8.10.09

XIX Coloquio Internacional de Estudiantes de Historia

Los organizadores del XIX Coloquio Internacional de Estudiantes de Historia

de la PUCP nos han hecho llegar el siguiente anuncio:

 

Historia_Afiche04[1]

 

La comisión organizadora del XIX Coloquio Internacional de Estudiantes de Historia de la PUCP desea agradecer a todas aquellas personas interesadas en participar en el coloquio. Después de evaluar todas las ponencias presentadas durante la convocatoria, queríamos anunciar que los trabajos ya fueron seleccionados y en breve se conocerá a programación final.

Una de las novedades del coloquio es que contaremos con la participación de estudiantes de nuestro país de las siguientes universidades: Pontificia Universidad Católica del Perú, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, San Antonio Abad y la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga. Asimismo, contaremos con la participación de una comisión de veinte estudiantes de la Pontificia Universidad Católica de Chile, de la cuales seis son expositores. Del mismo modo, vendrán para el evento un estudiante de la Universidad de los Andes de Colombia; dos de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (México) y dos de la Universidad Nacional de la Plata y Universidad Nacional de San Martín (Argentina).

Esperamos contar con su gentil asistencia

 

La comisión organizadora

XIX Coloquio Internacional de Estudiantes de Historia

3.10.09

LA REVOLUCIÓN DE JUAN VELASCO ALVARADO (I)

Significado, repercusión y fracaso

Por: Nayib


El significado esencial de este proceso (..) se fundamenta en su reclamo a ser una respuesta autónoma y peruana a los problemas del Perú.[1]
Gral. Juan Velasco Alvarado


Era la madrugada del 29 de julio de 1973 cuando a mis cortos nueve años admiraba el ritual de preparación y vestido de mi padre, un comandante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias del Perú que alistaba el uniforme de gala para participar en la parada y desfile militar en celebración del aniversario patrio y que esta vez seria apoteósica por la presentación de la nueva división blindada de pesados tanques soviéticos y la conmemoración del quinto año de tan sui generis revolución iniciada, el 3 de octubre de 1968, por la institución que normalmente es percibida como la contrarrevolución. Acompañado del himno “La Revolución Peruana” de un disco de vinilo de larga duración tocado por una radiola, se enfundaba sobre la inmaculada camisa blanca de seda adornada por sobria corbata negra; la polaca crema adornada por cordones, insignias y botones dorados; y sobre los hombros charreteras celestes, color emblemático de la infantería, ataviadas de hilos de oro que pintaban los cinco galones correspondientes al grado. En esta oportunidad me quedé en casa para ver el desfile en el televisor a tubos de 21’a blanco y negro. La avenida Brasil estaba abarrotada de gente con carteles y pancartas con loas del tipo “Kausachum Velasco”, “Velasco Revolución”, y “Pueblo y Fuerza Armada unidos venceremos”. El vitoreo se hizo ensordecedor cuando aparecieron montados en briosos caballos el Escuadrón Escolta del Presidente anunciando el paso del auto descapotable negro que trasladaba al Presidente de la República, quien parado en el asiento posterior, en su uniforme de gala, respondía los gritos y saludos blandiendo de modo enérgico un pañuelo blanco.

Cuatro años después (1977) y luego de ser derrocado por el general Francisco Morales Bermudez, Comandante General del Ejército, el 30 de agosto de 1975; el general Juan Velasco Alvarado fue entrevistado, poco antes de su muerte, por el periodista Cesar Hildebrant. Sostuvo que el objetivo de su gobierno fue hacer del Perú una nación independiente y crear los cambios estructurales para promover el desarrollo económico
[2], además se jactó de que la oligarquía ya había muerto en el Perú.

Catalogado por la derecha como una simple dictadura y por la izquierda marxista como un simple reformismo burgués dirigida por una dictadura, varios estudiosos concuerdan en señalar que fue el mas grande proceso de transformación republicano que en buena cuenta resumía las exigencias sociales, ya maduras, que habían nacido en la década del 30 y donde lo mas radical fue su discurso ideológico
[3] y revolucionario, referido a la apertura hacia una mayor participación de la población en la vida económica y social, unida a definir una identidad nacional con base andina y popular, así como forjar una nación integradora y no excluyente que revalore la capacidad del hombre peruano para innovar y crear un proyecto autentico, sin calcos ni copias[4].

[1] Juan Velasco Alvarado, Quinto aniversario de la revolución nacional peruana. Mensaje a la nación, Oficina nacional de Información, Lima, 1973, pág. 3.
[2] Es una constante, en los autores consultados, la referencia a los cambios sociales estructurales como uno de los principales objetivos del Gobierno Revolucionario de las FFAA. Juan Martín Sánchez, La Revolución Peruana, 1968-1975. Sevilla, 2002. Pág. 28, 31.
[3] Juan Martín Sánchez. Pág. 152.
[4] Idem, pág. 27 - 35.

14.9.09

La campaña electoral del 2011: entre el clientelismo y la tecnocracia



Por: Héctor Huerto Vizcarra

La última encuesta de la PUCP no es siquiera una foto de la futura campaña electoral del 2011, en realidad es sólo parte de un extenso juego de probabilidades en donde los vaticinios de Cotler pueden ser tan certeros como los de Rosita Chung. Habría que ser un marxista ortodoxo, un “científico” social cuantitativista o un peripatético fanático de los astros como para pensar que es posible prever el futuro. Las verdaderas “fotos” de la campaña electoral venidera recién podrán gozarse a mediados del otro año, cuando las distintas candidaturas estén formalmente consolidadas de cara a la opinión pública.

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Sin embargo, lo que se puede apreciar gracias a dicha encuesta es que existen ciertas constantes que, al parecer, van a continuar prevaleciendo en nuestro actual régimen político. De las cinco principales candidaturas (Humala, Flores, Fujimori, Toledo y Castañeda) casi todas comparten entre sí las mismas tres cualidades: la pervivencia de una imagen tecnocrática dentro de la política, asociada comúnmente a la eficiencia y la modernidad; planteamientos políticos de corte clientelista y popular; y una actitud política personalista e implícitamente autoritaria. Evidentemente, en cada una de éstas candidaturas se pueden encontrar los rasgos anteriormente enunciados en diferentes gradaciones.

Curiosamente, los dos mejores exponentes de estas tres cualidades se encuentran a la cabeza de las encuestas, es decir, Castañeda y Keiko Fujimori. Por un lado, Castañeda se presenta como un tecnócrata eficiente, que dirige exitosamente una empresa estatal: el Municipio de Lima. No hace política sino sólo obras. Por tanto, no necesita debatir con otros políticos, no hace declaraciones públicas y menos busca consenso con los vecinos de Lima. Por otro lado, Keiko apela a las redes clientelares que heredó del gobierno de su padre, conformadas en parte por algunos comedores populares y comités de vaso de leche. Asimismo, ambos son personalistas y disimuladamente autoritarios. La única cualidad que hizo de Keiko la candidata indiscutible dentro de su agrupación política fue ser hija de Alberto Fujimori. Así como igualmente no es de extrañar que el congresista de su bancada, Carlos Raffo plantee abiertamente: “una democracia blandengue no sirve para nada. Lo que el Perú necesita es una DEMODURA”. Solidaridad Nacional, por su parte, no tiene mayor sentido sin la existencia de Castañeda, ya que carece de doctrina e ideario y su organización gira en torno a su mayor y único líder. En ese sentido, es poco probable que alguien dentro de sus respectivas organizaciones pueda contradecir a Castañeda o a los Fujimori, la democracia interna para ambos es una procadidad que debe evitarse. (1)

Estas posturas se reflejan en los resultados de la encuesta. Aparte de la intención del voto, los encuestados creen, en un 25% para Keiko y un 14% para Castañeda, que ambos son los posibles futuros presidentes del país. Además, el clientelismo popular de Keiko se refleja en que el mayor porcentaje de sus simpatizantes (19%) se encuentra ubicado en los sectores D/E. Mientras que la imagen tecnocrática de Castañeda se refleja en el apoyo que recibe de los sectores altos de la población (21% en A/B). Habría que preguntarse si el mayoritario apoyo masculino que recibe Castañeda (21% de hombres frente a 14% de mujeres) se debe a su marcado autoritarismo o a alguna otra razón.

La persistencia de estos rasgos preponderantes dentro de nuestro régimen político, que están presentes desde 1980, demuestran el cinismo y la fatalidad que carcomen al votante promedio al momento de emitir su voto en las urnas, muy a pesar del crecimiento económico de los últimos años. Por lo que aún se evidencia a un 68% de los limeños insatisfechos con la democracia, mientras que un 63% se encuentra poco o nada interesado en la política. Uno de los culpables de este grave problema también lo es la izquierda, a diferencia de lo que pareciera creer Javier Diez Canseco.

Llama la atención, en ese sentido, el extraño flujo de votantes que podría darse entre las candidaturas de Keiko Fujimori y de Ollanta Humala. En la encuesta se hace una pregunta interesante: “Y si el candidato de su elección no postulara, ¿cuál sería su segunda opción?” Lo cual es una manera de evaluar la competencia electoral que tienen algunos candidatos por los mismos sectores electorales. Sorprendentemente, tanto para Keiko como para Ollanta, el principal porcentaje de estos votos de segunda mano vendrían, respectivamente, de Humala y de Fujimori. Es decir, ambos candidatos están peleándose mayormente por los mismos bolsones electorales. Dentro de este contexto, que sea percibida la candidatura de Ollanta como la candidatura de “la izquierda peruana”, dice mucho del propio rol que jugó la izquierda con los movimientos sociales en los años ochenta.

Notas:

(1) En el caso de Ollanta no existe una postura tecnocrática, lo que no quiere decir que su postura sea ideológica, y en el caso de Lourdes Flores, sus planteamientos de corte clientelista y popular tienen escasa relevancia, por lo que pasan desapercibidos mayormente.

2.9.09

Haya y el espacio tiempo histórico


Por: Gabriela Adrianzén G-B

En primera instancia la preocupación de Haya es por el método, en ese sentido el marxismo contrastado con los problemas políticos latinoamericanos, y más específicamente peruanos terminará por no ser el método más adecuado. Para Castro, Haya regresa a Hegel por encima de Marx porque finalmente “pone como punto de partida la propuesta hegeliana de la conciencia plasmada en la cuestión del estado-nación por encima del problema de clase” . Haya conjuga la dialéctica hegeliana con el relativismo de Einstein, “se trata de una mirada dialéctica del espacio y del tiempo aplicada a la historia” . Su relatividad entra e juego cuando resalta la multiplicidad de las formas de la organización humana en relación con el espacio y el tiempo . Pero Haya no niega por completo el marxismo, Castro nos recuerda las palabras de Haya: “el aprismo arranca filosóficamente del determinismo histórico de Marx y de la dialéctica hegeliana adoptada por él para su concepción del mundo”.

Vallenas plantea que hay una confusión en Haya acerca del devenir de Heráclito y la dialéctica de Hegel . En cambio para Castro, Haya reconoce el principio universal del eterno movimiento, cambio y devenir (Heráclito) como un proceso constante de contradicciones, negaciones y continuidad (dialéctica), logrando una síntesis; y el marxismo se regiría por el mismo principio pero para una ley hallada por este (el materialismo histórico).

La crítica de Haya hacia aquellos marxistas criollos era que no debía asumirse el marxismo como dogma inflexible sino dialécticamente, en ese sentido el determinismo histórico no se impondrá en todas las latitudes. El error, plantea Haya, en El antimperialismo y el APRA está en: “la inconveniencia de aplicar las mismas reglas y estimativas históricas del espacio y de tiempo a todas las modalidades socio-económicas” .
Se trata de aplicar el relativismo del espacio y el tiempo a la historia. En ese sentido Haya dirá que la historia del mundo vista desde el espacio-tiempo-histórico indoamericano no será la misma que la vista desde el espacio-tiempo-histórico europeo. En ese sentido, puede haber procesos que pueden ser últimos en Europa pero primeros en Indoamérica, como el imperialismo. Cada proceso tiene sus particularidades, dadas justamente por el tiempo y el espacio y se debe estar atento a ello para entender el momento-espacial que se vive y poder actuar en consonancia con él. De eso dependerá, en cierto sentido, nuestra persistencia en la historia. Cada estadio de la dialéctica tiene una coherencia en si mismo que debemos entender.

Si bien Nieto duda de la comprensión del relatividad de Haya, sí considera que estamos ante una teoría política aplicada: “Para él, las especulación de teoría pura o la acción política son momentos de una síntesis cultural de la política. No es un doctrinario que actúa ni un político que subordina la doctrina; tales juicios suponen una relación externa entre creación intelectual y actuación práctica.”

En concordancia con lo dicho, Maria Teresa Quiroz nos recuerda las palabras de Haya: “el despertar de los pueblos latinoamericanos, la formación de una conciencia antiimperialista, la preparación de una lucha continental, exigen sin duda, una organización previa y una disciplina básica” . Por ello luego de una detenida observación, de la composición de los grupos sociales en el Perú y observar que se trataba de una minoría obrera vs una mayoría campesina; donde además eran todos los grupos los que sufrían el embate del imperialismo, propone la formación de un frente único. A la vez, plantea que no era viable un partido de clase sino un frente de los trabajadores manuales e intelectuales que aglutine a todos los oprimidos.

La influencia de Lennin es innegable y perdurable en Haya, la necesidad de organización y disciplina que se traduce en un partido es el medio necesario para la conquista del poder, y con ella la transformación de la comunidad; del mismo modo hereda de este la importancia central asignada al estado. Podemos entender entonces su accionar como la búsqueda incesante de la supervivencia de su partido que solo se logrará con una acertada comprensión del momento histórico.

No podemos encontrar en su doctrina la validación para todas sus acciones políticas pero tampoco debemos, como ya mencionáramos, encontrar en la traición de éstas la explicación a sus polémicas acciones.