A propósito del nunca cerrado debate sobre la palabra cholo y la choledad en general, opiné que sería interesante hacer una comparación de lo cholo con lo criollo desde una perspectiva histórica.
Esta comparación sería interesante en primer lugar porque ambos términos se han imaginado siempre como distintos y opuestos, como parte de los tantos extremos que ciertamente dividen al Perú contemporáneo.
Al adentrarnos en la evolución de lo criollo y del criollismo, podríamos ver que este extremo de la peruanidad también ha estado marcado por la hibridez y el collage de elementos que la palabra "cholo" convoca entre sus adherentes (ver aquí, aquí en versión misti y aquí). Es verdad que los intelectuales que advirtieron el proceso de cholificación allá por los años 60 no contrapusieron lo cholo a lo criollo; la cholificación fue entendida en síntesis como el acriollamiento de los migrantes serranos rurales en las ciudades de la costa (1). En este esquema de interpretación hoy hegemónico resulta, sin embargo, significativo que lo criollo jamás fuera desmenuzado analíticamente, que tendiera a mirarse como una categoría autoevidente y compacta (en un reflejo simétrico de la manera en que se entiende lo indio en estos textos y en el Perú en general).
En la foto de arriba (tomada de aquí) aparece Chabuca Granda interpretando probablemente una tonada afroperuana. Chabuca fue una de las principales responsables de la introducción del cajón hoy llamado peruano en la ejecución del vals, cosa tan normal en la actualidad (2). En la larga duración braudeliana todo ello resulta fascinante dado que durante la colonia muy difícilmente a un criollo se le hubiera ocurrido declarar su afición por la música de los descendientes de África, o celebrarla como parte de su identidad en El Mercurio Peruano. El estándar musical de un programa como "Mediodía criollo", que reúne valses, polkas, festejos, marineras sobre todo trujillanas, tonderos y landós, no tiene absolutamente nada que ver con el concepto del criollismo colonial y de la república por lo menos hasta mediados del siglo XIX (3). El criollismo contemporáneo presenta como tradición y costumbre "de antaño" lo que en realidad es bastante moderno, cronológica y conceptualmente.
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(1) Véase Aníbal Quijano, La emergencia del grupo cholo y sus implicaciones en la sociedad peruana (Lima: PUCP, 1967).
(2) Testimonio del señor Felipe Santiago Borgana Portolatín, jaranero de inicios del siglo XX: "Antes no había luz eléctrica como ahora, no se conocía la luz eléctrica, las calles se alumbraban con lamparín de kerosene. [...] En ese tiempo la música era sólo con guitarra, nada de cajón, eso sólo era para la marinera. Se usaba las castañuelas para acompañar la guitarra, cuando no había castañuelas buenas eran dos cucharas que se tocaban por la parte de atrás, llevando el compás de la guitarra, al final se tocaba el andavete". En: Municipalidad de Lima, Barrios Altos: testimonios orales (Lima: La Municipalidad, 1998), 138.
(3) Sobre el criollismo colonial, véase Bernard Lavallé, Las promesas ambiguas: ensayos sobre el criollismo colonial en los Andes (Lima: PUCP. Instituto Riva-Agüero, 1993).






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