La teta que asusta

Publicado por Héctor Huerto Vizcarra el 5 de marzo del 2009

Sin embargo, en la película nos encontramos con personajes poco profundos, estereotipados, y con licencias creativas que se confunden con algunas recreaciones controversiales de nuestra “realidad”, porque carecen de sentido práctico dentro de la trama. . ...

Batallas por la memoria: a propósito de un museo, la historia y la violencia política

Publicado por Héctor Huerto Vizcarra el 8 de marzo del 2009

Todo se inicia con una donación que quiso ser un museo y un Presidente que negó tal inversión para ese fin. Esto sería el resumen, dejando de lado los nombres propios que podrían entorpecer el debate. Como consecuencia de ello, se generó un amplio intercambio...

La escritura de los idiomas indígenas en el Perú y México (II)

Publicado por El Cantante el 7 de setiembre del 2008

Como decíamos, una de las cosas que llama la atención al comparar la historia colonial del Perú y de México es que, en México, los idiomas indígenas hayan ido retrocediendo en favor del castellano, a pesar de que estos idiomas fueran incorporados a la burocracia colonial de manera frecuente. Todo lo contrario se dio en el Perú colonial...

AFICHE SEMINARIO CEHRA

 

Muy interesante se ve el seminario Memoria, género y etnicidad en los Andes, a realizarse prontamente en la ciudad de Ayacucho entre el 3 y 6 de agosto. El evento es organizado por el Centro de Estudios Históricos Regionales de Ayacucho (CEHRA), una asociación de estudiantes y egresados de Historia de la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga que en los dos últimos años ha impulsado la realización de conferencias y talleres de actualización teórica para los historiadores de Ayacucho.

El seminario reunirá a panelistas de reconocida trayectoria y a jóvenes investigadores. La programación puede descargarse aquí. Hacemos extensiva la invitación a todos los interesados.

Por: Roberto Niada A.


Antes de 1453, año de invención de la imprenta, los libros eran artículos de lujo. Se trataba de textos hechos a mano por un grupo de artistas profesionales: las letras eran dibujadas por destacados caligrafistas e incluían pequeños grabados a colores realizados por los llamados miniaturistas. La elaboración de los libros era lenta. Cada ejemplar de una obra era único y, por lo tanto, tenía un precio individual. Quienes ordenaban su confección solían ser acaudalados aristócratas o comerciantes, los que tenían un interés no solo cultural, sino de colección. La aparición de la imprenta marcaría el inicio de un cambio progresivo de este panorama, ya que permitió producir una mayor cantidad de textos en menor tiempo. Además, los ejemplares de una obra salían de los talleres de imprenta a un bajo precio, el cual era el mismo para cada ejemplar. El resultado de este proceso fue la democratización del libro y, por ende, de la lectura.

En la actualidad, sin embargo, el libro impreso ha iniciado lentamente el camino de regreso a lo que fue hace cientos de años: un objeto de lujo y colección. ¿A qué se debe esto? En primer lugar, la existencia en el ciberespacio de versiones digitales gratuitas de libros ha hecho que los lectores prefieran descargar aquellas que adquirir textos en las librerías. En segundo lugar, la profundización del cambio climático llevará a los gobiernos a preservar los bosques en lugar de talarlos para elaborar, entre otras cosas, papel. Así, con el tiempo, el precio de este –y de los textos– se irá incrementando y las editoriales abandonarán progresivamente su costumbre de imprimir en papel los libros. A las razones anteriores, relacionadas con el ahorro personal y la protección del medio ambiente, se agrega otra, que es el cuidado de la salud. Así, cuando la calidad del papel de los libros no es de las mejores, estos suelen ponerse amarillentos y tomar un mal olor, lo que puede desencadenar procesos alérgicos en algunas personas. Esto se evita con la lectura de las versiones digitales en las computadoras o en otros dispositivos electrónicos.

Por las razones expuestas, en un futuro quizás no tan lejano serán pocas las personas que puedan preciarse de tener una biblioteca impresa. Serán personajes acaudalados que gusten evidentemente de la lectura, pero también de sentir el olor del papel mojado en tinta.

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