28.10.07

¡Ay Caral! Feliz 13 aniversario

Por: Paul E. Maquet



Feliz aniversario: el proyecto Caral-Supe cumple 13 años cambiando la historia del Perú

Acabo de llegar a Lima emocionado luego de conocer la ciudad de Caral, que según las investigaciones en curso es la más antigua de América. Antes que nada quiero enviar desde aquí un enorme abrazo y unas felicitaciones a todo el equipo de arqueólogos y técnicos del Proyecto Especial Arqueológico Caral-Supe, que el día de hoy (27 de octubre) cumple 13 años de trabajos. Los festejos tuvieron lugar este viernes y sábado, e incluyeron un pago a la tierra, danzas, actividades culturales, comida y (lo más importante para los misios como yo) ingreso y guiado gratis. Aprovecho para mandar un saludo especial a Miguel, poblador caralino y trabajador del proyecto, quien nos guió el día de hoy.

Mi emoción por haber conocido esta Ciudad de 5 mil años de antigüedad proviene, claro, del hecho de que la arqueología siempre ha sido una de mis (no tan secretas) pasiones. En la época de la elección vocacional, luego de algunas dudas, opté por dedicarme a testimoniar el presente... pero siempre me quedó el bichito por el “periodismo de la historia”, la arqueología, que es la que nos permite conocer la vida cotidiana y las cuitas de quienes pisaron esta tierra mucho antes que nosotros.


Pero más allá de esta pasión muy personal, mi vivo interés por conocer Caral y todo lo que allí se está investigando proviene del hecho de que la historia del Perú que yo estudié en el colegio y, luego, en la universidad, ha sido puesta de cabeza. Cuando yo era feliz e indocumentado, como diría Gabo García Márquez, la historia del Perú antiguo empezaba nebulosamente con un período formativo cuyas expresiones más complejas eran Sechín o Kotosh. Luego, seguía el “primer horizonte”: Chavín. Es decir, la historia de la civilización andina empezaba en la sierra y alrededor de 3400 años atrás.

Ahora, 13 años de excavaciones en Caral nos vienen a revelar que esta sociedad compleja que coordinó a 20 centros urbanos y realizó intercambios con la costa, la sierra, la selva y con poblaciones de la zona ecuatorial tiene nada menos que 5 mil años de antigüedad. La primera reacción cuando a uno le dicen que la cuna de la cultura andina había sido contemporánea a las sociedades egipcia o mesopotama responde a un natural infantilismo chauvinista: un irrefrenable orgullo con mayor sustento histórico que la declaración de Machu Picchu como “maravilla” moderna. Aún falta mucho por investigar y los arqueólogos de Caral son muy cautos en no aventurar hipótesis que no tengan cómo sostener. Falta, además, un fino trabajo para reelaborar la línea de desarrollo de la civilización andina y explicarnos cómo encaja Caral en la historia que nos habían contado. Pero a los hinchas que miramos desde la tribuna el trabajo de los investigadores no nos queda más que aplaudir con emoción y gritar apasionadamente este golazo arqueológico.

Pasada la emoción infantil, lo que me han contado hoy mientras caminaba entre las arenas del valle de Supe me provoca algunas reflexiones sueltas. Una de ellas es sobre qué significado tiene este descubrimiento en nuestra manera de ver al Perú. Nuestro país, lo sabemos, está partido en dos: por un lado está “lo andino”, “lo provinciano”, “lo serrano”; por otro, en situación de tensión y conflicto, está “lo europeo”, “lo limeño”, “lo costeño”. Como en la época colonial, “la república de indios” versus “la república de españoles”: más allá de lo compleja y dinámica que es nuestra realidad cultural (sobretodo en nuestros tiempos), esta oposición dual sigue muy presente. Las últimas elecciones así lo demuestran. Por eso, me pregunto, ¿qué efectos puede tener en nuestra autopercepción como país el saber que la civilización andina tiene su origen a 4 horas de la ciudad de Lima? Por más tonto o elemental que suene, la costa -que ha sido “reconquistada” por los pobladores de la sierra durante las últimas 4 décadas, como lo demuestra la historia de Lima, de Chimbote, de Ica y de casi todas las ciudades del litoral- es tan andina como la papa huayro. Ya las investigaciones de Cerrón Palomino nos habían mostrado que la lengua quechua había nacido en la costa central. Pero hoy tenemos una evidencia concreta, tangible -pétrea- del origen costeño del mundo andino, que tal vez ayude a des-esencializar algunos relatos nacionalistas.



Por otro lado, pensaba en cuánto tenemos aún que aprender de la forma en que nuestros abuelos (en el sentido más amplio) se organizaron. Con Caral confirmamos que la civilización andina tenía 5 mil años (o más) aprendiendo a dominar nuestra difícil geografía. Esta ciudad fue ocupada durante mil años, así que podemos imaginar la cantidad de fenónenos del Niño, sismos y friajes que habrá tenido que soportar. Los caralinos supieron muy bien cómo responder a los desafíos que les puso nuestra pachamama, gracias a técnicas como la construcción sismo-resistente. Pero, además de la “tecnología”, hay una clave en el desarrollo del mundo andino: la cooperación. Como John Murra ya señaló, la posibilidad de acceder al máximo de recursos de diversos pisos ecológicos es fundamental en una geografía como la nuestra, que nos ofrece diversidad pero no extensión de terrenos cultivables. Los caralinos producían algodón, pallares, calabazas y frutas; pero gracias al intercambio obtenían pescado, ají, mullu, material combustible y otros bienes desde el litoral, la sierra, la selva y el norte. Un detalle muy importante: aún no se han encontrado (al menos no en una cantidad relevante) armas. Es muy probable que la violencia haya jugado un rol en esta sociedad. Pero la evidencia indicaría que no fue un rol determinante. Como es recurrente en otras culturas andinas, la guerra era un instrumento, pero las alianzas políticas y la cooperación recíproca eran un mecanismo mucho más exitoso para el desarrollo de las sociedades complejas.

¡Ah! Lo que sí se ha encontrado es vastos juegos de instrumentos musicales de viento: flautas, antaras y silbatos en hueso de pelícano y de venado. Una ciudad alegre, musical y festiva, ¡claro que sí!

Por último, he quedado muy impresionado porque, al menos desde fuera, Caral parece funcionar como debería ocurrir con todos los proyectos arqueológicos. El Estado (gracias a Paniagua) se puso las pilas y le asignó un presupuesto propio que les ha permitido ampliar sus perspectivas. Además, se ve rigor y cariño por el proyecto y, quizá más importante aún, un vínculo con la localidad. Aparentemente la apuesta es que los pobladores del valle de Supe sean los primeros en reconocer el valor de la ciudad, y que por lo tanto la defiendan y la cuiden. Hay un énfasis especial en involucrar y capacitar a la población local, la mayoría de técnicos y guías son de la zona y el proyecto busca insertarse en el plan de desarrollo del valle como un elemento estratégico.



¡Bravo por los responsables del proyecto y por cada uno de los trabajadores que lo sacan adelante! ¡Feliz 13 aniversario!

Aquí termino. Solo recomiendo que se animen a conocer la cuna de la civilización andina. Es muy fácil llegar: en Abancay o en Fiori salen unos carros que cobran en promedio 10 soles hasta Supe y demoran 3 horas. En Supe se toman unos colectivos que por s/. 3.50 y en una hora de viaje dejan en el camino a Caral. De allí son solo 15 minutos a pie. Se recomienda llegar por la mañana, porque hay mucho por conocer y los carros de regreso solo salen hasta las 4 de la tarde. ¡Ah! Normalmente se cobra ingreso y guiado, pero ¡vale la pena! Para mayores informes, nada mejor que visitar la propia página web del proyecto: http://www.caralperu.gob.pe/

Leyenda de fotos:
1. Vista panorámica desde la entrada de Caral

2. Fogón ritual, circular, con canaleta para la entrada del aire y alimentado con "pumpush", una planta combustible traída de la sierra.

3. El "anfiteatro" circular, donde se realizaban reuniones, ceremonias y, también, tocadas con instrumentos de viento.

4. La Pirámide mayor, con sus cuatro grandes y enigmáticos monolitos.

25.10.07

La cuarta espada. La historia de Abimael Guzmán y Sendero Luminoso

Por: Nayib

Siguiendo la saga de las espadas, les presento una opinión sobre el libro La cuarta espada. La historia de Abimael Guzmán y Sendero Luminoso, del periodista Santiago Roncagliolo.

Admiro la audacia de este escritor al hacer de un periodo trágico en la vida de la sociedad peruana un relato que hoy encabeza la lista de libros más vendidos en el país, sin soslayar el buen marketing de la casa editora. Aún cuando existen muchos errores referidos a fechas, lugares y circunstancias, de seguro sólo serán detectados por lectores actores en la guerra interna y, estudiosos y preocupados sobre el tema. Para el lector común toda la información podrá ser digerida como verdad, porque al arte de una prosa fluida y sencilla se añade la credibilidad que se imprime al relato: citando a, no pocos, actores directos; dando de cuenta de entrevistas, que más de un investigador ha querido tener; pisando escenarios, que solo conocemos de oídas; enrostrándonos bibliografía especializada; y por último atreviéndose a sustituir espacios temporales vacíos, sin datos; por hechos que resultan bastante creíbles.

El tratar historiar la vida de Abimael o la de algunos senderistas resulta interesante en la medida, como el mismo autor manifiesta, no han sido estudiadas prolíficamente, salvo algunas referencias tangenciales dentro de la historia o análisis del fenómeno Sendero Luminoso. Sin embargo, nuestro novelista al centrarse sólo en la cúpula partidaria, soslaya la vida cotidiana de los integrantes de las bases de apoyo, de la masa, como el caso del Comité Popular de Sello de Oro en la selva ayacuchana. Para ahondar más sobre este tema te invito a visitar: Familia, cultura y “revolución”. Vida cotidiana en Sendero Luminoso, de Ponciano del Pino. Los Senderos Insólitos del Perú. Steve J. Stern (Editor) IEP – UNSCH. Perú, 1999.

Es un buen libro, entretenido, neutro para no decir inocuo, pero que quizá satisface la curiosidad del lector actor o invite a la nostalgia de algún simpatizante o activista del Partido Comunista del Perú.

Otros blogs sobre el tema:

El Morsa: La cuarta espada de roncagliolo

Zona de noticias: más sobre la cuarta espada

Entrevista a Elena Iparraguirre

El Blog de Roncagliolo y una versión de entrevista

Desde el tercer piso: El sendero de Roncagliolo

Entrevista completa a Roncagliolo sobre el libro

Puente Aéreo: Senderología Pop: la cuarta espada (laser)


22.10.07

Lo mejor de la semana: Resumen para ociosos del 15 al 21 de octubre


Como la vez pasada, nuevamente les traigo lo más calentito de los blogs sobre temas de historia. Así que acomódonse en sus sillas, traigan algo de beber, y viajen seguros por el ciberespacio siguiendo esta humilde guía:

En Amautacuna de historia hay un breve post que nos cuenta los inicios de la celebración de la música criolla, que fue decretada por Manuel Prado Ugarteche para el 31 de octubre de 1944. Va acompañado de un video musical que contiene imágenes de la antigua Lima. Imperdible!

En Antropology.net podemos encontrar una noticia en donde se afirma que se ha encontrado en el ADN de los Neandertales las mismas variaciones que tienen los humanos, que nos permiten hablar y nos diferencian de los primates. En ese sentido, se puede señalar que tenían una habilidad mayor para comunicarse.

En Archivolo encontramos la gran noticia sobre la digitalización de los documentos del archivo histórico del Municipio de Santa Úrsula (Canarias-España), el cual podrá ser consultado desde internet en poco tiempo. Hasta el momento, han sido digitalizados 81 830 documentos. En la segunda y final fase de digitalización se está trabajando con documentos que datan entre 1842 y 1926. Otros Archivos del mundo, y del Perú, deberían seguir su ejemplo. También, en ese blog se publica el artículo de Herbert Mujica sobre la mala administración del Estado del Archivo de la Cancillería, y de cómo fue posible que nos robaran documentos relacionados a nuestros límites nacionales después de 1998. Este tema es alarmante. Por último, se da cuenta de la noticia de que un estante de los archivos del Municipio de Juliaca (Puno) se derrumbó. Esto a vista y paciencia de las autoridades que no hicieron nada por prevenir algo que ya se preveía.

En Arquitectura Prehispánica se informa de que a partir del 25 de octubre hasta el 27 de enero, en el marco de la exposición denominada Hilos del pasado, se expondrán tejidos restaurados de la cultura Paracas en el Museo de Arqueología, Antropología e Historia del Perú (Plaza Bolívar s/n, Pueblo Libre). También se incluyen piezas de cerámica, hueso y madera.

El Reportero de la Historia informa de la elección de los dos nuevos miembros de la Academia Nacional de la Historia del Perú: Manuel Burga y Carlos Ramos. Me pregunto cuando esta Academia le rendirá un homenaje póstumo a Alberto Flores Galindo. También tiene un comentario sobre los libros que fueron "secuestrados" de las bibliotecas peruanas durante la Guerra con Chile. Recomiendo leer esta noticia sin ánimos revanchistas.

En Enseñ-arte se comenta la arquitectura y simbolismo del Partenón, obra arquitectónica griega del siglo V antes de Cristo. Realmente interesante.

En Hablemos de historia se informa de una noticia que es preocupante, de un nuevo tipo de piratería en la actualidad que se basa en el descubrimiento y saqueo de los tesoros de los barcos hundidos en el mar. Al parecer, hace poco, el barco gringo Oddisey, con financiación inglesa, hace varios meses atrás estuvo trabajando en el mar español en busca del buque inglés HMS Sussex, sin embargo, todo parece indicar que en realidad han estado saqueando los restos de un galeón español del siglo XVIII. A estas alturas, ya han transportado ese tesoro lejos de territorio español. Ahora, dejando tema para el debate, estos tesoros de buques españoles, la mayoría sino todos, hechos en base a minerales encontrados en América Latina, no corresponderían pertenecer a sus países de origen más que a España. Además, y vale la pena recalcar esta noticia, se transcribe un artículo en donde se da cuenta del intento del gobierno español de recuperar la memoria histórica de su país con respecto a lo sucedido durante la guerra civil española, en donde las masacres y asesinatos son casi una leyenda.

En La Guía de historia hay una entrada sobre la independencia de Ecuador, en donde se coloca un mapa de ese país que cercena territorios peruanos. Si revisan mis comentarios de la guerra con CHile, el tema de los conflictos limítrofes no pasa por acentuar nuestras rivalidades como países sino de construir un nuevo tipo de historia, honesta y allegada más a los intereses populares. En el comentario de la independencia del Ecuador, lo único terriblemente mal es ese mapa, de un Ecuador que nunca tuvo esos territorios desde que se convirtió en un Estado soberano. Si el Perú, o un historiador peruano quisiera afirmar que todos los territorios que alguna vez pertenecieron al virreinato del Perú, deberían pertenecernos, entonces podría afirmar que casi toda Sudámerica nos pertenece. Evidentemente, si ese historiador existiese, sería considerado como un lunático, o al menos, un falsario. Así que desde esta tribuna, solicito la aclaración pertinente a ese blog amigo, y a que los demás lectores se solidaricen con este tema que debería ser zanjado de una vez por todas.

Laicacota reproduce una noticia alarmante de La República del 16 de este mes, en donde se da cuenta del foro "Vigencia de la bandera del CUsco" que se realizó en esa histórica ciudad. En ella, los intelectuales presentes concordaron en solicitar que se cambie la bandera actual para que no sea confundida con el símbolo gay. Dichos intelectuales son: el antropólogo Jorge Flores Ochoa, el literato Enrique Rozas Paravicino, los historiadores Víctor Ángeles Vargas, Germán Zecenarro y José Tamayo Herrera, ex director de la Biblioteca Nacional. También, el escritor Ángel Avendaño Farfán y como invitado el historiador y ex director del Instituto Nacional de Cultura (INC), Luis Enrique Tord. El municipio se ha mostrado a favor de ello, sin embargo, han señalado que la decisión de cambiar la bandera no es definitiva y que será puesta a consideración de la población cusqueña. Desde mi punto de vista, me parece bien que cada pueblo recree constantemente su historia, para que se encuentre vinculado a ella y se sienta identificado, pero esto implica también cierta responsabilidad y honestidad en cuanto a lo que se refiere a la investigación histórica. No se puede recrear la historia sin fundamentos ni hechos históricos que respalden el cambio. Por ello, rechazo esta recomendación de los intelectuales antes mencionados, porque más parece motivada por su homofobia que por razones históricas.

Actualización al 23 de octubre: Hilda, la moderadora del blog La guia de historia, tuvo la gentileza de retirar el mapa en cuestión, con lo que mi queja queda retirada. Desde esta tribuna mis agradecimientos

17.10.07

Los origenes del ejército profesional peruano (II Parte)

Por: Nayib

El Inicio del Ejército Profesional

Terminada la Guerra entre Perú y Chile en el año 1884, no sólo el país vencido entendió la necesidad de mejorar su aparato militar a través de la modernización y profesionalización. El Ejército Chileno durante el siglo XIX había bebido el quehacer de la guerra de la tradición militar francesa[1] y de sus experiencias militares: la Guerra contra la Confederación Perú Boliviana y, sobre todo, la guerra del Estado Chileno contra los aborígenes araucanos, en pos de nuevos territorios hacia el Sur, sindicada como el molde más significativo en el que vertieron los caudales de reservistas para su rápido alistamiento y actuación en la Guerra del Pacífico[2]. Esto, conjugado con cierta estabilidad política le dio al Ejército Chileno un hálito de profesionalismo. Sin embargo, aún cuando victoriosos; un año después del fin de la guerra, 1885, el alto mando y los oficiales, que habían tenido una descollante participación en la Guerra del Pacífico, se reunieron para realizar una autocrítica de toda la campaña y replantear la organización y modernización del ejército, abordando a la conclusión que debían mantener una fuerza organizada y entrenada convenientemente y acorde al tiempo que se vivía, desde el tiempo de paz, capaz de defender al país en caso de agresión; una práctica y efectiva movilización de la reserva, un mando encargado del estudio de los planes que debían desarrollarse en el futuro para los posibles teatros y adversarios; y un adecuado apoyo logístico diametralmente diferente al ofrecido durante la guerra.

En el caso del Perú, las últimas tropas chilenas abandonaron Lima a mediados de agosto de 1884, e inmediatamente se entablo una fratricida Guerra Civil entre los generales Miguel Iglesias y Andrés A. Cáceres, cuya duración fue de un año y medio, hasta la dimisión del general Iglesias el 3 de diciembre de 1885. Ambos eventos dejaron al Perú postrado en la bancarrota fiscal, con el honor nacional mancillado, ruptura social y política, y la necesidad de reestablecer la autoridad del Estado; diluyendo el esfuerzo por encarar la reorganización del ejército. Empero, en 1887 Andrés Avelino Cáceres reorganiza y apertura la Escuela de Clases, y en 1889 hizo lo mismo con el Colegio Militar; que inicio sus labores con 100 alumnos: 30 jóvenes seleccionados de la Escuela de Clases, 30 civiles con instrucción secundaria y 40 pensionistas entre jóvenes procedentes de distinguidos hogares de la capital; con un plan de estudios que comprendía tres años y abarcaba asignaturas modernas. Lo particular de este proyecto fue la proliferación de la producción intelectual de los oficiales breñeros a través de publicaciones referidas a táctica y doctrina militar a partir de la Guerra de Resistencia en el Ande contra el invasor chileno; así tenemos el Reglamento de Ejercicios y Maniobras para la Infantería del Perú, del coronel Juan Norberto Elespuru.



Cómo fueron modernizándose los ejércitos

Estar actualizado, a la moda de los progresos educacionales logrados en Europa, requería una medida práctica: contratar asesores. En aquel tiempo el éxito alemán en la Guerra Franco Prusiana decidieron, en el caso chileno, que el 17 de setiembre de 1885 contrataran al capitán alemán Emilio Körner, que se había desempeñado como profesor de la Escuela de Artillería e ingenieros de Charlottemburgo. Al asumir esta misión, se le otorga el grado de teniente coronel y se dedica, aparte de dictar asignaturas militares, a evaluar el plan de estudios de la escuela militar, al que encuentra obsoleto, recomendando su cambio al alto mando. Su principal colaborador fue el mayor chileno Jorge Boonen Rivera quien aquilató muy bien esta oportunidad de perfeccionamiento militar, que le valió más tarde ascender al grado de general de división y ocupar el cargo de Inspector del Ejército y, luego, el de Ministro de Guerra.

Un año después de este primer paso, se crea la Academia de Guerra, para dar instrucción superior militar y científica a los oficiales del ejército, aún cuando su funcionamiento se postergó hasta después de la cruenta guerra civil del año 1891[3].+

En el proceso peruano, se contrató los servicios, en plena Guerra de Resistencia breñera liderada por el general A. Cáceres, del mayor francés Ernesto de la Combe[4], quien una vez culminada la guerra fue nombrado subdirector de la Escuela de Clases, reabierta en 1887. En 1894 se contrató al mayor alemán Carlos Pauli para emprender la reorganización del Ejército.

Otro aspecto a considerar es que ambos países nombran como directores de sus respectivas escuelas a connotados jefes militares de la Guerra. Por el Perú al coronel Juan Norberto Elespuru y al coronel Nicanor Ruiz de Somocurcio; en Chile al coronel Emilio Sotomayor. También, comparando los planes de estudios de las escuelas militares de ambos estados no existe mayor diferencia: matemáticas, gramática, geografía, historia, higiene, francés, ingles, táctica, dibujo, gimnasia, esgrima y tiro, mecánica elemental, química, fotografía, electricidad aplicada a la guerra, artillería, fortificación, topografía y derecho internacional, cosmografía, química[5]; excepto en el número de años de estudios, 3 años en el Perú; y 4 años en Chile sin incluir la especialización de oficiales de caballeria, artilleria e ingeniería que adicionaban 6 meses, un año y 2 años respectivamente.

Resulta sintomático que luego de las guerras civiles acaecidas en Perú (1895) y Chile (1891) se reimpulso la modernización de sus ejércitos. En el Perú, correspondió a la contratación de la misión militar francesa que estuvo presente, en mayor o menor magnitud, hasta casi el inicio de la Segunda Guerra Mundial. ¿Cuánto pudo pesar la guerra civil de 1895 en esta decisión? Según manifiesta Víctor Villanueva en 100 Años del Ejército Peruano, mucha “Actos de tal naturaleza ensanchan la brecha existente entre civiles y militares (…) La revolución del 95 no sólo lesionó síquicamente al soldado profesional, además lo relego por segunda vez a sus cuarteles y en esta ocasión por una larga temporada. Ante la nueva pérdida del poder político el profesional de la guerra intentó reorientar su profesión, abandonar la política como praxis y convertir al ejército en un organismo burocrático en el que fuera posible hacer carrera a base de tecnificación y las tradicionales virtudes militares”[6]. Esta decisión estuvo motivada, en parte, para refrescar el arte y ciencia de la guerra del Ejército Peruano, ingresar a la modernidad de entonces, y además, domar las aspiraciones políticas de algunos de sus miembros a través, primero, de la educación militar y, segundo, nombrando en su más alta jerarquía a un oficial francés.
En Chile la labor emprendida por el teniente coronel E. Körner, desde 1886, fue reforzada por los 31 oficiales instructores germanos que permanecieron en Chile entre los años 1896 y 98; luego, se extendieron contratos a numerosos jefes y oficiales de ejércitos europeos, que sólo fue interrumpida durante la Primera Guerra Mundial, y que su presencia se mantuvo hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

Así como, el Perú y Chile coincidían en el propósito por profesionalizar a sus ejércitos y modernizarlos según los avances de la época, particularmente los producidos en Europa, otros países sudamericanos también enrumbaron por este camino. Eran demasiadas guerras sentidas, como actores o espectadores, en los casi setenta años de vida republicana y que habían desatado mutilaciones territoriales al Perú, Bolivia, Paraguay y Colombia; y otros tantos diferendos limítrofes inconclusos en Ecuador, Argentina y Chile.

En Colombia, por ejemplo, los primeros intentos para profesionalizar al ejército se debieron a cuatro factores: el fracaso del ejército estatal en la guerra civil denominada Guerra de los Mil Días (1899 – 1902), los problemas de desorden interno, la situación tirante con el Perú por los territorios del Caquetá y, sobre todo, la separación del Departamento de Panamá en 1903 auspiciada por los Estados Unidos. En 1907 el gobierno decretó una reforma militar que fue apoyada por tres misiones militares chilenas hasta 1915, lógicamente bajo el molde del concepto militar alemán. “Hasta 1914, Chile mandó misiones militares a ocho países latinoamericanos y recibió militares de 11 países (…) En el mismo periodo Alemania tenía misiones en cuatro países de la región y recibió soldados de todos los Estados de América Latina”[7]. Desde 1916, los suizos inician el relevo de este esfuerzo hasta 1928.

En la década de 1890, Bolivia contrató, para el adiestramiento del ejército, oficiales del estilo francés y Argentina contó con los servicios de oficiales alemanes para tareas de reorganización y administración del ejército. Después de la Primera Guerra Mundial los franceses iniciaron una larga experiencia de veinte años en el Brasil, y también estuvieron presentes en Paraguay y el Uruguay; además, algunos alemanes prestaron servicios, de manera privada, en Bolivia.

Tomas Fischer resalta que las misiones militares extranjeras tenían un carácter ambivalente. Los intentos iniciales de profesionalización militar tenían, a corto plazo, poco éxito pero mediante la instrucción de jóvenes oficiales se logró un efecto a largo plazo. Además, existieron intereses geopolíticos y económicos de los países exportadores de métodos, misiones y tecnología militar como Alemania, Francia, Estados Unidos, Suiza y en el caso latinoamericano Chile. La dimensión económica de la modernización de los ejércitos situó a los países desarrollados en franca competencia internacional.

Conclusiones

Los ejércitos republicanos sudamericanos nacen con la guerra de independencia pero su organización y funcionamiento, durante los primeros años, aún se fundamentaran en los del antiguo régimen, sin embargo, se irán configurando con el transcurrir de los años y según el grado de desarrollo alcanzado por cada Estado Nación.

Las guerras internas y externas, que libran estos ejércitos, así como, la tarea de ocupar efectivamente el propio territorio heredado y, los avances europeos en el arte y la ciencia militar, hacen necesario contar con una fuerza militar profesional y moderna. Francia y Alemania fueron los principales modelos de la época. El primero, por la genialidad, no pasada de moda, del celebre Napoleón Bonaparte y el segundo por la victoria obtenida en la Guerra Franco Prusiana en el año 1871.

El modo francés se afincó en el Brasil, Perú, Uruguay y Paraguay mientras el alemán en Chile, Argentina, Bolivia, e indirectamente, en el Ecuador y Colombia a través de las misiones militares chilenas.

El ser moderno, una aspiración de casi el total de los países sudamericanos, implicaba profesionalizar al ejército, y los métodos empleados para lograr esta tarea fueron variados: Algunos, más o menos autónomos, utilizando la propia tradición y la experiencia, estudiando sus propias guerras; otros contratando algunos asesores o misiones militares extranjeras y enviando oficiales a estudiar en Europa. Sin embargo, los resultados de estos esfuerzos estuvieron acordes con el mayor o menor desarrollo alcanzado por cada una de las naciones.

[1] Historia del Ejército de Chile. Tomo VII. Reorganización del Ejército y la influencia alemana (1885 – 1914) Santiago. Editado en 1982, corregida en 1985. CPHE. Pág. 324.

[2] Ibíd.

[3] Esta Guerra Civil se produce por el enfrentamiento entre dos poderes del Estado; el Ejecutivo, liderado por el presidente José Manuel Balmaceda, y el Congreso de la República. Los oficiales chilenos optaron por uno y otro bando, enfrentándose en las batallas de Concón y Placilla que cobro la vida de 2, 599 chilenos, terminando con el triunfo del Ejército Congresal el 30 de agosto de 1891. En Historia del Ejército de Chile. Tomo VII. Reorganización del Ejército y la influencia alemana (1885 – 1914) Santiago. Editado en 1982, corregida en 1985. CPHE. Pág. 87 – 164.

[4] Se incorporó al servicio del Perú, desde el año 1883, habiendo concurrido el 10 de julio del mismo año a la Batalla de Huamachuco; siendo ascendido al grado de coronel por esta acción. En Historia de la Escuela Militar. Revista de la Escuela Militar N°235, Chorrillos: 1945.

[5] Historia del Ejército de Chile. Tomo VII. Reorganización del Ejército y la influencia alemana (1885 – 1914) Santiago. Editado en 1982, corregida en 1985. CPHE. Pág. 32 – 34. Carlos Ríos Pagaza. Historia de la Escuela Militar del Perú. Lima, 1962. Pág. 28 - 30.

[6] Villanueva, Víctor. 100 años del Ejército Peruano. Pág. 62.

[7] Fischer, Thomas. Proyectos de Reforma, Instrucción Militar y Comercio de Armas de la Misión Militar Suiza en Colombia. Revista Historia y Sociedad N°5. Universidad Nacional de Colombia, Medellín, diciembre de 1998.