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2.7.08

Notas sobre el criollismo (III)


En las fiestas familiares, las niñas y los señoritos bailan tangos, pasodobles, one-steps, rumbas y otros bailes extranjeros [...]; pero esto es sólo al principio de la fiesta [...]; pero cuando la fiesta ha entrado ya en calor, ya sea por el vino o por el mismo ambiente de la reunión, entonces alguien se atreve a pedir una guitarra o un arpa; en seguida gritan todos exigiendo lo mismo, y si el dueño de la casa no tiene una guitarra se mandan comisiones donde tal o cual indio arpista, o en busca de guitarras. Con arpa y violín tocados por indios, o con guitarras tocadas por alguna pareja de invitados, la fiesta crece, todos se alegran de veras, se sienten en su elemento [...]. Ese es el Perú del Ande. Pero si a la fiesta llegan el Jefe de la Caja de Depósitos, el Subprefecto o el Juez, que casi siempre son forasteros, otra vez la fiesta se congela, la alegría para de golpe; todos saludan a lo "extranjero" al señor principal que llega, y todos volverán al tango y al jazz, si el visitante no es también serrano y acaba por preferir el wayno indígena (1).


En un bello libro titulado Comunidades imaginadas, Benedict Anderson señala que uno de los hitos clave en la formación del nacionalismo fue la impresión de la Biblia en lenguas vernáculas europeas. Ello porque no sólo tuvo un impacto evidente entre la elite de lectores, sino también entre la gente del pueblo, que comenzó a oír la palabra de Dios y verla encuadernada en el idioma de los indecentes. Concluye Anderson que el nacionalismo implica, entre otras cosas, un esfuerzo consciente de las elites por "elevar" las despreciables costumbres del pueblo, identificándose con ellas. Eso es nacionalizarlas.

Partiendo de esta idea, quisiera explorar la hipótesis de que el criollismo es la expresión cultural del proyecto de nación que las elites limeñas emprendieron en el siglo XX, con más fuerza desde los años 30 hasta la crisis oligárquica de los años 60. Un hito destacado en este neo-criollismo es la integración inédita del folclore rural afroperuano. "Nacionalismo" que no pudieron proponer las elites serranas, en una posición más colonizada, como indica el testimonio de Arguedas.

La música es un excelente camino para explorar estas ideas. En Latinoamérica tenemos una lengua en común (salvo Brasil) y una religión en común, pero algo que nos diferencia es la música. Por eso ha dado materiales para la imaginación de las comunidades nacionales. En la historia del tango, en Argentina; de las rancheras, en México; de la cumbia, en Colombia; del son, en Cuba; o de la samba, en Brasil, hay un instante fundacional que coincide con la invasión de estos bailes indecentes en los salones de la oligarquía.

En el criollismo tradicional limeño, siempre existió el personaje de elite que asistía a las jaranas, estableciendo pequeñas solidaridades verticales. Padrinazgos. Pero, como señala Alicia del Águila, en la relación del padrinazgo quedaba fuera de sitio que las jaranas se celebraran en el casa de una persona decente (3). En el neo-criollismo los ritmos de la plebe, el vals y la marinera, entran en la vida doméstica de la clase media.

Al mismo tiempo se da un cambio interesante por el cual la música criolla empieza a promocionarse como el folclor musical de toda la costa, urbana y rural.

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(1) José María Arguedas, Canto Kechwa, en Carmen María Pinilla, ed., ¡Kachkaniraqmi! ¡Sigo siendo!: Textos esenciales (Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2004), 96-97.

(2) Sobre por qué en el Perú andino, a diferencia de otros países de la región, la identidad mestiza ha sido reivindicada por los migrantes indígenas, véase Marisol de la Cadena, Indígenas mestizos: raza y cultura en el Cusco (Lima: IEP, 2004).

(3) Alicia del Águila, Callejones y mansiones: Espacios de opinión pública y redes sociales y políticas en la Lima del 900 (Lima: PUCP. Fondo Editorial, 1999), 107.

28.6.08

Notas sobre el criollismo (I)


A propósito del inagotable debate sobre la palabra cholo y la choledad en general, opino que sería interesante hacer una comparación de lo cholo con lo criollo desde una perspectiva histórica.

Esta comparación sería interesante en primer lugar porque ambos términos se han imaginado siempre como distintos y opuestos, como parte de los extremos que ciertamente dividen al Perú de hoy.

Al entrar en la evolución de las ideas sobre lo criollo y el criollismo, podríamos ver que este extremo de la peruanidad también tiene las marcas de hibridez que la palabra "cholo" evoca normalmente (ver aquí, aquí en versión misti y aquí). Sí, los intelectuales que vieron el proceso de cholificación por los años 60 no opusieron lo cholo a lo criollo; la cholificación fue definida como el acriollamiento de los migrantes andinos en las ciudades costeñas (1). Pero en esta interpretación resulta, sin embargo, llamativo que lo criollo jamás fuera descompuesto, ni analizado, resultando una categoría "de piedra" (como sucede también con la categoría indio).

En la foto de arriba (tomada de aquí), Chabuca Granda. Chabuca fue tal vez una de las más ayudó a introducir el cajón que hoy llamamos peruano en la ejecución del vals, cosa normal en la actualidad (2). En perspectiva histórica, todo ello resulta fascinante dado que durante la colonia muy difícilmente a un criollo se le hubiera ocurrido declarar su afición por la música de los descendientes de África, o celebrarla como parte de su identidad en El Mercurio Peruano. El estándar musical de un programa como "Mediodía Criollo" (valses, polkas, festejos, marineras sobre todo norteñas, tonderos y landós) tiene poco o nada que ver con el concepto del criollismo colonial y republicano quizá mediados del siglo XIX (3). El criollismo contemporáneo presenta como tradición y costumbre "de antaño" lo que en realidad es bastante moderno, cronológica y conceptualmente.

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(1) Véase Aníbal Quijano, La emergencia del grupo cholo y sus implicaciones en la sociedad peruana (Lima: PUCP, 1967).

(2) Como cuenta el señor Felipe Santiago Borgana Portolatín, jaranero de inicios del siglo XX: "Antes no había luz eléctrica como ahora, no se conocía la luz eléctrica, las calles se alumbraban con lamparín de kerosene. [...] En ese tiempo la música era sólo con guitarra, nada de cajón, eso sólo era para la marinera. Se usaba las castañuelas para acompañar la guitarra, cuando no había castañuelas buenas eran dos cucharas que se tocaban por la parte de atrás, llevando el compás de la guitarra, al final se tocaba el andavete". En: Municipalidad de Lima, Barrios Altos: testimonios orales (Lima: La Municipalidad, 1998), 138.

(3) Sobre el criollismo colonial, véase Bernard Lavallé, Las promesas ambiguas: ensayos sobre el criollismo colonial en los Andes (Lima: PUCP. Instituto Riva-Agüero, 1993).

5.11.07

Más sobre música (no hay primera sin segunda)

Pregunta para los conocedores...

En América del Sur hay un conjunto único de ritmos en 6/8 que tienen un grado de parentesco más allá de toda duda. Pueden parecer hermanos, como la cueca nortina y paceña, o la marinera puneña, cuzqueña, arequipeña y ayacuchana; primos hermanos, en el caso de la marinera norteña y el tondero; o con un ancestro perdido en la memoria, como la marinera limeña y la zamba argentina. Todos estos ritmos, sin embargo, mantienen un aire de familia que sugiere un origen común.

La pregunta es si acaso existe un árbol genealógico convincente de esta familia.

¿Cuál es el origen común?

Mi opinión de amateur es que la cueca y la zamba se ven más “puras”, en el sentido de conservar una estructura a la que en las marineras de la sierra se le ha añadido fuga en huayno y en el canto de jarana limeño, la resbalosa.

¿Qué decir de esto? ¿Podría hacerse entonces una analogía con la forma en que se explica la difusión de las lenguas? Según ciertos lingüistas, el origen de una un idioma se encuentra donde este presenta más variaciones, porque el tiempo la corrompe. Por ejemplo el quechua tiene más variedades en la sierra central, etc.

¡Puras especulaciones! hasta que no se documenten las influencias que dieron origen al ancestro común de estos ritmos, que muchos sitúan en la zamacueca.

Y quiénes mejor que los historiadores para hacerlo.


Marinera limeña o zamacueca




Marinera norteña




Tondero




Marinera ayacuchana




Marinera arequipeña




Marinera puneña




Cueca paceña




Cueca nortina




Cueca chilota




Zamba


3.11.07

Algo de música colonial en... YouTube

Investigar la historia de la música colonial peruana es un reto todavía pendiente en varios aspectos. Notables musicólogos como José Quezada Macchiavello, Javier Echecopar (quien además ha grabado destacables recopilaciones) y Octavio Santa Cruz, entre otros, nos han ido abriendo literalmente los oídos. Partituras y nuevas grabaciones han rescatado del olvido un apreciable y complejo mundo sonoro que, de paso, puede servirnos a los historiadores como fuente de estudio social y/o rico pasatiempo.

Y bueno, la cosa es que increíblemente ya se puede encontrar este material en YouTube. Sin más ni más, tres piezas que pude encontrar en unos minutos de "yutubeo":


1. El Hanaq pachap kusikuynin debe de ser una de las canciones litúrgicas en quechua más conocidas, junto con los tradicionales Apu Yaya Jesucristo y Qanmi Dios Kanki. Está firmada por el célebre misionero y gramático Juan Pérez Bocanegra, en la iglesia de Andahuaylillas, en 1631, pero se piensa que su autor pudo ser un indígena cuzqueño.



Interpreta el coro Lima Triumphante, dirigido por José Quezada. Aquí, una versión simpática de tres brasileños con pinta de Jesucristo, para más inri.


2. El villancico que sigue, A este sol peregrino, fue compuesto en el Cuzco por Tomás de Torrejón y Velasco, en 1680. Este organista español escribió además la primera ópera americana de la que se tiene noticia: La púrpura de la rosa, todo un éxito de tablas de la época. Interpreta el conjunto Es Sol Claro y Luciente.




3. Dos qachwas transcritas en 1782 por el obispo Baltasar Jaime Martínez Compañón en la región de Trujillo: Dennos licencia señores y El buen querer. Interpretan el gran maestro charanguista Omar Ponce Valdivia y en la guitarra, Sergio Sauvalle. Todo indica que la qachwa sería el antecedente musical del huayno contemporáneo.




Actualización:
Música de los siglos XVII y XVIII