12.4.07

Una Pequeña Historia del A.P.R.A. (Unas reflexiones, antes de lanzarse a la Piscina)*

* Por Edgar Villegas Vásquez


I

Recuerdo de mis clases de historiografía universal el comentario sobre un historiador particular. Su nombre era Flavio Josefo y era de orígenes judíos. Su nombre romano mostraba que en aquel tiempo Roma controlaba el mundo conocido y el imaginario de entonces. El buen Flavio Josefo tenía una máxima por la cual, si es que uno quería hacer historia, debía tener cuidado de escribir sobre quien ya estuviera muerto, o que sus descendientes no estuvieran por ahí cerca para buscar al historiador. Me imagino que el pobre Flavio Josefo, en algún momento debía haberse levantado por la madrugada ante fuertes toques en la puerta, abrió esta soñoliento y tuvo en frente un par de fulanos armados con un par de garrotes, que le dejaron el lomo hecho polvo, por decir lo que no debía, y no decir lo que sí debía.

Pero no nos pongamos tan serios, es posible que Flavio Josefo en realidad aprendió esto desde experiencia ajena y no desde pellejo propio… ¿quien sabe?... a final de cuentas, el ya se llevó el secreto. Sin embargo, esta ha sido una de las máximas para el historiador: no herir susceptibilidades. La pregunta tal vez después de este comentario podría ser: ¿por buscar decir la verdad? Creo que los que se han sentado en las carpetas conmigo (yo me sentaba en la última, se acuerdan, allá al fondo) deben saber que la historia es una profesión sacrificada, y que tal vez uno de los pocos privilegios de los historiadores, es buscar la verdad.

Aún a pesar de comentarios suprasensibles tan hermosos como el anterior, tan morales, tan idea - pero al mismo tiempo tan irreales-, siguen existiendo como especie los historiadores que buscan evitar temas polémicos por más que formen parte de nuestra identidad o realidad, entre otras cosas porque, como Flavio Josefo se buscan evitar problemas, o porque muchas veces ven que ciertas partes del pasado son como un Tabú al más puro estilo sociedades primitivas, o finalmente –y este es el peor de los casos-, porque no quieren herir la susceptibilidad de sus financistas.

Por esto y mucho más – como dice la canción-, entre otras cosas los sociólogos nos quitan la chamba, es decir a los historiadores – como nos dice mi amigo Marcayuq-, y peor aún, como dice el Cantante, la razón por la que una gran cantidad de la producción histórica es bullshit.


II

Lo que van a ver desde el jueves 19 en pequeños capítulos, es una historia del A.P.R.A. Se preguntarán porque sale esta. Todo empieza en un encargo de un amigo de Ciencia Política sobre el período de la Convivencia y la Superconvivencia del APRA, ambas en tiempos de Prado y de Belaunde entre finales de los cincuenta y de los sesenta. Después de terminado el trabajo me sentí un poco mal, no por el hecho que fuera aprista - les juro que no lo soy, ni lo sería-, sino que resultaba que había escrito sobre temas explorados sólo por un lado o por una secuencia pequeña del tiempo, que únicamente se vuelven estereotipos para un problema tan complejo como investigar la historia de un partido como este, y al mismo tiempo a través de ello diagramar un poco la dinámica de las fuerza políticas en el Perú.

Desgraciadamente en el espacio en el que nos movemos, la historiografía o el análisis sobre el APRA se encuentra polarizada en tres vértices, como en un triángulo. Dos de ellos guardan correspondencia: Desde la izquierda y la derecha - que le dan con palo en la mayoría de los casos -, y desde la misma APRA -que en este último caso no se da con palo, sino con pluma-. Ninguno de ellos se vuelven completamente imparciales.


III

El cautiverio del historiador Fernand Braudel, entre los meses de Junio de 1940 y Mayo de 1945 en plena Segunda Guerra Mundial, le sirvió a este para entender hasta que punto podía la historia tener las ambiciones de entender los procesos y fracturas de la humanidad desde las secuencias del tiempo. Como prisionero de guerra se le ocurrió una respuesta que fue simple y a la vez compleja: crear un observatorio del tiempo; la historia vista como una secuencia de larga, mediana y corta duración, y donde esta a través del diálogo con otras ciencias sociales pudiera encontrar una respuesta a la interacción de aspectos como la economía con las costumbres, la cultura, las instituciones o las religiones de los hombres.

Toda esta mecánica al mismo tiempo tenía un fin terapéutico en Braudel, este consistía en momentáneamente escapar a la locura que la guerra representa en la mente de los hombres, todo ello a partir de una propuesta lúdica: entender que los hechos no se vuelven meras fracturas historiables desligadas de su contexto, sino que se explican en realidad desde su devenir, relacionados con otros hechos. Braudel, termina tomando la posta de Lucien Febvre; con él, el historiador se vuelve un testigo de la secuencia del tiempo a través de una perspectiva panóptica.

La respuesta que Braudel da sin embargo a la historia no nos provee a nosotros, latinoamericanos, de un mismo tiempo que el de nuestros hermanos allá en ultramar; nuestros procesos no pueden medirse por varios siglos como los de Europa, salvo tal vez la parte de nuestra historia que excluye a los europeos, es decir el período prehispánico. Salvo esa excepción el proceso de la colonia puede asemejarse a uno de mediana duración, y su etapa posterior, la república, podría asemejarse a uno de corta. ¿Se imaginan entonces, después de esto analizar cuestiones como por ejemplo las dinámicas que dan origen a la democracia en America Latina o los partidos políticos? Desde nuestra realidad, aquello sólo sería posible si tomamos las herramientas de la investigación histórica en función a procesos de corto plazo, y también si vemos en lo posible de analizar nuestros procesos particulares, respetando que es lo que tienen de idéntico y diferente al mismo tiempo con otras partes del mundo.

Este grupo en su manifiesto puso como cláusula que no hay una sola historia, si es que esta trata de ser verdaderamente imparcial; es entonces que esta será no será mi historia, sino al mismo tiempo la de todos nosotros a través del tema en cuestión. Solo espero que comprendan que por la extensión reducida que requiere el Blog, esta historia será pequeña, pero sin embargo buscará ser lo más completa para definir el tema.

Ustedes, en el caso que piensen que sobra o falta algo en ella, pueden enriquecer el debate. Por que al fin al cabo, el debate es la gracia que tienen los blogs, y al mismo tiempo la razón por la que nosotros creamos este: Ahora… y en la Historia.


Nota de la imagen:

Fotografía del líder histórico del APRA, Víctor Raúl Haya de la Torre. En ella figuran Carlos Manuel Cox y otros apristas. Tomada en la década de los 30s.

3 comentarios:

Renzo Ibáñez dijo...

Encuentro con gran optimismo el trabajo que se quiere proyectar al escribir una breve historiografía del APRA, sin embargo en honor a la "verdad", la cual se ha mencionado en no pocas ocasiones en el presente artículo, buscar esta y la imparcialidad en la historia es un trabajo de características divinas.

Creo que no solamente se trata de ir definiendo qué se escribe, puesto que ello puede seguir varios criterios de orden coyuntural; sino más bien de cómo se escribe ya que no hay argumento intelectual más poderoso que la subjetividad humana.

Por otro lado tratándose de un partido político tan polémico y de un pueblo como el nuestro, tan rebelde a las cargas históricas, vale decir con falta de compromiso político (pueblo carente de movimientos políticos de larga vida institucional) es inevitable que las subjetividades se polaricen según los intereses que se vean envueltos y expuestos, llámense también, diferencias de clase e ideológicas. Aunque ninguno de estos matices conceptuales tenga voluntades de accionar en el ámbito público, desde sus respectivos balcones siempre se ha manejado la historia política del Perú con poco sentido autocrítico y mucho menos empático, cuestión esta última necesaria para dar el mínimo de legitimidad a la “versión” venga de donde venga y una justa aceptación global si es que vale el término.

Necesitamos de esas aceptaciones globales, necesitamos de bibliografía contemporánea, desde los historiadores para “todos”, y así contar con más materiales que puedan dilucidar el panorama histórico – político más cercanos a la realidad, repito a lo Toledo, cercanos a la realidad.

Éxitos en esta aventura epopéyica.

Edgar Villegas dijo...
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Edgar Villegas dijo...

Hola Renzo, no se que le pasa a esta maquina del cuerno, pero hace ya tres
veces que me borra los correos que te escribo... en fin, aca va...

Como te había dicho a la hora que conversábamos, había escrito un artículo
que trataba de diagramar la Convivencia y la Superconvivencia del APRA. No lo
publique pues me pareció algo demasiado sesgado para algo tan complejo como
analizar la historia del APRA, y al mismo tiempo diagramar el mapa de las
fuerzas políticas en el Perú. Después de ello, me pareció que debía de
sumergirme más en el tema, y por ende analizar ciertos hitos temporales que me
pudieran servir de punto inicial: La Republica Aristocrática, el Panorama del
país después de la guerra y las montoneras de 1895, la Guerra con Chile, etc.
Para no caer en la falacia de llegar a la Herencia Colonial como lo hacen muchos
estructuralistas, se me dio la idea de arrancar en 1871, es decir el año en el
que empiezan los gobiernos civiles en el país, y tomar ello como punto para el
derrotero.

Concuerdo contigo amigo en que el hecho de buscar la verdad en forma
"divina" es un sueño de corte irrealizable. En el fondo esta debe ser buscada -
al menos de manera conceptual- para buscar inhibir un poco la carga prejuicial
con la que contamos todos los seres humanos, pero sin embargo sabemos, que la
gran paradoja de la verdad que nunca podremos llegar a ella en todos sus sentidos.

SÍ, las características de la ausencia de participación popular en la
política, y el juego de los balconazos en ella, son tópicos recurrentes dentro
de nuestra historia política, pero también te digo que en esta ultima el sesgo
personal muy marcado ha inhibido mucho de lo que podría ser un verdadero
análisis. Este problema tal vez es que la historia de nuestros partidos se mueve
en dos extremos: la manera de ver la historia política, imaginemos por Basadre
como una fuerte ausencia de sesgo (fotográfica por coyuntura y finalizada en los
treinta, pero no por ello menos interesante); y la versión de la historia
política que parte desde historiadores o no historiadores de corte de izquierda
o de derecha (con sesgos muy pronunciados, o ausencias fuertes de
acontecimientos dentro de los textos).

Creo que tal vez a todos estos problemas un justo medio es la solución.


Tal vez la tarea inicial del pequeño proyecto es crear una autocrítica de
nuestro propio sistema político, pero al mismo tiempo ver también cuales son sus
posibilidades desde los logros que tuvo, y al mismo tiempo, ver a lo que nos
enfrentamos definitivamente en el futuro.

Publicare este comentario en el Blog mas tarde. Al mismo tiempo te invito a
ver la primera parte que saldrá en estos días.


Un saludo también, cordialmente