y el Caribe esta división se replica también entre las masas empobrecidas y el Estado, generando una inestabilidad de los regímenes de gobierno sometidos a esta tensión que se vuelve crónica y que potencia la amenaza de una nueva forma de subversión que no se apoyaría, como en los tiempos comunistas, en un sistema de contravalores a la cultura nacional, sino que tendería a afirmarse en valores tradicionales reconocidos como positivos (afirmación nacionalista o defensa de las tradiciones y valores religiosos o étnicos), lo cual hará muy difícil combatir este tipo de confrontación pues va a encontrarnos con nuestras conciencias divididas.

9.5.08

Globalización VS Nacionalismos



Por: Nayib


Siguiendo la línea de nuestra amiga Claire, describo algo del nuevo partido de liga mundial que se está jugando raudamente y en alguno de los casos a más de 3,000 metros de altura.

Los procesos de globalización o mundialización suelen mostrar claroscuros. El actual, que realmente engloba a todos; como ocurrió en otros momentos del pasado, hace de la exclusión y de la destrucción de la memoria las marcas sociales más contundentes.

Fernand Braudel insiste enérgicamente en el hecho de que pensar sólo en lo económico sería no sólo un error sino también un peligro. La historia económica del mundo, escribe, es la historia entera del mundo, pero vista desde un solo observatorio, el observatorio económico. Elegir este observatorio es privilegiar una forma de explicación unilateral y peligrosa. Subraya que, en toda globalización, hay cuatro aspectos esenciales que constituyen órdenes: un aspecto económico, un aspecto social, un aspecto cultural, un aspecto político. Insiste asimismo en el hecho de que estos órdenes, aun cuando son útiles para analizar el fenómeno, no funcionan y no deben ser considerados separadamente, sino que, en cierto modo, forman un sistema. La globalización, en general, llama a la sublevación de aquellos para quienes ella deviene no ya un beneficio sino una explotación e incluso una expulsión.

El antropólogo y filosofo Fernando Fuenzalida Vollmar afirma que la globalización se manifiesta como un proceso complejo y conflictivo, que pone de manifiesto dos componentes significativos, el ideológico y el político; el componente ideológico es el Neoliberalismo y el componente político el hegemonismo.

El neoliberalismo en oposición al liberalismo clásico que reproduce en forma inversa el modelo de presentación del comunismo, nos propone pues una formula dogmática que se asienta en una teoría y metodología particular de las ciencias económicas, como el comunismo, afirma la infalibilidad de sus postulados y la fatalidad de sus predicciones desconociendo el desafío de la propia realidad.

El componente político denominado hegemonismo nace de la distorsión de la originaria teoría liberal de la institucionalidad de la vida política y social y de la economía de mercados, ahí donde el liberalismo reclama la importancia del juego limpio (fair play) el hegemonismo se acoge a la supervivencia del más fuerte, propician no la globalización sino la globalización asimétrica de tendencias centralizadas.

El mundo dividido en la escena política ya no en derecha e izquierda sino en Globalismo y Antiglobalismo , viene acentuando estos conflictos; el conflicto en América del Sur, que se hace cada vez mas manifiesto, es el de las masas empobrecidas y el Estado, generando una inestabilidad de los regímenes de gobierno sometidos a esta tensión que se hace de este modo crónica y se potencia la amenaza de una nueva forma de subversión que no se apoya como en los tiempos comunistas en un sistema de contravalores sino que tiende a afirmarse en valores tradicionales reconocidos como positivos (afirmación nacionalista o defensa de las tradiciones y valores religiosos o étnicos), lo cual hará muy difícil revertirla pues va a encontrarse con nuestras conciencias divididas

La relación entre el hegemón de este nuevo sistema y América Latina y el Caribe se dara con marcada desconfianza y suspicacia, de manera asimétrica y desigual; y lo aplicado aquí con sus correspondientes particularidades no estará muy lejos de la política general internacional. También, mantendrá e innovará los aspectos positivos en esta relación, de odio y amor, referidos al intercambio cultural, el turismo, el traslado de tecnologías, alianzas diplomáticas, sociedades comerciales, cooperaciones, etc. El espíritu de esta relación contradictoria será muy bien expresada en el siguiente párrafo escrito por el escritor mexicano Octavio Paz:

están siempre entre nosotros, aun cuando nos ignoren o nos den la espalda. Su sombra cubre todo el hemisferio. Es la sombra de un gigante. Y la idea que tenemos de ese gigante es la misma que puede encontrase en cuentos de hadas y leyendas: un gran individuo de amable disposición, un tanto simple, un inocente que ignora su propia potencia y al que podemos burlar la mayor parte del tiempo, pero cuya ira puede destruirnos”[1]

Este pensamiento globalizador se hace praxis y tiene las siguientes manifestaciones: 1) el control común de su población interna (propaganda intensiva), y de la externa (incluye medios directos: Ej. En Latinoamérica y el Caribe: San Salvador, Nicaragua, Guatemala, Panamá, Chile, Granada, Venezuela, etc.); 2) resguardar el sistema de la toma de decisiones de la élite global; 3) aplicación del concepto de guerra preventiva, aún contraria al derecho internacional; 4) desarrollo de medios de destrucción; 5) prevenir cualquier desafío al “poder, posición y prestigio del hegemon”.

[1] Octavio Paz, “El espejo indiscreto” junio de 1981 pp 27,33; citado por el autor en la pag. 17

30.4.08

¿Nacionalismos de Izquierda en América Latina? II Parte

Por Nayib

Los estudiosos Whitaker y Jordan han distinguido cinco categorías descriptivas del nacionalismo según los grupos sociales que articulan cada una de ellas: 1) el nacionalismo rural tradicional, una especie de nacionalismo nostálgico que se opone a la influencia cultural externa y mientras más lejana peor; 2) el nacionalismo de la vieja burguesía defendido por la clase media tradicional y vinculada al liberalismo político y económico; 3) el nacionalismo neoburgues de las nuevas clases medias que constituyen la burguesía nacional, el cual se manifiesta como nacionalismo económico acentuando el papel del capital y de la empresa privada, pero oponiéndose a la inversión extranjera; 4) el nacionalismo populista, vinculado con las concepciones social revolucionarias; y finalmente, 5) el nacionalismo nasserista (Velasquista), también relacionado con concepciones social revolucionarias pero sostenido principalmente por los militares.

Kalman H. Silvert propone tres categorías funcionales para caracterizar el nacionalismo: 1) nacionalismo como patriotismo, 2) el nacionalismo como valor social que determina la lealtad del ciudadano con el Estado; y, 3) el nacionalismo como ideología, que instrumentaliza los símbolos y las metas nacionales convirtiéndolos en acción política para el enaltecimiento de la nación.

Hasta acá hemos utilizado los términos nación y nacionalismo de manera indistinta y sin embargo tienen diferentes definiciones. Una buena disquisición nos la proporciona el historiador Luis Millones: Nación implica comunidad de cultura, conciencia de pertenencia, proyecto común y relación con un territorio, entidad con la que se identifican espontáneamente un conjunto de personas con el Estado - definido como el poder político y administrativo unificado, soberano, sobre un territorio limitado, que se reserva en para sí el monopolio de la violencia legítima-; esta identificación del Estado con la nación es una invención moderna, que conllevó a la unificación de semejantes, a la comunidad imaginada[1], en el Estado Nación soberano, mediante el estatus de ciudadanía reconocido por un contrato social producto de la voluntad general, que establecía igualdad de derechos y deberes. Ahora bien, por nacionalismo entiende a la ideología que sustenta las siguientes proposiciones: 1) Nación y Estado deben coincidir, 2) el Estado Nación es soberano y no admite ni comparte ningún poder ajeno a él y 3) el Estado-nación es una unidad colectiva que realiza valores superiores comunes a todos sus miembros[2].

Hans Konh hace un juicio de valor al otorgar la cualidad positiva al nacionalismo cívico territorial occidental, y negativa al nacionalismo étnico cultural oriental; soslayando la importancia que tuvo para occidente cierta unidad étnica y cultural para el desarrollo del nacionalismo que él valora como positivo. Aplicando la lógica Si para H el nacionalismo étnico cultural es negativo y Europa fundamenta su porvenir en este tipo de nacionalismo entonces la inferencia es contradictoria.

El sociólogo hindú Partha Chatterjee desarrolla una interpretación del nacionalismo desde el enfoque del origen colonial de carácter occidental. Nuestros países latinoamericanos y caribeños hemos construido el carácter nacional de un modo diferente a las metrópolis, mientras en occidente el nacionalismo fue formado apelando a categorías propias del desarrollo occidental, en América esto ocurrió refiriéndose a la diferencia, es decir en base a la tradición, o particularidad, del pasado histórico. Conceptos universales como ciudadanía, democracia o sociedad civil no tuvieron referentes autóctonos y por eso produce un desencuentro muy fuerte. ¿Qué contenidos llenan el concepto de nación para latitudes como la India, África, Asia y América colonizadas? Sin duda son más heterogéneos que las categorías impuestas por occidente y desde un criterio universal. Además, plantea que en nuestras latitudes la llamada sociedad civil, no es tal debido a la exclusión de las mayorías en el ejercicio de los derechos ciudadanos y que, por lo tanto se está dando el fenómeno de sociedad política, porque los más ahora exigen, mediante el reclamo, y quizá de modo fragmentado, más participación en el poder, la economía, la educación, el trabajo, etc.

[1] La nación es una comunidad política imaginada como inherentemente limitada. Es imaginada porque los miembros de la nación aun la más pequeña no conocerán a la mayoría de sus compatriotas, limitada porque ninguna se imagina con las dimensiones de la humanidad, y son soberanas porque surgió en la época en la que la revolución y la ilustración acababan con la legitimidad monárquica y la jerarquía. Benedict Anderson. Comunidades Imaginadas. FCE. México, 1991.
[2] Luis Millones. Estado Plural, pluralidad de culturas. (México: Paidos, 1998), 13-62.

23.4.08

¿Nacionalismos de Izquierda en América Latina? I Parte

Por Nayib

El nacionalismo es un sentimiento de arraigo a un territorio y comunidad humana, de identidad con la gente que habita en él, su quehacer material, cultural y espiritual; de compartir tristezas, fracasos, logros y alegrías, y aún cuando no se logre conocer a todos los miembros de esta gran comunidad crees compartir las mismas querencias. En Occidente, desde un principio, se fueron acuñando una serie de valores compartidos a través de una historia más o menos común y los estados nación surgieron ofreciendo ciudadanía, igualdad ante la ley y participación en la toma de decisiones políticas que le atañe a esta sociedad civil. Por esto, en los países del primer mundo, occidentales, el nacionalismo es algo natural y sano, y sólo despierta preocupación cuando inspira doctrinas o ideologías totalitarias y dañinas, o fanatismos xenófobos o de destinos manifiestos.

En latitudes colonizadas por el hombre occidental, los grupos que emprendieron las luchas por la liberación e independencia de los pueblos afincados en los territorios de América, África y Asia, una vez acometida tamaña empresa y sentenciada por sangrientas guerras o épicas resistencias pacíficas, fundan los nóveles estados nación. Y aquí surge la primera encrucijada ¿qué nación? funda este nuevo estado de cosas; ¿La original con su propia cosmovisión del mundo, creencias, cultura y raza; o la recientemente instaurada a fuerza de espada, derecho internacional occidental y religión?

En la mayoría de los nuevos estados se aplicó una definición ecléctica; escogiendo alguna parte, normalmente menor, del carácter de la proto nación, atávica; y la otra, que respetó la estructura política, social, económica; y mantuvo el carácter cultural occidental; en otras palabras, el estatus de los descendientes del colonizador.

Hablar de nacionalismo, hace poco tiempo atrás, era referirnos a un valor reconocido como positivo para el fortalecimiento y desarrollo de la identidad del estado nación; sin embargo, los fuertes vientos de la globalización relativizan este sentimiento de arraigo e invitan a los pueblos a constituirse en ciudadanos de un mundo en proceso de homogenización. Entonces, ser nacionalista resulta hoy poco moderno y hasta anacrónico. Existen grupos sociales que no concuerdan con esta visión, hasta cierto punto utópico, de la aldea global, y se adhieren a un pensamiento anti sistema, pretendiendo construir un andamio ideológico basado en el nacionalismo con tendencias reformistas y, en no pocos casos, empleando la violencia.

Según el Diccionario de la Lengua Española el nacionalismo es la ideología que atribuye entidad propia y diferenciada a un territorio y a sus ciudadanos, y en la que se fundan aspiraciones políticas muy diversas. Max Weber refiere que la nación es un concepto que, si se considera unívoco, no puede nunca ser definido de acuerdo con las cualidades empíricas que le son atribuidas. Quienes lo utilizan le dan, por lo pronto, el siguiente significado indudable: la posesión por ciertos grupos humanos de un sentimiento específico de solidaridad frente a otros. Concepto que pertenece a la esfera estimativa. Sin embargo no hay acuerdo ni sobre la forma en que han de delimitarse tales grupos ni acerca de la acción comunitaria resultante de la mencionada solidaridad.[1] Siempre el concepto de nación nos refiere al poder político y lo nacional es un tipo especial de pathos que en un grupo humano unido por una comunidad de lenguaje, de religión, de costumbres o de destino, se vincula a la idea de una organización política propia, ya existente o a la que aspira y cuanto más se carga el acento sobre la idea de poder, tanto más específico resulta ese sentimiento patético.

Ahora desarrollaremos un análisis más detallado sobre el nacionalismo. El cientista político Hans Kohn[2] acuñó el concepto del tipo de nacionalismo cívico/territorial occidental, caracterizándolo como continente de los principios de revaloración de la democracia participativa, los derechos del hombre y el ciudadano, la igualdad ante la ley con los mismos deberes y derechos, del humanismo y la constante búsqueda del bienestar general[3]. Aún cuando utópico y positivo su mejor rostro se trasluce en el ahora armonioso, y paradigma de la globalización, continente europeo, un occidente mejor definido y delimitado comparándolo con otras latitudes del mundo. Pero, todo este atributo tan positivo del nacionalismo sólo se evidencia cuando Nación y Democracia van juntas, son pares indisolubles, y pertenecen a la comunidad organizada sobre la base de individuos que comparten ciertos rasgos: lugar de nacimiento, cultura, idioma, pertenencia a un territorio, religión, costumbres, historia, vicisitudes de la vida; y que tienen una mayor participación en la toma de decisiones sobre la vida política, social, jurídica y económica de la nación. Una nación inclusiva que no margina ni excluye.

Ahora, ¿Éste es el único tipo de nacionalismo?

[1] Max Weber. Economía y Sociedad. FCE. Mexico. Ed. 1984. Pag. 678, 679.

[2] Hans-Joachin König. “Nacionalismo y Nación en la Historia de Iberoamerica” En Hans-Joachin König, Tristan Platt y Collin Lewis. Estado Nación, Comunidad Indígena, Industria. Tres Debates al Final del Milenio. Holanda, 2000. Pag. 12. Hans Kohn, es miembro prominente del movimiento sionista e historiador académico, hizo contribuciones importantes al pensamiento en nacionalismo, identidad nacional, al estudio de los procesos del edificio de estados y naciones, y a la confrontación entre europeo y no europeo, específicamente culturas orientales.

[3] Este mismo nacionalismo cívico territorial occidental ha originado el nazismo y fascismo destructivos, así como de las actuales corrientes xenofóbicas de la juventud europea en contra de los inmigrantes de “color” que forjan el nuevo proletariado del primer mundo.

1.4.08

LA HISTORIA CONTADA POR LOS PUEBLOS ORIGINARIOS DEL PERÚ

Por Nayib

Somos los pueblos originarios, descendientes de las grandes culturas autóctonas desplegadas y desarrolladas en el espacio andino - entendido como el gran y diverso espacio geográfico caracterizado por la Cordillera de los Andes, en donde el hombre originario, quechua, aymara y amazónico; en su interacción, crean manifestaciones culturales propias y relacionadas entre sí - , con una sabiduría acuñada en 12,000 años, y que logró adaptar y dominar una realidad geográfica, topográfica y climática adversa. Campeones de la biotecnología y el empleo sostenido de los recursos naturales, herederos del único y gran imperio del mundo al sur de la línea ecuatorial, con una lengua troncal rica en significado, una raza cobriza común y dueños de estos riquísimos territorios. Somos los pueblos originarios de estos territorios que ahora se llaman Perú, que en 1532 fuimos invadidos por el hombre de occidente, su sed de sangre y riqueza, y una visión euro céntrica que todo discrimina y donde el blanco es la medida de todas las cosas.

De ser dueños de nuestra propia historia pasamos, y luego de cuarenta años de resistencia, a constituir parte secundaria, casi tangencial de la historia universal de occidente. Silenciaron las vidas de millones de hombres andinos y selváticos con su espada, pólvora y cañón; gripe, viruela y peste, y con mucha explotación y servidumbre en las encomiendas, haciendas, obrajes y mita minera. Los sobrevivientes fuimos desplazados y desarraigados, y obligados a abrazar nuevos hábitos, costumbres y religión.

Pero una cultura tan viva como la nuestra mantuvo su capacidad de adaptarse y resistir, y también exigir con las mismas leyes o armas del conquistador. La Rebelión de Túpac Amaru II fue la gran oportunidad perdida, para que este espacio andino sea nuevamente nuestro y borrar 300 años de ignominia. La respuesta a esta reacción nativista, fue de una virulencia tal, que mataron a nuestros viejos curacas y pretendieron borrar de la memoria nuestro gran pasado; a la vez que despertaron en el criollo y mestizo un temor a nuestra arrolladora fuerza.

Estos criollos y mestizos lideraron con éxito el esfuerzo independendista del Perú, nacimos como república, y proclamaron ciudadanía, igualdad de derechos y participación en la vida política del novel país.

Vemos que el siglo XIX representó para la élite criolla latinoamericana el inicio de una vida independiente, la definición del nuevo sistema político y económico, y la búsqueda-conformación de una identidad con características que particularicen la nacionalidad de los emergentes países, la nación proyectada. La alusión a la población aborigen, en los discursos políticos e intelectuales durante y después del proceso independentista, fueron de algún modo una simple figura decorativa y retórica, circunspecta a la búsqueda de valores positivos en los antecedentes autóctonos prehispánicos de sus atávicos paisanos, la nación histórica, y en la mayoría de los casos como contraposición o negación, paradójicamente, a un legítimo e inmediato pasado colonial español. Las decisiones políticas, económicas y sociales adoptadas se tomaron sin considerar la voz de las poblaciones indígenas, de espaldas a ella y en no pocos casos contra éstas.

Sin embargo, esta consideración hacia lo indígena estará correlacionada según el número, la presencia dentro de los territorios recién constituidos, la importancia para el sistema económico y al grado de adaptabilidad a los principios de la civilización occidental. Por ello, las grandes poblaciones indígenas del Ecuador, Perú y Bolivia, y los grupos aimaras, ubicados en Chile y Argentina; serán percibidos de modo diferente a los indios catalogados como no asimilables, difícilmente “reducibles o domesticados”, inadaptados para la vida civilizada, salvajes o simplemente excedentes poblacionales, como el caso de las tribus amazónicas, y los araucanos en las Repúblicas de Chile y Argentina.

Por esto, a pesar del largo proceso histórico y estando pronto a cumplir el bicentenario de vida republicana vemos como muchos de los ideales democráticos de justicia y equidad están pendientes, y redefiniéndose ante el rápido cambio que se viene produciendo en el mundo que nos exige cada vez más dejar de SER sin antes HABER SIDO.

5.11.07

Más sobre música (no hay primera sin segunda)

Pregunta para los conocedores...

En América del Sur hay un conjunto único de ritmos en 6/8 que tienen un grado de parentesco más allá de toda duda. Pueden parecer hermanos, como la cueca nortina y paceña, o la marinera puneña, cuzqueña, arequipeña y ayacuchana; primos hermanos, en el caso de la marinera norteña y el tondero; o con un ancestro perdido en la memoria, como la marinera limeña y la zamba argentina. Todos estos ritmos, sin embargo, mantienen un aire de familia que sugiere un origen común.

La pregunta es si acaso existe un árbol genealógico convincente de esta familia.

¿Cuál es el origen común?

Mi opinión de amateur es que la cueca y la zamba se ven más “puras”, en el sentido de conservar una estructura a la que en las marineras de la sierra se le ha añadido fuga en huayno y en el canto de jarana limeño, la resbalosa.

¿Qué decir de esto? ¿Podría hacerse entonces una analogía con la forma en que se explica la difusión de las lenguas? Según ciertos lingüistas, el origen de una un idioma se encuentra donde este presenta más variaciones, porque el tiempo la corrompe. Por ejemplo el quechua tiene más variedades en la sierra central, etc.

¡Puras especulaciones! hasta que no se documenten las influencias que dieron origen al ancestro común de estos ritmos, que muchos sitúan en la zamacueca.

Y quiénes mejor que los historiadores para hacerlo.


Marinera limeña o zamacueca




Marinera norteña




Tondero




Marinera ayacuchana




Marinera arequipeña




Marinera puneña




Cueca paceña




Cueca nortina




Cueca chilota




Zamba


28.10.07

¡Ay Caral! Feliz 13 aniversario

Por: Paul E. Maquet



Feliz aniversario: el proyecto Caral-Supe cumple 13 años cambiando la historia del Perú

Acabo de llegar a Lima emocionado luego de conocer la ciudad de Caral, que según las investigaciones en curso es la más antigua de América. Antes que nada quiero enviar desde aquí un enorme abrazo y unas felicitaciones a todo el equipo de arqueólogos y técnicos del Proyecto Especial Arqueológico Caral-Supe, que el día de hoy (27 de octubre) cumple 13 años de trabajos. Los festejos tuvieron lugar este viernes y sábado, e incluyeron un pago a la tierra, danzas, actividades culturales, comida y (lo más importante para los misios como yo) ingreso y guiado gratis. Aprovecho para mandar un saludo especial a Miguel, poblador caralino y trabajador del proyecto, quien nos guió el día de hoy.

Mi emoción por haber conocido esta Ciudad de 5 mil años de antigüedad proviene, claro, del hecho de que la arqueología siempre ha sido una de mis (no tan secretas) pasiones. En la época de la elección vocacional, luego de algunas dudas, opté por dedicarme a testimoniar el presente... pero siempre me quedó el bichito por el “periodismo de la historia”, la arqueología, que es la que nos permite conocer la vida cotidiana y las cuitas de quienes pisaron esta tierra mucho antes que nosotros.


Pero más allá de esta pasión muy personal, mi vivo interés por conocer Caral y todo lo que allí se está investigando proviene del hecho de que la historia del Perú que yo estudié en el colegio y, luego, en la universidad, ha sido puesta de cabeza. Cuando yo era feliz e indocumentado, como diría Gabo García Márquez, la historia del Perú antiguo empezaba nebulosamente con un período formativo cuyas expresiones más complejas eran Sechín o Kotosh. Luego, seguía el “primer horizonte”: Chavín. Es decir, la historia de la civilización andina empezaba en la sierra y alrededor de 3400 años atrás.

Ahora, 13 años de excavaciones en Caral nos vienen a revelar que esta sociedad compleja que coordinó a 20 centros urbanos y realizó intercambios con la costa, la sierra, la selva y con poblaciones de la zona ecuatorial tiene nada menos que 5 mil años de antigüedad. La primera reacción cuando a uno le dicen que la cuna de la cultura andina había sido contemporánea a las sociedades egipcia o mesopotama responde a un natural infantilismo chauvinista: un irrefrenable orgullo con mayor sustento histórico que la declaración de Machu Picchu como “maravilla” moderna. Aún falta mucho por investigar y los arqueólogos de Caral son muy cautos en no aventurar hipótesis que no tengan cómo sostener. Falta, además, un fino trabajo para reelaborar la línea de desarrollo de la civilización andina y explicarnos cómo encaja Caral en la historia que nos habían contado. Pero a los hinchas que miramos desde la tribuna el trabajo de los investigadores no nos queda más que aplaudir con emoción y gritar apasionadamente este golazo arqueológico.

Pasada la emoción infantil, lo que me han contado hoy mientras caminaba entre las arenas del valle de Supe me provoca algunas reflexiones sueltas. Una de ellas es sobre qué significado tiene este descubrimiento en nuestra manera de ver al Perú. Nuestro país, lo sabemos, está partido en dos: por un lado está “lo andino”, “lo provinciano”, “lo serrano”; por otro, en situación de tensión y conflicto, está “lo europeo”, “lo limeño”, “lo costeño”. Como en la época colonial, “la república de indios” versus “la república de españoles”: más allá de lo compleja y dinámica que es nuestra realidad cultural (sobretodo en nuestros tiempos), esta oposición dual sigue muy presente. Las últimas elecciones así lo demuestran. Por eso, me pregunto, ¿qué efectos puede tener en nuestra autopercepción como país el saber que la civilización andina tiene su origen a 4 horas de la ciudad de Lima? Por más tonto o elemental que suene, la costa -que ha sido “reconquistada” por los pobladores de la sierra durante las últimas 4 décadas, como lo demuestra la historia de Lima, de Chimbote, de Ica y de casi todas las ciudades del litoral- es tan andina como la papa huayro. Ya las investigaciones de Cerrón Palomino nos habían mostrado que la lengua quechua había nacido en la costa central. Pero hoy tenemos una evidencia concreta, tangible -pétrea- del origen costeño del mundo andino, que tal vez ayude a des-esencializar algunos relatos nacionalistas.



Por otro lado, pensaba en cuánto tenemos aún que aprender de la forma en que nuestros abuelos (en el sentido más amplio) se organizaron. Con Caral confirmamos que la civilización andina tenía 5 mil años (o más) aprendiendo a dominar nuestra difícil geografía. Esta ciudad fue ocupada durante mil años, así que podemos imaginar la cantidad de fenónenos del Niño, sismos y friajes que habrá tenido que soportar. Los caralinos supieron muy bien cómo responder a los desafíos que les puso nuestra pachamama, gracias a técnicas como la construcción sismo-resistente. Pero, además de la “tecnología”, hay una clave en el desarrollo del mundo andino: la cooperación. Como John Murra ya señaló, la posibilidad de acceder al máximo de recursos de diversos pisos ecológicos es fundamental en una geografía como la nuestra, que nos ofrece diversidad pero no extensión de terrenos cultivables. Los caralinos producían algodón, pallares, calabazas y frutas; pero gracias al intercambio obtenían pescado, ají, mullu, material combustible y otros bienes desde el litoral, la sierra, la selva y el norte. Un detalle muy importante: aún no se han encontrado (al menos no en una cantidad relevante) armas. Es muy probable que la violencia haya jugado un rol en esta sociedad. Pero la evidencia indicaría que no fue un rol determinante. Como es recurrente en otras culturas andinas, la guerra era un instrumento, pero las alianzas políticas y la cooperación recíproca eran un mecanismo mucho más exitoso para el desarrollo de las sociedades complejas.

¡Ah! Lo que sí se ha encontrado es vastos juegos de instrumentos musicales de viento: flautas, antaras y silbatos en hueso de pelícano y de venado. Una ciudad alegre, musical y festiva, ¡claro que sí!

Por último, he quedado muy impresionado porque, al menos desde fuera, Caral parece funcionar como debería ocurrir con todos los proyectos arqueológicos. El Estado (gracias a Paniagua) se puso las pilas y le asignó un presupuesto propio que les ha permitido ampliar sus perspectivas. Además, se ve rigor y cariño por el proyecto y, quizá más importante aún, un vínculo con la localidad. Aparentemente la apuesta es que los pobladores del valle de Supe sean los primeros en reconocer el valor de la ciudad, y que por lo tanto la defiendan y la cuiden. Hay un énfasis especial en involucrar y capacitar a la población local, la mayoría de técnicos y guías son de la zona y el proyecto busca insertarse en el plan de desarrollo del valle como un elemento estratégico.



¡Bravo por los responsables del proyecto y por cada uno de los trabajadores que lo sacan adelante! ¡Feliz 13 aniversario!

Aquí termino. Solo recomiendo que se animen a conocer la cuna de la civilización andina. Es muy fácil llegar: en Abancay o en Fiori salen unos carros que cobran en promedio 10 soles hasta Supe y demoran 3 horas. En Supe se toman unos colectivos que por s/. 3.50 y en una hora de viaje dejan en el camino a Caral. De allí son solo 15 minutos a pie. Se recomienda llegar por la mañana, porque hay mucho por conocer y los carros de regreso solo salen hasta las 4 de la tarde. ¡Ah! Normalmente se cobra ingreso y guiado, pero ¡vale la pena! Para mayores informes, nada mejor que visitar la propia página web del proyecto: http://www.caralperu.gob.pe/

Leyenda de fotos:
1. Vista panorámica desde la entrada de Caral

2. Fogón ritual, circular, con canaleta para la entrada del aire y alimentado con "pumpush", una planta combustible traída de la sierra.

3. El "anfiteatro" circular, donde se realizaban reuniones, ceremonias y, también, tocadas con instrumentos de viento.

4. La Pirámide mayor, con sus cuatro grandes y enigmáticos monolitos.

25.3.07

Algunas respuestas sobre el tema de la Guerra del Pacífico


En vista de las varias respuestas, sobre todo de amigos chilenos, y la atención prestada al tema, aquí resalto lo más importante de los comentarios vertidos. Mención especial merecen los comentarios de la web:

http://www.chilewarez.org/

En donde el amigo campana de goma puso un link del artículo, y que ha tenido interesantes respuestas. Aquí resaltaremos varias de ellas.

Nayus dijo: "Bueno, la explicacion da importancia a los factores politicos y militares, es simplemente que en historia se vienen jugando mas con la base economica social como punto base para explicar los hechos, cosa que tampoco es la panacea pero es lo mas usado."

Anónimo dijo: "Lo cierto de todo esto es que esa guerra ha dejado una herida que no cicatriza y negarlo o relativizarlo no es manera de solucionar el problema. 1879 es la linea que divide lo que pudo ser de lo que somos y ya es hora de que encaremos ese pasado nefasto."

Martin Tanaka dijo: "Solamente una cosa: la discrepancia conmigo parece estar en la idea de que la definición de las guerras no depende solamente del poderío militar, sino también de factores sociales, ej. EU vs Vietnam. De acuerdo. Solamente diré que "normalmente" gana quien es superior militarmente, y excepcionalmente ocurre lo contrario. Lo de Vietman fue excepcional, y por ello requiere una explicación especial. Sin embargo, no habría nada raro en la Guerra del Pacífico. Dejo la palabra a los expertos, debería haber una evaluación exhaustiva del poderío militar de los tres países al inicio, y así determinar si el resultado era previsible. A mí me parece, sin saber mucho, que perdida la campaña marítima, ya la guerra estaba casi perdida."

El cantante dijo: "Me parece que un factor que ha enturbiado mucho nuestras relaciones con Chile, más incluso que la propia guerra, fue la ocupación de Tacna y Arica por casi medio siglo. Es decir, de una guerra te recuperas y hasta rápidamente (Japón), de un historial de guerras pueden surgir aliados comerciales (Francia-Alemania), de una mutilación territorial te olvidas (México), pero qué sucede cuando por tanto tiempo un país vecino planta su bandera en suelo nacional y violando además el tratado que supuestamente le ponía fin al conflicto.Como historiador me interesa reflexionar no tanto en lo odioso o injusto de la situación, sino en lo gravitante que ha sido para formar una memoria especial frente al país del sur. La sensación de impotencia ha de haber sido grande. Por lo menos tres generaciones formadas, en la familia, en la escuela, en la universidad, bajo una humillación colectiva cotidiana. La guerra nunca pudo cicatrizar, en ese sentido. Se trata de un caso en que el tiempo no aportaba olvido sino todo lo contrario."

marcayuq dijo: "Evidentemente, no se trata de negar o relativizar el tema de la guerra del Pacífico, sino de encararlo con una nueva visión crítica que esté distante de las posturas nacionalistas y revanchistas. Con respecto a los comentarios de Martin Tanaka, en los conflictos bélicos a través de la historia, aunque no soy experto en el tema, el poderío militar siempre ha tenido relativa importancia, sobre todo en el pasado lejano. Ahora con la guerra moderna su relatividad ha dejado paso a una mayor contundencia y peso en los resultados. La batalla de las termópilas en la antiguedad es un ejemplo interesante. Pero, ¿hasta qué punto en la guerra con chile el poderío militar influyó en el resultado? Evidentemente dio ciertas ventajas al país del sur, pero los aspectos sociales o casuales pudieron haber volteado el resultado. (...) Un ejemplo es la gran desorganización de los ejércitos peruanos en la defensa del sur, que se debió en gran medida a los conflictos políticos internos de nuestro país. Me parece que esto tuvo una gran influencia, sino en los resultados, si en la forma como resistimos y como pactamos al final de la guerra."

campana de goma dijo: "Acá tambien hay quienes usan y abusan el tema de la Guerra del Pacífico para hablar estupideces, pero en general la sensación dentro de la clase media en especial es que es un tema cerrado para nosotros, no por el hecho de que a grosso modo nuestro país resulto vencedor, sino que por la perspectiva del tiempo, eso sucedio en una epoca que a muchos ni siquiera les interesa conocer mucho (Chile adolece de una muy mala memoria, para bien y para mal).Respecto a las responsabilidades... hay culpas de ambos lados, las que fueron aprovechadas por los ingleses que actuaban tras la escena... eso lo sabemos... el resto, solo son fuegos artificiales.. Igual da pena ver que se resucita el tema para las campañas políticas, paras las crisi economicas, políticas o sociales... y todo por unos pocos pesos mas, o unas pocas cuotas de poder mas... en fin, la ambicion de algunos siempre termina siendo el mal de muchos.".

mi viejo dijo: "El autor nos demuestra que con el impedimento de la difusión de la serie “ Epopeya”, previa coordinación entre los Cancilleres de dos Estados comprometidos en el mismo pasado histórico, significa un acto de censura que pensamos que había sido superado en el siglo XXI; sin embargo, la clase política del Estado Chileno como también por sus homólogos del Estado Peruano, nos ha demostrado que no es así; por consiguiente, ha quedado acreditado con ésta actitud política que los administradores de ambos Estados no tienen ningún respeto por los derechos fundamentales de la persona humana, como es el sagrado derecho a la libertad, a pesar de ser pregoneros de un Estado liberal."

rexanxu dijo
: "da gusto ver como en Perú existen personas que se destraban de las tonteras nacionalistas y dan una mirada objetiva a los sucesos historicos, con esto se deduce q si se puede lograr una integración de los paises"

kikito1625 dijo: "como estudiante de Historia creo que falta que se enseñe la Guerra del Pacífico de manera completa; siempre se dejan de lado las atrocidades o las expoliaciones como lo que ocurrió con los libros de la Biblioteca de Lima... el mismo enfoque que le damos a las derrotas militares; Prat y Carrera Pinto perdieron.... Iquique fue una victoria peruana, no asi como ocurre con Condell y Punta Gruesa...."

rasteban dijo: "Completamente de acuerdo Kiko. El 21 de mayo deberiamos celebrar el combate de Punta gruesa. Fue una victoria increible, donde un botecito de madera vencio a un acorazado moderno, me parece (corrigeme si me equivoco) que era la nave mas potente de la Armada peruana. Y tambien nos olvidamos de la epoca de saqueo en Peru, si a Chile llegaron hasta las fuentes de las Plazas (la de conce, por ejemplo). Y como olvidar los Leones que adornan la entrada a la Base Naval de talcahuano, que eran de la Universidad de San Carlos."

mauro cobain dijo: "La guerra del pacífico es una vergüenza, más aun que sea objeto de división. Interesante el enfoque que le da el tipo en el blog, aunque es totalmente justificable que los peruanos nos tengan algo de "odio" por esa guerra. Pero es bueno ver esos pensamiento, con los conflictos históricos enterrados, la integración será más fácil"

22.3.07

La Guerra con Chile: entre la frustración permanente y el terrorismo de la memoria


"Los historiadores somos la primera línea defensiva contra el avance de los mitos nacionalistas peligrosos” Eric Hobsbawm(1)

Por: Héctor Huerto Vizcarra




Hace una semana atrás, el tema más recurrente de nuestra historia peruana volvió a salir a flote. Tal como lo relata Max Seitz, de la BBC Mundo, el miércoles pasado debió emitirse el primer capítulo del documental histórico Epopeya por la Televisión Nacional de Chile, pero fue postergado a instancias del gobierno chileno. Dicho documental trata sobre la Guerra del Pacífico y ha contado con la colaboración, al parecer, de historiadores chilenos, peruanos y bolivianos.

Esta postergación se dio a causa de un comunicado de la cancillería peruana, en donde se alegaba lo que el gobierno chileno hizo, para evitar así malos entendidos, sobre todo, en una coyuntura sensible que podría afectar la relación de los dos países. Teniendo en cuenta el conflicto diplomático que ocasionó, a fines de enero, la creación de una nueva región chilena.
(2)

Lo realmente importante de este documental es que nadie lo ha visto. Sin embargo, ha logrado concitar una larga cantidad de críticas y comentarios, e inclusive, actos desesperados por llamar la atención. Así es como la chica de la foto apareció desnuda en la pileta de la Plaza de Armas de Lima, y el diario La Razón dedicó dos de sus portadas al tema. Los medios de comunicación, como siempre, han jugado un rol importante en la propalación de viejos fantasmas o conflictos inexistentes. Al menos, eso lo sabía la chica de la pileta.(3)

Todo este alboroto se puede explicar por dos razones: por la constante frustración de la población peruana que se siente víctima de un complot siniestro de Chile, que le arrebató gran parte de su territorio, y que busca a toda costa vencernos, en todo momento, económica, política y militarmente; y por el, también, constante terrorismo de la memoria que se viene ejerciendo impunemente por historiadores, periodistas, políticos, y empresarios (dueños de los medios de comunicación), con la finalidad de manipular a la opinión pública para beneficio de sus propios intereses.(4)

Esta frustración no solo se da por una mala perspectiva educativa con respecto a ese tema, sino por el perfil histórico general que se enseña en los colegios. Antes fuimos el centro de un imperio (Cusco), luego fuimos la capital de una colonia (Lima), para terminar siendo territorio de un país pobre y desmembrado. Cuando lo que importa no son ni la cantidad de territorio que antes "poseímos" ni el poderío político que tuvo nuestra "nación"; si no más bien, los procesos sociales que se fueron desarrollando y que impiden una mejor cohesión social, y una superación económica.


Esta noción de superioridad peruana, casi aristocratizante, no deviene de historiadores marxistas, que quieren echarle la culpa de todo a las élites gobernantes, sino de posturas más conservadoras y tradicionalistas. Así también, el discurso crítico contra la élite gobernante que permitió nuestra derrota militar frente a Chile, no es exclusivo de la corriente crítica de Gonzáles Prada. Alejandro Deustua argumentaba que la culpa de la derrota peruana se debió a nuestra clase dirigente, por eso se debía poner énfasis en la educación universitaria, para así construir una nueva clase dirigente educada y pensante.(5)

En ese sentido, descalificar la idea que postula la responsabilidad histórica de la élite peruana en la Guerra del Pacífico como una mera acusación política, que no niego que haya existido, o plantear que no "existió" élite dirigente en ese periodo de tiempo, es ocultar el sol con un dedo. Las guerras no se resuelven solo por el poderío de las fuerzas militares en conflicto, de ser así Estados Unidos hubiera vencido a Vietnam, sino por el contexto social y político que existe en estos países.(6)



Tal como lo dice Martín Tanaka, para ese entonces no existían muchas diferencias económicas, sociales ni militares entre el Perú y Chile. La tan mentada cohesión social chilena es una farsa, basta recordar el levantamiento araucano en plena guerra contra el Perú. Entonces, ¿a qué se debió nuestra derrota? Posiblemente a nuestra fragmentación social y a la debilidad de nuestro sistema político de ese momento. Por ello, las primeras victorias chilenas en el campo militar, resultaron enormemente catástróficas para la perspectiva de ganancias de la élite peruana, que se dividió rápidamente.

No hay que olvidar que la élite peruana de entonces se volcó a una campaña belicista, en donde la prensa jugó un papel primordial, porque buscaba ganar a través de la guerra ciertos beneficios. Carlos Contreras y Marcos Cueto afirman que: las élites exportadoras esperaban la caída del valor nacional de nuestra moneda frente a la libra esterlina, para así multiplicar sus ganancias; los especuladores de finanzas pensaban que el conflicto iba a ser una magnífica oportunidad para emprender distintos negocios; y por último, los militares y caudillos vieron en la guerra una oportunidad para aumentar galones y obtener premios políticos.(7)

No hubo premeditación por parte de la clase política chilena de invadir nuestro territorio. Lo que hubo fue una coyuntura de guerra que fue "aprovechada" por las élites interesadas, tanto peruana como chilena. Aunque no hay que olvidar la participación inglesa en todo esto. Coyuntura que a la postre no trajo mayores beneficios a ambas élites, sino que repartió desgracias: más para los peruanos, menos para los chilenos. Siguiendo la lógica del "vencedor" en una guerra.

Pero, ¿qué dice nuestra historiografía al respecto? Al parecer, la historiografía sobre el tema responde a intereses de "clase" u orientaciones políticas determinadas. Así, podemos encontrar libros revanchistas, que solo buscan exaltar la animadversión de los lectores; nacionalistas, que buscan reconstruir el espíritu nacional en base a acciones militares heróicas; de clase, que buscan resaltar la participación de determinado grupo social durante la guerra: como la élite o el campesinado; y los políticos, que plantean la resposabilidad política de la élite limeña en nuestra derrota militar y en los problemas sociales de ese entonces, y los que plantean que éstos son demasiado políticos como para entender cabalmente lo acaecido entre 1879 y 1883. Evidentemente, muchos libros pertenecen a más de una categoría.

Lo que sucede con la historiografía de la Guerra del Pacífico es que, no se ha colectivizado la memoria que se tiene sobre estos hechos de manera crítica y reflexiva. Para muchos investigadores esta guerra sigue siendo entre el Perú y Chile, y no entre élites comerciales y políticas de ambos países. Generalizar al punto de denominar al Perú y Chile como los contendores de esta guerra, sin hacer ninguna aclaración al respecto, es traficar con la memoria, es poner una bomba en nuestro pasado.

Resulta probable que las negaciones u oposiciones surgidas durante la guerra, permitieron crear más fácilmente identidades nacionales; pero resulta penoso que éstas identidades se hayan desarrollo en base a una mentira: el nacionalismo. Por ende, no es el interés de toda una "nación", país o estado el que quiere adueñarse del Perú, sino el de una élite que llevo a cabo una epopeya sangrienta e innecesaria. Esa élite no solo estaba compuesta por las clases altas chilenas, sino también por la peruana. Porque para la época, ambos grupos sociales se encontraban íntimamente ligados por vínculos de parentesco. En resumen, eran como dos primos pequeños jugando a las guerritas.

Hay que tener cuidado con todos aquellos alardes de patriotismo que en la práctica ocultan intereses varios, desde los mercantiles hasta los políticos. En el caso de la historiografía, si bien es cierto, no todo ha sido escrito con mala intención, también es verdad, como dice un refrán popular, que de buenas intenciones está lleno el infierno.



(1) La cita en cuestión la obtuve de la entrevista de Nuria Azancot a Hobsbawm, publicada en:


http://reporterodelahistoria.blogspot.com/2007/03/la-tijera-entrevista-eric-hobsbawm-los.html

(2) Para más detalles pueden consultar el texto de Max Seitz, "Perú/Chile: pelea por una serie":


http://marcayuq.blogspot.com/2007/03/perchile-pelea-por-una-serie.html

(3) Mayores detalles sobre esta coyuntura pueden encontrarse en la crónica que redacté hace unos días atrás:


http://marcayuq.blogspot.com/2007/03/basta-de-manipulacin-histrica.html

(4) El término "terrorismo de la memoria" lo acuñó Edgar en respuesta a un comentario mío, en su primera entrada de este blog. En ese comentario se refiere a la responsabilidad de los historiadores de construir discursos históricos exclusivos y excluyentes, en vez de democratizar la memoria colectiva.

(5) Carlos Contreras y Marcos Cueto, en su Historia del Perú Contemporáneo (p.162), se equivocan al señalar que Alejandro Deustua planteaba que el problema del Perú era la presencia abultada de población indígena. Todo lo contrario, el problema para Deustua radicaba en la falta de educación de esa masa indígena, pero sobre todo, en la ausencia de una verdadera clase dirigente. Por ello, destaca el esfuerzo denodado de los indígenas en la defensa del país.

(6) Martín Tanaka dice lo contrario: "¿Por qué perdimos la guerra? Yo no creo que haya que rebuscar en explicaciones alambicadas y poco sustentadas sobre la constitución nacional de los países. Si bien soy sociólogo, creo que las explicaciones sociológicas deberían venir después de las militares, si y solo solo si es que resultan insuficientes. Creo que la explicación es simple: las fuerzas armadas chilenas eran más profesionales y estaban mejor equipadas, punto." En:

http://martintanaka.blogspot.com/2007/03/per-chile-y-los-legados-de-la-guerra.html

(7) Carlos contreras y Marcos Cueto. Historia del Perú Contemporáneo, p. 151