11.4.07

El laberinto de la muñeca rusa: como una película sirve para retratar una realidad histórica

Por: Héctor Huerto Vizcarra


Si algo queda claro con "El laberinto del fauno" es que no resulta fácil combinar la fantasía con el testimonio histórico dentro de una película. Esto se entiende en la medida en que las críticas que recibió este largometraje, están más enfocadas en la forma como esta realidad histórica es descrita, y la manera como se relaciona con la trama fantástica. De esta forma es que algunos críticos comentan la escasa conexión entre la fantasía y la realidad, o el uso de la fantasía como una forma de escape de Ofelia (la niña) del contexto del conflicto armado.

Sin embargo, a mi parecer, la trama argumentativa se explica de otra manera. La fantasía está mucho más relacionada con la "realidad" de Ofelia que lo que aparenta. De alguna forma es una historia dentro de otra historia, que explica su existencia en la medida en que en ella se pueden encontrar claves para entender mejor la historia principal. El problema es que esta historia principal no es fácil de entender, ni siquiera para los españoles. Así como no es fácil explicar cualquier guerra civil de un país, como sucede en nuestro caso a partir de los 80's.

Esta argucia narrativa la explica mejor Vargas Llosa cuando se refiere a la "caja china" o a la "muñeca rusa", en donde señala que en una narración una historia principal genera otra u otras historias derivadas, lo cual tiene un efecto creativo cuando se introduce en la ficción una consecuencia significativa en el contenido de la historia principal. Así aparece como necesaria la historia derivada, no como mera yuxtaposición, sino como una simbiosis o alianza de elementos que tienen efectos trastornadores y recíprocos sobre todos ellos. Tomando esto en cuenta, se puede entender mucho mejor la simbología que se presenta en la historia derivada del fauno en la película, y la conexión que tiene con la historia principal. Esta conexión no se limita al momento en que Ofelia escapa de su cuarto al hacer con la tiza una salida, para llevarse a su hermano al laberinto.

Por ello, resulta importante explicar las tres pruebas que realiza Ofelia, así como el desenlace. Aunque de por si resulta imprescindible tomar en cuenta el concepto de laberinto, que muestra una situación confusa, difícil de solucionar como el contexto político de los años de la II Guerra Mundial en España. Hay que resaltarlo: la trama se centra en la historia de España y no en una niña y su mundo fantástico.

La primera prueba consiste en buscar un gran y antiguo árbol y matar un enorme sapo que habita en sus raíces, que come y engorda mientras el árbol se muere, para encontrar una llave. Un gran árbol que puede simbolizar fácilmente a la vieja España, desgastada por la guerra civil, enfrascada en una dictadura sangrienta, que como un sapo, devora sus entrañas. La llave puede representar la propuesta de una salida, y la elección que hace Ofelia (para encontrar el cuchillo en el cuarto del monstruo sin ojos), la alternativa de un camino que puede encontrarse en un futuro. No es gratuita la idea de que sea una niña quien escoja la cerradura correcta.

También resulta significativa la imagen del monstruo come niños (el futuro) sentado en una mesa llena de potajes sabrosos y opulentos. Una mesa en donde está prohibido comer a pesar de la abundancia, de no hacer caso, uno se juega la vida. Así la riqueza queda restringida a unos pocos, o a uno solo, que es incapaz de mirar, salvo cuando tiene que matar, o mejor dicho, reprimir. Así llegamos a la última prueba, donde a Ofelia el fauno le presenta la terrible encrucijada de su porvenir: sacrificar a su hermano. Finalmente, ella decide no sacrificarlo, sino a ella misma; como en la España de los anarquistas, comunistas y demócratas de la guerra civil, que deciden sacrificarse por salvar su futuro.

Una de las frases finales de la película, cuando Ofelia es recibida en el reino fantástico, es decisiva para entender esto: habéis elegido bien. Con esto no se pretende afirmar la objetividad de la trama, sino más bien su propuesta testimonial, en donde como todo testimonio toma parte de los hechos. Por eso, es una mirada aguda y crítica, pero sobre todo, atípica. La escena final del palacio explica la forma como España encontró, a través de su propia monarquía, las puertas para el regreso de su sistema democrático. Paradojas del sistema. Lamentablemente aún se está muy lejos, o quizá muy cerca, para lograr que olvidemos el nombre de Franco.

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