15.10.07

Lo mejor de la Semana: resumen para ociosos del 8 al 14 de octubre

Y con esta entrada se da inicio a una primera sección en este blog. Con la finalidad dual de: generar mayor interacción entre este espacio y otros blogs de temática similar, y de proporcionar una guía fácil al lector ocasional sobre las mejores publicaciones históricas durante la semana. Obviamente, nuestras fuentes principales son los blogs que tenemos enlazados.

En Amautacuna de historia encontramos la referencia a una entrada sumamente interesate de un blogger y arquitecto peruano en el Japón, donde se realizó hace poco una exhibición de la cultura Nazca. Lo curioso de esta entrada es la forma como el autor descubre la importancia de esta cultura estando tan lejos de nuestro país, y reconoce al mismo tiempo lo sorprendente que puede parecer a personas de otras culturas, como la japonesa. Para los amantes del tema de la Guerra con Chile, pueden encontrar en Amautacuna de historia un video en donde se representa en 3D el combate de Angamos, donde pelea el Huáscar contra los buques chilenos.

En Anthropology.net se informa de que se ha encontrado un nuevo método para estudiar las diferencias entre los Homos Sapiens y los Neanderthals. Todo ello es posible gracias a los exámenes que se pueden realizar con rayos X a los dientes de los fósiles sin necesidad de destruirlos. Incluso en la misma página se puede encontrar un debate interesante sobre el tema de la "raza". Yo me inclino siempre a pensar, que la raza es más una construcción cultural que una suma de rasgos genéticos.

En la cantera de canterurías se puede encontrar una descripción del baile puneño del Kajelo: Musica y danza del K'arabotas, calificado como símbolo de virilidad y rebeldía aymara, y que según algunos entendidos puede encontrar sus raíces en la rebelión de Túpac Amaru. Asimismo, vale la pena leer la pequeña biografía del suizo Raymond Thevenot, quien se convirtió en un gran quenista y amante de la música (y los instrumentos de viento) del Perú. Fue tanto su amor por nuestra música que vino al Perú para tocar la quena e interpretar nuestra música.

En El Espejo de Clío se publica un artículo aparecido hace poco en El Observador (Chile) en donde se hace referencia a la investigación realizada por el joven historiador peruano Víctor Arrambide Cruz, donde señala que el periódico más antiguo de Latinoamérica es nuestro diario El Peruano, fundado el 22 de octubre de 1825 como El Peruano Independiente. Esto despeja dudas en relación a la afirmación de El Mercurio de Valparaiso de ser el diario más antiguo en lengua castellana.

El Mundo de Plástico señala las dudas que la mayoría tenemos sobre la nueva Premio Nobel de Literatura Doris Lessing, quien ha sido calificada como alguien quien en sus inicios tuvo cualidades admirables, pero que su trabajo en los últimos 15 años es un ladrillo.

El Reportero de la Historia comenta la reciente publicación del sexto tomo de las Obras Completas del genial historiador Flores Galindo, y para festejar ello publica un breve artículo suyo denominado: El Historiador y los archivos en el Perú. En ese texto vale recalcar una frase sumamente importante para nuestro oficio: "El carácter inevitablemente fragmentario de esos testimonios a los que tenemos acceso, hace que el oficio del historiador no pierda sus rasgos artesanales y que el azar ocupe un lugar en cualquier investigación." Realza igualmente la necesidad que tiene la historia de los testimonios orales y enfatiza que es "difícil imaginar el oficio de historiador en un país como el Perú, sin los rasgos del viajero". También en la página se puede encontrar una interesante polémica sobre los Premios Nobel de la Paz. ¿Se imaginan a Hitler recibiendo uno? Se recomienda otra nota periodística de Robert Fisk en donde se alude a las nuevas dificultades que la tecnología plantea al historiador: "Ahora se nos dice que los correos electrónicos revivirán el arte del historiador. Yo lo dudo. Es muy fácil eliminar correos electrónicos y -si los gobiernos son los suficientemente generosos-, también es fácil conservarlos para los archivistas. Los historiadores sólo necesitarán un ejército de bien pagados investigadores para aventurarse en este océano. En otras palabras, los historiadores tendrán que ser ricos para escribir."

Una breve reseña sobre la vida de Flora Tristán va calentando motores para una reseña posterior de uno de sus libros más importantes: Memorias de una paria. Todo ello gracias al empuje de Ellas en la historia.

En Gentehistoria se puede encontrar la descripción del motín del Domingo de Ramos de Madrid, del 23 de marzo de 1766. El cual fue provocado por un edicto dado por Esquilache que prohibía el uso de capas largas y sombreros gachos, ya que si se sustituía las capas largas por las cortas y el sombrero de ala ancha por un tricornio, sería más fácil reconocer a los delincuentes y más difícil esconder armas entre las ropas. ¿Qué pasó después? Lean la entrada y averiguenlo. El contenido es altamente ilustrativo.

En El ángulo oscuro recogemos una singular campaña de reivindicación de la Cruz de Malta, aparentemente mal designada como la cruz de los templarios. Así que por el momento nos solidarizamos con su causa. Por cierto, a esa página le debemos un meme sobre arte que realizaremos en esta semana en curso.

En Hablemos de Historia podemos encontrar dos entradas polémicas. Una de ellas se refiere a lo que se entiende por historia social. El autor se pregunta si la historia social solo puede estudiar al sujeto pobre, marginado del sistema, o si puede también estudiar a las élites. ¿Por qué no llamar a los historiadores de la elite como sociales, y no culturales? En el texto se analiza el devenir histórico de la historia social y los rasgos que la han ido caracterizando. El otro tema se titula Viviendo la subalternidad.(acerca de los estudios multiculturales), y se refiere a los "nuevos estudios culturales" que buscan redefinir las relaciones entre las culturas, no solo dentro del plano de dominantes y dominados, tomando en cuenta a un mundo que cambia constantemente a mayor velocidad.

Pronto se viene la II Parte de los orígenes del Ejército Nacional Peruano, estense atentos...



9.10.07

Redoble por Majaz: Acerca de las aventuras y desventuras de la minería, los medios de comunicación y la democracia en el Perú (II Parte)

Por: Héctor Huerto Vizcarra

Donde el desinformado lector conocerá la aventura y desventura de una consulta.-

Dentro de la guerra mediática desatada en torno al tema de la consulta vecinal, destacaron las opiniones de algunos políticos y/o periodistas, por reflejar con sus ideas nociones poco democráticas y participacionistas, por no decir autoritarias. Varios de esos comentarios se asemejaron a la postura del MINEM que negó a las comunidades campesinas el derecho que les corresponde, como propietarios de las tierras superficiales, a decidir sobre su uso. Aldo Mariátegui se lanzó a la carga rápidamente: “No pueden darse referéndums caprichosos al margen de la ley y del JNE, desmembrando nuestro concepto de Estado Unitario, pues no somos federales (…). Como en el Mercado de Santa Anita, pongan autoridad de una vez y frustren esa payasada antes que se desmadre.” (Correo, 12 de setiembre).

No solo el Gobierno trató de desacreditar dicha consulta o enfatizar que la misma no tiene carácter vinculante, es decir, no obliga al gobierno a tomar en cuenta la opinión de la población. También lo hicieron a su manera diversos comentaristas. En estas posiciones se encuentra Fernando Rospigliosi quien señaló que la consulta no tenía nada de democrática porque fue convocada cuando lo quisieron y donde más les convenía, porque se plantearon las interrogantes que les pareció más conveniente, porque no ha habido una difusión de las desventajas y ventajas del proyecto minero y porque los organizadores controlaban las mesas de votación, los sufragantes y el proceso del conteo de votos (Perú 21, 9 de setiembre). Todo ello merece una respuesta.

Tal como estaba planteada la coyuntura, a punto de iniciarse la etapa de explotación de la mina, no existía otro momento para que la población decida anteladamente si quiere que la mina opere en sus tierras o no. Además, los distritos participantes en esta consulta no han sido elegidos al azar. Su elección responde a su cercanía con la zona de Henry’s Hill. También, si se planteó en la consulta que las personas respondieran si estaban de acuerdo con que se realizara actividad minera en su distrito, se debió porque esa es la principal preocupación de la población y porque se trata de una consulta organizada por las organizaciones de base de dichos distritos. No se puede esperar nada diferente. Lo lógico es que una consulta popular responda a los cuestionamientos de la población y no de la Minera o el gobierno. Igualmente, si no se pudo difundir adecuadamente las ventajas y desventajas del proyecto minero, la culpa no solo la tienen las posiciones sectarias de “ecologistas extremos”, sino también las posturas autoritarias de la propia Minera y el gobierno, que en todo momento prefirieron desautorizar la consulta y no informar a los pobladores. Por último, resulta escandaloso que se acuse de fraude a un proceso eleccionario sin prueba alguna, sobre todo cuando se demostró después de la consulta, que se llevó a cabo sin mediar inconvenientes.

Sin embargo, esta guerra mediática no solo quedó en palabras. Pocos días antes de la consulta, el Jurado Nacional de Elecciones se le opuso radicalmente. Su procurador Ronald Angulo solicitó a la Fiscalía Provincial de Ayabaca que se incaute todo el material electoral destinado a la consulta, lo cual fue declarado improcedente (Perú 21, 14 de setiembre).

No obstante, la consulta siguió adelante y sus resultados ratificaron lo que ya era previsible. La oposición de la población frente a la Minera fue casi total. El NO alcanzó en Ayabaca el 93.48%, en Pacaipampa el 98.13%, y en El Carmen de la Frontera el 92.53%. En total asistieron 17 599 pobladores, que representan el 57% de la población votante de los 3 distritos.

Asimismo, se puede afirmar que la asistencia de la población a la consulta fue mayoritaria, más aún si se toma en cuenta el grado de descomposición de nuestro sistema político, el cual se evidenció en las elecciones municipales y regionales pasadas. Lo evidente es que en Ayabaca participó el 49.37% de la población, en Pacaipampa el 69.27% y en El Carmen de la Frontera el 63.48%.

De esta forma, en Piura se presentaron síntomas de la descomposición de nuestro sistema político, como son la alta dispersión del voto, la fuerte presencia de organizaciones políticas locales y regionales y el sorprendente éxito de las mismas. Entonces, se entiende porque en las elecciones regionales en Piura de las 7 listas postulantes, 3 pertenecían a organizaciones políticas regionales, de las cuales el Movimiento Regional Obras más Obras destacó por su segundo lugar con un 18%. Revisando cada resultado electoral, ya sea a nivel regional, provincial o distrital se puede aseverar que la presencia de organizaciones políticas locales en esas elecciones es mayoritaria en la región.

Además, no solo tuvo presencia sino también resultados. A nivel provincial, 5 de las 8 alcaldías fueron ganadas por organizaciones políticas de corte local o regional. En el caso específico de las provincias de Ayabaca y Huancabamba este fenómeno se repitió a nivel distrital. En 6 de los 9 distritos de Ayabaca vencieron organizaciones políticas locales, donde la organización Alternativa Campesina tiene un predominio con 5 alcaldías. A nivel provincial esta lista también fue la vencedora. En Huancabamba las organizaciones políticas locales vencieron en 5 distritos de los 7 que tiene la provincia.

La dispersión del voto es notoria, no solo por la cantidad de listas que se presentaron para esas elecciones, sino también por el bajo porcentaje de votos que recibieron las listas ganadoras. En la votación regional el APRA venció con tan solo el 21%, mientras que a nivel provincial el promedio del porcentaje de las listas ganadoras es de 28.4%, en donde en la provincia de Huancabamba el Frente Amplio Campesino Urbano obtuvo solo el 16%. Esa misma constante se mantiene a nivel distrital. Estos bajos porcentajes reflejan la amplia división política existente entre la población, la endeble legitimidad que obtienen con estas elecciones las nuevas autoridades (lo que condiciona su futuro comportamiento) y la desconfianza de la población hacia los proyectos políticos nacionales.

Hay que tomar en cuenta también que estos 3 distritos se encuentran en las dos provincias más pobres de Piura y entre las más pobres del Perú. No es de extrañar entonces el por qué en dichos distritos, a diferencia del resto de provincias de la región, el apoyo a la candidatura regional del Partido Nacionalista (PN), que de alguna manera representaba en esas elecciones el voto crítico al sistema político y económico, haya tenido tanta acogida. En Ayabaca el PN tuvo la más alta votación con más de cinco mil votos, lo que equivale al 36%. En Pacaipampa también obtuvo la más alta votación con el 23% de los votos. En El Carmen de la Frontera su votación quedó en segundo lugar con el 15.8%, tras la votación de una candidatura regional, con el significativo nombre de AGRO Sí, que obtuvo el 20.4%.

A pesar de los intentos de desestimar estos resultados por parte del Presidente del Consejo de Ministros, las declaraciones de un alto funcionario de la Minera Majaz al PSG, cuando aún estaba controlada por Monterrico Metals, grafica objetivamente la situación: Si un 50% de la población está en contra de la mina, no sería posible seguir adelante (PSG 2007). Con la consulta se ha demostrado que esa oposición supera ese 50%.

De cómo es posible repetir una historia.-

No se trata de restarle oportunidades a la inversión minera en el país, de lo que se trata es de debatir las formas como ésta debe desarrollarse en el Perú para que no termine socavando las bases de nuestra democracia. Se tiene que ratificar la importancia de la relación entre cualquier compañía minera con la población local circundante. Humberto Campodónico lo ha dejado muy en claro: en la actual legislación internacional sobre la minería, la participación y la consulta de las poblaciones de las zonas mineras, es decir, la llamada licencia social, resulta indispensable para la estabilidad de largo plazo de las inversiones (La República, 9 de setiembre).

En este caso específico, la Minera Majaz es el ejemplo perfecto de todo lo que no se debe hacer. La Defensoría del Pueblo ha sido enfática en denunciar los vicios del proceso en su segundo informe, fechado en noviembre del 2006. Sostiene que dicho caso muestra las deficiencias crónicas en relación al gobierno y la regulación de la exploración minera en el país. Estas deficiencias socavan los derechos humanos y ciudadanos garantizados constitucionalmente, especialmente de los pobres de áreas rurales, cuyos derechos son ya vulnerables. Además, afirma que la implementación del Proyecto Río Blanco ha violado los derechos de propiedad de los comuneros y sus derechos a tener una participación informada en las decisiones vinculadas al desarrollo. Todo ello con conocimiento del Ministerio de Energía y Minas.

El PSG suscribe todo lo aseverado por la Defensoría del Pueblo y afirma que éste resulta ser un caso emblemático porque pone en relieve la debilidad de los derechos de las comunidades afectadas por las minas. También señala que el caso muestra dramáticamente como la protesta no violenta y el proceso democrático han decepcionado a las poblaciones locales. Por ende, existe el peligro real de que se pueda agudizar la violencia y/o la profundización de prácticas políticas autoritarias en Huancabamba y Ayabaca.

Aunque el PSG afirma que el Proyecto Minero, tal cual está concebido, no implica mayores daños para el medio ambiente ya que les parece manejable, indican que la presencia de la Minera no ha aumentado las oportunidades económicas de la población. Mas bien, se ha incrementado el nivel de inseguridad humana, no solo en las relaciones entre la empresa y la población sino también al interior de los habitantes y de sus familias. Además, afirman que ha disminuido el nivel del empoderamiento de las personas; es decir, su capacidad de sentir que se tiene poder para opinar sin sufrir algún tipo de represión o discriminación.

Frente a todo ello, es notoria la actitud del Estado a favor de la Minera Majaz, a quien se le respetan todos sus derechos y libertades, incluso de manera ampliada. Al contrario, las comunidades campesinas y la población en general sufre de un recorte de sus propios derechos y libertades. Esta situación no hace más que asemejarse a lo ocurrido en el Perú hace muchos años atrás, cuando muchas comunidades de la sierra central vieron sus tierras afectadas por las compañías mineras y sus derechos ciudadanos prácticamente anulados.

Como lo han afirmado algunos comentaristas, la solución no pasa por oponerse a todo tipo de actividad minera, sino en la forma como ésta debe llevarse a cabo, sobre todo en la relación que el Estado debe establecer entre dichas compañías mineras y la población circundante. El Estado debe dejar en claro, en adelante, si es el representante de todos los peruanos o solo de algunas compañías comerciales. De eso dependerá que la historia no vuelva a repetirse, y que la guerra silenciosa continúe o no librando sus incruentas batallas.

Nota: El artículo en su totalidad se lo pueden descargar en el link a continuación:

Redoble por Majaz

6.10.07

Los origenes del ejército profesional peruano (I Parte)

Gracias por la invitación. Este sitio de encuentro no puede esperar muchas disquisiciones y temores para publicar un escrito. Así que recorriendo la corta historia de “AHORA” encontré un tema relacionado con un estudio que vengo realizando. Disculpen si los desvío un poco del Ojo que Llora o de la minera Majaz.

En el artículo “La Guerra con Chile: entre la frustración permanente y el terrorismo de la memoria” quedaron algunas preguntas pendientes de respuesta; desde la esfera militar: qué tan profesionales eran las fuerzas militares en conflicto.



LOS ORÍGENES DEL EJÉRCITO PROFESIONAL (I)

Nayib

Las partidas de nacimiento del Ejército Peruano son de las más diversas, según la ideología o creencia que exprese el investigador histórico. Unos la ubican en las culturas pre incaicas, más en el Imperio Incaico, pocos en la Colonia y muchos durante la Independencia. Pero aun en este periodo fundacional de la República se ven discrepancias en las fechas de constitución del Ejército. Unos señalan que fue en octubre de 1820 con la creación del Escuadrón de Auxiliares de Ica, la primera unidad peruana que escoltó a la recién creada Bandera Nacional, otros el 18 de agosto de 1821 con la Legión Peruana de la Guardia, y los últimos en noviembre de 1822 cuando el Congreso agrupa a todos los cuerpos peruanos en una división, a la que llamó Ejército del Perú, bajo el mando del General Alto Peruano Andrés de Santa Cruz.

Las nuevas instituciones del emergente Estado Nación tienen en aquella época pocos referentes o modelos de gobiernos republicanos o parlamentarios en el mundo, salvo las experiencias de la Revolución Norteamericana (1776), la Revolución Francesa (1789) y la Revolución Inglesa (S. XVII). A los ideólogos sudamericanos pro independencia y también, aunque de facto, los contrarios a ésta, les depara la gran tarea de construir las nuevas repúblicas. Dos bandos ideológicos destacan nítidamente, conservadores y liberales. Por lo tanto, la visión que se forman sobre los nuevos estados no es uniforme. En el caso peruano a esta divergencia se suma el extenso territorio, la configuración geográfica tan difícil y una población mayoritariamente indígena y excluida, lo que hace resulte difícil concretar un proyecto de nación viable en el corto tiempo.

En este vasto y complejo proceso se crea el Ejército del Perú y se va configurando la primera organización, el modo de brindar instrucción y educación militar, y su reglamentación, como institución, en el fragor de la guerra de independencia, primero, y en la configuración de las fronteras y guerras civiles por el poder interno después. Aún cuando muchas de las ordenanzas españolas dictadas en 1768, y pese al cambio de régimen, se mantuvieran vigentes hasta 1890[1].

Recordemos que Napoleón Bonaparte (+1821) hacía cinco años terminaba, en Waterloo, de exponer una novedosa praxis militar ante el mundo, un nuevo modo de hacer la guerra y que los teorizadores de la época iniciaban su profundo estudio.

Los Militares Republicanos del Siglo XIX

¿Qué y quiénes son los militares en estos primeros años de vida republicana? Si por militares entendemos a las personas que piensan en cómo hacer la guerra, organizar al ejército, preparar a la fuerza y especializarse en el empleo de las armas, entonces conocen de este quehacer los que bebieron los ecos del Colegio Real Felipe creado por el coronel español Monet en 1818, de los Regimientos de Infantería y de Dragones[2]; los soldados forjados en los ejércitos de la revolución, en las milicias, en los cuarteles, o en los campos de batalla. Sin embargo, aún les falta la matriz, sólo es experiencia y no siempre de la buena. No existe una doctrina común. Recordemos que el teorizador de la guerra Karl Von Clausewitz estudia este fenómeno social, basado en su propia experiencia militar al enfrentar a los ejércitos de Napoleón Bonaparte y las expone desde 1815 en la Academia Militar de Berlín; su obra De la Guerra fue impresa póstumamente (+1831); y que el Positivismo de la segunda mitad del siglo XIX amplía el campo de los estudios científicos a los fenómenos sociales entre ellos la guerra e impulsa el desarrollo de esta disciplina. Pero estas carencias doctrinarias no amilanan la voluntad de forjar y fortalecer un Ejército, una fuerza militar, que proteja el territorio heredado y la supervivencia de la República[3].

No obstante, la crisis post independencia de un país en quiebra, en pie de guerra, con fronteras inestables, precariedad del nuevo régimen republicano y constante lucha ideológica, hicieron que surja el primer militarismo -práctica política entendida como el intento de gobernar y administrar al país, poniendo énfasis en las formas y usos militares-; el poder ejercido por militares y civiles o civiles y militares, según el grado de preeminencia o convivencia útil entre estos, y que redundará negativamente en la estabilidad y desarrollo de la institución militar.

Algunos autores miran con cándida simpleza y nostalgia hacia el Sur y se preguntan, por qué no tuvimos en los primeros años republicanos y gran parte del siglo XIX la continuidad de gobiernos civiles. Si bien es cierto los historiadores podemos comparar algunos procesos históricos no podemos reducirlos a simples moldes o recetas[4]. El orden post independencia presenta la necesidad urgente de delimitar los territorios y forjar la identidad nacional de las nuevas repúblicas. En el caso de Chile dada su geografía enclaustrada entre los Andes y el Océano Pacifico, imprimió en sus políticos una mayor preocupación por la segunda cuestión; el orden interno[5].

Necesidad de ser moderno y profesional

Tenemos dos formas de enfrentar el estudio histórico de la modernización del ejército al inicio del siglo XX. La primera es entendiendo la modernidad como un proceso histórico mundial, y principalmente occidental, iniciado con el Renacimiento del siglo XVI y la rápida secularización del pensamiento humano que privilegia el empleo de la razón y que abre perspectivas casi ilimitadas al desarrollo de la ciencia. Por esto, la edad moderna se caracteriza por una nueva forma de comprender al mundo, donde impera el ánimo de reforma y de cambio. El segundo enfoque corresponde a la definición de lo moderno como lo nuevo, de moda, lo actual; tanto en el avance tecnológico como en lo concerniente a la estrategia, táctica, instrucción y educación militar, y administración. Latinoamérica está involucrada en ambos procesos porque se nutre de este pensamiento moderno y experimenta cosas del mundo a partir de las novedades que el mundo nos ofrece.

Esto no amerita que hagamos tabula rasa de la tradición, entendida no como el carácter estático e inmutable de una sociedad, sino mas bien, como la transmisión de aquella parte de la cultura que es susceptible a ser confirmada, y en algunos casos seleccionada o modificada, porque la buena tradición debe impulsar la búsqueda de lo moderno y rechazar lo que constituye un lastre.

El profesional militar debía tener una sólida formación doctrinaria, teórica y práctica; moderna, y los buenos actos y conducta de este militar, así como su carrera, estar enmarcados en la normatividad de la institución castrense y las leyes del estado; y ser retribuida, pecuniariamente; y reconocida, a través de promociones, por el Estado; despertando en el miembro del ejército intereses colectivos. La suma de todo esto forja el ethos militar. FredericK Numm lo define así: “El profesionalismo militar es un estado, una condición con base en la educación y la experiencia, autoridad institucional autónoma, un sentido de la carrera y una misión de carácter partidario explícita”[6]


[1] Medina Montoya, Lourdes. Creación e Institucionalización del Ejército del Perú. El Ejército en la República: Siglo XIX . . Lima. CPHE, 2005. Pag. 76, 78.

[2] El Ejército de América a lo largo del siglo XVIII estuvo conformado por tres grandes efectivos: El primero era el ejército de dotación, compuesto por unidades fijas, de guarnición en las principales ciudades americanas, fundamentalmente defensivo, de idéntica estructura a las unidades peninsulares, pero cuya composición a nivel humano lo caracterizo como un ejército netamente americano; era el núcleo fundamental. Segundo, el ejército de refuerzo, también llamado en algunos momentos ejército de operaciones de Indias, compuesto por unidades peninsulares enviadas temporalmente al otro lado del mar como refuerzo de algunas plazas amenazadas de invasión. Por último, las milicias, conjunto de unidades regladas y de carácter territorial que englobaban al total de la población masculina de cada jurisdicción comprendida entre los 15 y 45 años; se les consideraba un ejército de reserva. En: Juan Marchena Fernández. Ejército y Milicias en el Mundo Colonial Americano. MAPFRE, Madrid, 1992.

[3] Prueba de ello son los intentos por mejorar este cuerpo militar con la creación de la Academia Militar del presidente Riva Agüero en 1823, el Colegio Militar del Gral Santa Cruz en 1826, en el que debían estudiar 16 jóvenes por Departamento de la Republica, la Escuela Militar del Gral Agustín Gamarra de 1830 a 1834, el Instituto Militar de 1850 a 1854 y el Colegio Naval y Militar de 1859 a 1867 del Mcal Ramón Castilla y el Colegio Militar del presidente Manual Pardo de 1872 a 1880. En Carlos Ríos Pagaza. Historia de la Escuela Militar del Perú. Lima, 1962.

[4] Comparemos algunos datos de Perú y Chile próximos al inicio de vida independiente: Perú, población en 1827, 1, 516, 963 habitantes con el 61.6% de población indígena. En Francisco Quiroz Chueca. De la Colonia a la República Independiente. Historia del Perú. Lima, LEXUS, 2000. Chile en 1835 tenia 1, 103,036 habitantes con el 4.6% de origen indígena. INE de Chile, www.ine.cl.

[5] Los estudiosos chilenos Alfredo Jocelyn y Holt Letelier autores del ensayo El peso de la noche; la otra cara del orden portaliano (1977) Manifiestan que en su país se establecieron gobiernos autoritarios pero que a la vez construían la modernidad con algunas de las ideas liberales. Del epistolario de Diego Portales exponen el siguiente texto tan sugerente: “El orden social se mantiene en Chile por el peso de la noche y porque no tenemos hombres sutiles, hábiles y cosquillosos: la tendencia casi general de la masa al reposo es la garantía de la tranquilidad pública…” (1832) El párrafo los lleva a pensar que la idea era separar la autoridad y el orden, del modelo o sistema político adoptado. Del peso de la noche de un orden estamental colonial que mantenía una administración en regular “paz”, se recrearía en la república el planteamiento del orden desde la élite para mantener la tradición. La soberanía popular era sinónimo de reposo, mansedumbre; un hecho residual del mismo orden. El corpus es más equilibrado y fue ordenado en 300 años. El Estado y sus leyes sólo complementan esta estructuración del orden social.

[6] Frederick M. Nunn. Perspectivas Históricas y Regionales Acerca de los Papeles Internos que Desempeñan Las Fuerzas Armadas de América Latina con Énfasis Especial en el Cono Sur. http://www.airpower.maxwell.af.mil/apjinternational/apj-s/4trimes99/nun.htm

27.9.07

Registros del Recuerdo, Recuerdos del Olvido: ¿Qué pasó con El Ojo que Llora?*


* Por Edgar Villegas Vásquez

El año de 1932 Augusto B. Leguía y Salcedo muere en la cárcel del panóptico, la llamada Carcel de Lima; muchos fueron los delitos que se le imputaron, entre ellos la corrupción en un clima de bonanza basado en empréstitos, la construcción de una constitución a su medida y el calzarse un congreso del modo que le permitiera señalar los rasgos autoritarios que se formarían en el “Oncenio” (1919 - 1930), un gobierno inicialmente de corte populista y que paradójicamente buscaba integrar a las grandes mayorías al Estado, separándose del modelo de Estado restringido de la República Aristocrática. Las similitudes del régimen de Leguía con el de Alberto Fujimori Fujimori en los noventa son de lo más saltantes: contextos de crisis sociopolítica y económica, deterioro del tejido social, irrupciones de nuevos actores en la política, una bonanza posterior que se tradujo en obras, más no en institucionalidad, en fin, y muchas cosas más, salvo en un pequeño detalle querido lector: diferentes disidencias políticas.

Por que el parámetro anterior es el que separa a ambos gobiernos, si quisiéramos llamarlos sincrónicos en la historia, y nos enfrentamos actualmente después de la llegada de Fujimori extraditado en los últimos días ante las dinámicas complejas de ver la memoria colectiva en el país, dialogarla, escarbarla, y por último, simbolizarla en el espacio urbano, así como por último, repensarla frente al atentado contra “El Ojo que Llora”.

Los más de diez años de conflicto armado interno que tuvo que vivir el Perú señalan la serie de secuelas, que no se hallan sólo representadas en la crisis del modelo de Estado sobredimensionado de los ochenta, sino que nos trasladan a espacios de entender la marginalidad y las formas de parcialización de la ciudadanía, nos remiten a temáticas que aún se hallan pendientes por solucionar, empezando por la difícil tarea de reconocernos entre nosotros mismos. La destrucción que ha sufrido el monumento enfrenta la memoria de reconocer las violencias horizontales y verticales entre diversos tipos de actores sociales dentro de un conflicto de más de diez años que nos ha costado más muertos que todas las guerras y conflictos armados que vivió el país en la república, violencias que aún persisten de alguna forma ligadas a la negación de las dimensiones del conflicto armado en la mentalidad de sectores la sociedad peruana.

Dialogamos con nuestra historia también ante el espacio urbano, la llenamos de símbolos, metáforas y héroes convertidos en estatuas, imágenes pictóricas o nominales, que a través del caminar por un parque o una calle nos recuerden el pasado; sin embargo, es necesario también reconocer que aún persisten formas excluyentes de asociarse con la memoria en el Perú, al punto que muchas veces se niega el reconocimiento o la visibilidad a partes del tejido social, o si se las muestra se persiste en mostrarlas en formas subalternas o estereotipadas.

Casos como la memoria de una guerra como esta, interna, a veces de baja intensidad y con trazos de lo que fueron las guerras de descolonización en los post cincuenta, pegó con fuerza en el contexto del deterioro previo en que vivía el Estado de finales de los setenta. La pregunta en el post conflicto es ¿cual es el rol de los historiadores?, en este caso concuerdo con la opinión de Cosamalón
[1] sobre el rol del historiador después del Informe de la CVR debido a que son los historiadores son los obligados a reflejar a la sociedad, y al mismo tiempo traer a la memoria social a grupos mal llamados invisibilizados, como lo fueron el quechuablante. En muchos casos la historia ha girado hacia el registro del archivo y el documento, hacia lo urbano antes que hacia lo rural, o hacia mecanismos de fuga en lugar de tratar dinámicas de conflicto que nos permitan reconocernos sin pisar la traba de la historia ucrónica, la de las catástrofes, las crisis y las derrotas, en las que muchas veces un sector culpa al otro del fracaso.

Sabemos por las conclusiones del informe que la población más impactada por la violencia política fue la rural, mayormente quechuahablante, así como que las estrategias para tratar de llevar el conflicto por el Estado tuvieron diferentes lógicas y resultados en sus diversas fases entre ochentas y noventas, a veces positivos, a veces negativos, pero ahora ¿como se representan las víctimas del conflicto? ¿Las representamos bajo el viejo melodrama “malos – buenos”? en los que se representan muchas de las narrativas sociales en el Perú desde la ficción en las telenovelas, hasta las de la realidad en la política en donde en esta última el caudillo siempre construye un discurso de salvación opuesto a unos otros, muchas veces representados en partidos políticos o en actores en contextos de crisis como las que por ejemplo se vivieron en los ochenta y noventas con el conflicto interno, todo esto nos impide ver las dinámicas de fondo del problema.[2]

No fue fácil construir una memoria conjunta de esta guerra, no lo fue tampoco entender que quienes fueron parte de este conflicto armado ya estuvieran del lado de las fuerzas del Estado, de las poblaciones impactadas o de quienes tomaron la opción de la disidencia algunas veces discurrieron entre nosotros mismos. Lo importante a pesar de los silencios[3] y vacíos - pues sí los adolece- es que el Informe Final de la CVR nos remite a ciertas fallas que se han arrastrado en la República y que impactan en la actualidad, entre otras cosas ante el futuro reconocimiento de ciudadanías en el país o al fortalecimiento de la institucionalidad democrática.

En fin, el daño esta hecho. Si desea unirse al memorial que se manifiesta en contra a este acto, ingrese a la siguiente dirección:


http://www.paraquenoserepita.org.pe/joomla/index.php


[1] Revisar para esto el articulo en dos partes de Jesús Cosamalón llamado : La labor del historiador después de informe de la CVR en los archivos de este blog.
[2] Esta visión que se transluce en la política a través de dilemas que se relacionan a la ficción melodramática se la escuche a Rosa María Alfaro Moreno, me pareció muy relacionada a la forma en que los caudillos instituyen sus discursos frente a quienes los eligen, sobre todo en coyunturas de crisis.
[3] Para este caso, revisar : Igue Tamaki, José Luis: Los silencios del gran relato. En: Histórica Vol 29 No 1 (2005).